miércoles, 30 de junio de 2010

Irán: Un macabro compás de espera

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

También me gustaría que Fidel Castro estuviera equivocado; lamentablemente su apreciación de que una confrontación militar de gran envergadura en torno a Irán pudiera ser inminente se basa en deducciones consistentes. Tal vez incluso se trate de una decisión aplazada, a la cual la unanimidad alcanzada por los Cinco Grandes para imponer nuevas sanciones al Estado persa haya dado luz verde.

El desplazamiento al Golfo Pérsico de una “Fuerza de Tarea” encabezada por el portaviones “Harry Truman”, que suma casi cien aviones, destructores, naves antisubmarinas, submarinos y buques cisternas a los voluminosos efectivos de Estados Unidos en la región, indican que puede estarse creando una concentración, que en conjunto con Israel, otras fuerzas de la OTAN, las flotas en los mares próximos, las bases militares en la región, la cohetería de gran radio de acción y la aviación estratégica, cree una correlación de fuerzas abrumadoramente superior para operar contra Irán y enviarlo a la edad de piedra.

La percepción de que todo puede comenzar en los próximos días cuando pretextando cumplir la más reciente resolución del Consejo de Seguridad, Estados Unidos comience a detener los buques que parten o entran a Irán y la certeza de que los de bandera persa se negarán a ser inspeccionados, provocará el uso de la fuerza por los navíos norteamericanos y la consiguiente respuesta de la armada y la fuerza aérea iraní, parece el más probable detonante.

Un ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán obligatoriamente daría lugar a un conflicto que afectaría a todo el Medio Oriente con potencial suficiente para provocar una crisis e incluso una confrontación bélica mundial, comenzando por la interrupción de aproximadamente el 40 por ciento del comercio mundial del petróleo. Para un escenario así existen factores políticos y militares que los atacantes no pueden ignorar.

No es por gusto que en su letra, la reciente resolución aprobada de modo unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU y que impone nuevas sanciones al Estado persa, excluye componentes militares directos, aunque algunos de sus elementos, especialmente la inspección de los buques en ruta a o desde Irán, pudieran dar lugar al uso de la fuerza y al desencadenamiento de un conflicto de grandes proporciones.

Eso es exactamente lo que calcula Fidel Castro que puede ocurrir, sobre todo cuando se trate de buques de Irán. De este modo, queda a discreción de los Estados Unidos elegir en qué momento, lugar y qué buques serán inspeccionados. Es probable que en caso de tratarse de naves iraníes, ese sea el punto de no retorno.

A la hora de cruzar ese punto crítico, Estados Unidos no puede soslayar la desfavorable coyuntura económica y política por las que atraviesa el sistema, sobre todo la economía mundial y que afecta a sus aliados europeos y al Japón ni ignorar los argumentos de Rusia y China. La reciente declaración del Director de la CIA León Panetta acerca de que Irán tardaría no menos de dos años en poder fabricar dos bombas atómicas parece un argumento a favor de ralentizar la escalada que para precipitarla.

Por otra parte, existen realidades geográficas, políticas y militares que Estados Unidos e Israel no pueden ignorar. Algunas de ellas son:
Debido a que Irán, un país de más de un millón y medio de kilómetros cuadrados, con retaguardia profunda ubicada a más de 1000 kilómetros de distancia de Israel y al hecho de que entre ambos territorios (en diferentes ángulos) se interponen: Jordania, Arabia Saudita e Irak, una participación de las tropas terrestres israelíes (excepto fuerzas de desembarco aéreo o marítimo) está descartada. Ninguna de las experiencias militares de Israel en sus guerras contra los árabes se parecería a una operación semejante.

Debido a su ubicación geográfica, la aviación de Israel no puede operar contra Irán sin violar (en diferentes variantes) los espacios aéreos de Arabia Saudita, Jordania o Irak. Las distancias, no menos de 1 500 kilómetros obligaría a reabastecer a los aviones en el aire o en portaviones norteamericanos.

En las operaciones de bombardeo aéreo a grandes distancias, el elemento crítico es el combustible y para calcularlo se toma en cuenta: la ida, el regreso y la posibilidad de tener que maniobrar para evadir el fuego antiaéreo o la aviación enemiga. En la aviación de caza, el peso del combustible y el de las bombas compiten: a más bombas menos combustibles y viceversa.

Debido a la esperada eficacia de las fuerzas aéreas iraníes y de su defensa antiaérea, la aviación atacante deberá contar con hostilidad desde los accesos lejanos. Todo es operativa y logísticamente más complicado debido a que, a diferencia de otras operaciones contra los países árabes, los agresores no cuentan ahora con superioridad aérea absoluta.

Debido a las enormes distancias y a la considerable cantidad de aviones que Israel utilizaría para realizar un golpe masivo contra Irán, el factor sorpresa quedaría descartado. Los mecanismos de aviso tendrían tiempo más que suficiente dar la alarma y facilitar la intercepción de los atacantes en ruta a los blancos, lo cual supondría combates aéreos sobre Arabia Saudita o Irak.

Antes de que un solo avión israelí entre en el espacio aéreo de Irán, los misiles pueden ser disparados contra Israel. Del mismo modo que los Estados Unidos e Israel deben haber seleccionado los blancos, también pueden haberlo hecho los iraníes.

Estas condicionales descartan a Israel como protagonista principal, rol que deberán desempeñar los Estados Unidos que tienen a su favor el alcance de sus armas, la posibilidad de adelantar la aviación basificada en los portaviones, usar submarinos nucleares que disparan sumergidos y hacer uso contra un país que no posee armas atómicas de las ventajas que le otorga la condición de única superpotencia mundial.
Nadie duda que Irán se defenderá con todos los medios a su alcance y que no reservará nada que pueda utilizar porque obviamente no tendrá una segunda oportunidad; tampoco Corea del Norte aguardará su turno como cordero al matadero y no es de extrañar que surja la tentación de ajustar de viejas cuentas. Por esta vez la opción del golpe quirúrgico, incluso la del conflicto local puede estar excluida. De instrumento para la paz la ONU habrá servido para cometer un crimen ante el cual Hiroshima y Nagasaki parecerán anécdotas.

Si como, con excelentes argumentos supone Fidel Castro la agresión se desencadena con armas nucleares disparadas por israelís o norteamericanos estos y todos los demás razonamientos serán irrelevantes y sólo quedarán los lamentos de los sobrevivientes que, dicho sea de paso, nadie registrará.

Barack Obama tiene ahora una magnífica oportunidad para desmentir a Fidel Castro que con certeza no se molestará; él lo ha reiterado: Le encantaría estar equivocado.

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