martes, 1 de junio de 2010

España: ¿Qué debe agradecer la izquierda a este gobierno?

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

¿Si acaso el matrimonio entre homosexuales (cuando la preferencia por el matrimonio entre heterosexuales está cayendo en picado)? ¿Si acaso los amparados por la ley de dependencia, las leyes de Educación para la Ciudadanía y de la Memoria Historia, virtualmente inaplicables por culpa de las fuerzas falangistas en el poder judicial y la de los neoliberales en todas partes? Pues pare usted de contar. Y si es, como vemos, porque el franquismo irreductible les impide una gobernación normal, dejen el poder y hagan saber a la ciudadanía que ustedes esperan mejores tiempos de una sociedad española más madura y haya desaparecido para entonces la chusma franquista emboscada en legalidad...

Es lamentable tener que expresarnos en estos términos, con la que está cayendo... Es casi cruel, porque parece que nos unimos a la ligera al coro de los que piden la cabeza política de Zapatero y su tropa. Pero tener remilgos, callarnos y hacernos rehenes de la sensibilidad para cubrir las espaldas al partido del gobierno, es otra manera de hacerse cómplice de las maneras políticas y la falta de maña, por culpa o negligencia, para satisfacer razonablemente las expectativas de la verdadera izquierda. Estamos hartos.

Vaya por delante que para la izquierda real el otro partido, ése que oficialmente representa a la oposición política, no es más que una facción canallesca que sólo busca el poder en beneficio de clanes y grupúsculos repartidos por el país; no un partido político propiamente dicho. Por eso no les hacemos ningún caso. Y por eso no es mi intención ahora unirme a los que están empujando para echarles de la Moncloa, sino punzar la parte de la conciencia del gobierno todavía no secuestrada por los fascistas, neoliberales europeos y neoliberales yanquis que dominan en el mundo, y hacer reaccionar al gobierno.

Porque, como digo, a la derecha convencional -ultraderecha real- no la tenemos para nada en cuenta. Hacemos oídos sordos a sus palabras, a sus acusaciones, a sus exabruptos, a sus insultos, a sus conatos de razonar. Por eso rara vez escribo directamente contra ellos. Hago lo que aconseja el saber popular para mostrar desprecio. Y por eso mismo mis diatribas (en general mucho más cercanas a la sociología que al análisis político) van contra la línea de flotación del poder en general y, en particular, contra la de los poderes económico, mediático, judicial y político -por este orden de responsabilidad- en este aquelarre de falsedades, de miedos y de hipocresías.

Esto, por un lado. Pero es que actualmente el poder institucional no se administra ni como socialista ni como laico. Todos los chirridos de un gobierno temeroso, innoblemente contemporizador con la ultraderecha, con la Iglesia, con la monarquía, que ni se plantea la posibilidad de revisar la constitución, ni la ley electoral, ni la sangría a que someten a las arcas públicas la Iglesia y la monarquía... son torpezas, flaquezas, miedos o indolencias insoportables. Al menos lo son para quienes llevamos tres décadas esperando que se hagan las reformas estructurales que pide a gritos una mayoría seria de este país. Y si no se afrontan directamente, que al menos se someta a referéndum la revisión a fondo de la constitución, y se despeje el binomio monarquía o república; que se reforme, en fin, la ley electoral degradante para los partidos minoritarios. Nada de todo esto siquiera es planteado por el gobierno para abordar en un plazo más o menos corto. Las numerosas festividades en este país que se supone aconfesional y laico son, prácticamente todas, religiosas. ¿Es esto propio de un Estado y un gobierno que merezcan nuestro respeto? Las grandes fortunas minan la estabilidad social por agravio comparativo. El temor a la fuga de capitales paraliza el sistema nervioso de un gobierno acobardado por las medidas fiscales que no toma contra los ricos; un gobierno, para mayor sarcasmo, del que se esperaban grandes correcciones a la injusticia social y a la desigualdad...

Se acepta sumisamente el dominio o predominio del nacional catolicismo, del franquismo, de los descendientes del dictador y de la familia borbónica, de la banca y de las multinacionales que barren todo vestigio de comercio individual o familiar.

El poder judicial depende de las mayorías derechistas... ¿Vale la pena enumerar, una por una, las ligerezas, las necedades y los miedos que sitúan a este gobierno al nivel de una derecha de hecho infame? Por mucho que admitamos que son mejores chicos y tienen mejores maneras; por mucho que digamos que no abundan en sus filas tanto ventajista y ladrón como en las filas de “los otros” ¿vale la pena analizar, punto por punto, decisiones políticas o ausencia de las mismas que nos recuerdan permanentemente a las de la derecha conservadora que no existe?

Ya sé que de prosperar mis argumentos el gobierno debería dimitir. Pero como no es así, me basta con que al gobierno le lleguen estas quejas en nombre de la numerosísima izquierda de este país cuyo ideario no se transforma apenas en hechos y no en buenas razones para no aplicarlo.

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