miércoles, 9 de junio de 2010

España: Con la roja no

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Mirad otra consecuencia de las cosas maltrechas que hicieron estos muchachos autores de la Constitución y entronizadores de la monarquía; esos fabricantes de este modelo que pergeñaron para nosotros, pero sobre todo para ellos y sus intereses inagotables, el lugar donde tenemos que vivir por fuerza con ellos...

Hay por ahí una polémica en torno a este tema pero por motivos diferentes. Los que no están con "La Roja" es porque están contra Zapatero. Pero en mi caso el motivo es bien distinto. Estoy contra todos: derecha y falsa izquierda. Estoy contra la bandera y la causa monárquica y constitucionalista. Esa es la razón de estar también contra todo lo que represente a una España en la que no me siento en absoluto representado sino más bien perseguido. Como lo están los independentistas...

No quiero saber nada de los éxitos de los deportistas españoles: me joden. En los deportes de masas, sea fútbol o tenis, ciclismo o Fórmula1 -los llamados deportes “nacionales”- mi más ferviente deseo es que fracasen. Bastante tienen con su vida regalada, su vida opulenta, su vida multimillonaria...
Mientras no esté aquí la República o -ya que tenemos que soportar este mismo asqueroso sistema- una verdadera izquierda en el poder; una izquierda capaz de doblegar a los que están detrás de la mafiosa oposición, de la banca, de la Bolsa, del empresariado, de la jerarquía eclesiástica, de los medios y de los sindicatos que hacen el juego a esta basura; mientras no estén “los míos”, siempre desearé que la o el deportista de masas que habla castellano, que tiene pasaporte hispano, que gana dinero a espuertas (y a veces lo llevan a otra parte), se estrelle contra el fracaso. Y si, además, como ni a mí ni a mi familia nos dan un euro (tampoco lo cogeríamos), ¿qué razones tenemos para desear que ganen ellos y no los otros cuando, para colmo, el mínimo espíritu deportista exige que gane el mejor? Lo que representan es a lo que contestamos...
¿Por qué no habré de desear que pierda un Nadal, un Alonso, o el equipo de fútbol en el Mundial de Sudáfrica? No sólo no lo deseo, es que me posiciono anímicamente siempre a favor de los contrarios. Pero ¿qué nos han dado a los que pensamos y sentimos así para desear que triunfe la bandera que detestamos? ¿Acaso ondea la republicana? ¿Qué no soy patriota? Está claro que no solamente no lo soy, sino que voy contra todos los que bravuconean de patriotismo. Los patriotas son los que lo tienen todo, los que ordenan y mandan, los que nos dicen lo que tenemos qué hacer y qué pensar, los que lo copan todo. Los patriotas son esos canallas que se refugian en el patriotismo para exigir su derecho a todo y además lo ejercen. Vaya que si lo ejercen...
El deporte es para esa chusma el punto de encuentro. Pues no. Los comentaristas de los deportes de masas, con su obscena falta de objetividad, ya dan buena cuenta de que forman parte de los grupos patrioteros mediáticos. Dudo mucho que no reciban bajo cuerda sustanciosas gratificaciones para exaltarse desmedidamente a favor de los millonarios que juegan, que corren en bicicleta que van como locos al volante. Que vociferen ellos, que se desgañiten ellos. Yo estaré frente al televisor como un palo como si fuera un camerunés, un alemán, un argentino, un esloveno o un mexicano. No hay problema. Sólo es cuestión de sentimientos en este caso, y no de deportividad. Pero de sentimientos encontrados con los de los patrioteros “nacionales”.
Sepan todos esos desquiciados que somos muchos millones –seguro, desde luego todos los antisistema- los que, cuando empiece el Mundial el día 11, estaremos cruzando los dedos para que el equipo español, por lo que representa y no representa, sea eliminado a las primeras de cambio.

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