martes, 15 de junio de 2010

El riesgo justifica el beneficio. ¿Qué riesgo?

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Dejemos el socialismo a un lado, y, puesto que seguimos dentro del capitalismo, sigamos razonando según su propio lenguaje y sus propias tretas salidas, unas de la biblia católica o protestante, y otras de las filosofías anglosajonas, judía y weberiana que a su vez se inspiran en las biblias.

Bien está. Como bien estamos en el siglo XXI para revisar todas esas patrañas que, lejos de debilitarse arrecian con el capitalismo financiero...

Y no hablemos ya de la gente muy lista, esa que justifica su eventual riqueza por su ingenio o sus estudios especialísimos, o por su arte o por su capacidad de ahorro, o porque ha sabido aprovechar una coyuntura, especular o dar lo que vulgarmente se llama un pelotazo; tampoco hablemos de quien ha heredado una fortuna de padres laboriosos o desaprensivos o ladrones.

No. No hablemos de esta clase ni de los que pertenecieron al capitalismo industrial. Hablemos de los que simplemente se sientan hoy día en la mesa de un consejo de administración de una de las 35 empresas del Ibex. La retribución media por consejero en el 2009 fue de 602.000 euros, un 15% más que el año anterior. Y los altos directivos fueron incluso mejor remunerados. Los 502 miembros de la alta dirección de las 35 empresas ganaron una media de 699.000 euros, un 3,5% más que en 2008. Bien.

De acuerdo con un principio antiguo del capitalismo que dice: “el riesgo justifica el beneficio” (y no hablemos tampoco de la usura), ¿quién de esos miles de miembros, altos directivos y consejeros de las empresas del Ibex tendría la desvergüenza de comparecer en el parlamento o en un plató de televisión para explicarnos dónde situaría él (o todos ellos) moral, ética, psicológica y socialmente (en el siglo XXI, no en un siglo de esclavitud o de servidumbre), el punto o línea divisoria entre el derecho social de un ser humano a ganar 70.000 euros al mes, y otro ser humano que gana 1.000 o menos?

El economista Frank H. Knight publicó en 1921 su libro titulado “Riesgo, Incertidumbre y Beneficio”. En él expone su teoría sobre el empresario. Destaca la distinción entre "riesgo" (aleatoriedad con probabilidades conocidas) e "incertidumbre" (aleatoriedad con probabilidades desconocidas) subrayando el papel fundamental del empresario en la economía, asumiendo el riesgo de la actividad

Y, dentro de la más remota tradición teórica del capitalismo, existe un axioma “incontestable” para justificar la apropiación exclusiva de la plusvalía (el beneficio) por parte del empresario (inversor): el riesgo que asume con su iniciativa socialmente “productiva” . Así, el riesgo se convierte en el justificador primero y último -absoluto, en definitiva- del sistema.

La historia demuestra, sin embargo, que, mientras los beneficios son reales e indiscutibles, los riesgos son tan relativos como cuestionables. En los negocios la suerte y su opuesto -la desgracia- juegan un papel mucho menor del que suele atribuírseles. Cuando se toman las decisiones adecuadas, se calculan los riesgos objetivamente y se actúa con prudencia y sagacidad el riesgo es casi irreal.

Pero prescindiendo de la obsesión de los teóricos, sean economistas o sociólogos o políticos o teólogos por justificar las abrumadoras y abruptas diferencias sociales, ¿dónde está esa razón primera y última para sostener una filosofía de la diferencia que se agranda cada día más?. Dice Montaigne que prefiere las locuras a las sapiencias, en alusión a la pericia falsa y sobredimensionada de los que piensan quizá de buena fe, pero siempre desde perspectivas semiteológicas, pues sus pilares intelectivos no pueden sino extraerlos de una cultura teocrática, sea protesta o sea católica. Yo me río de esas sapiencias también, pero echo espumarajos por la boca después al presenciar el desparpajo de unos atracadores que, con el respaldo de leyes que no se lo impiden, viven 700 veces mejor que la inmensa mayoría. ¿De verdad creen que hay esa diferencia entre un ser humano metido en un despacho y otro en el tajo, cuando no la hay siquiera entre un mortal y un genio o un dios?

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.