lunes, 14 de junio de 2010

La romería del PJ "disidente": Los une el espanto, y la restauración

PRENSA DE FRENTE

La tentación inmediata es más bien obvia: son los fantasmas del viejo pasado que ya no se puede resucitar. Pero algo, alguien, algunos, generaron las condiciones para que Eduardo Duhalde, Juan Carlos Romero, Adolfo Rodríguez Saá, Ramón Puerta, Felipe Solá, Carlos Reutemann, Miguel Angel Toma, lo más rancio de la nomenclatura del PJ con tintes menemistas sin lijar, se crean capaces de inventar en conjunto una variante electoral mínimamente potable para el 2011, a pesar de sus respectivos y cargados prontuarios, asociados a otros que hicieron kirchnerismo explícito hasta que las disputas de poder superestructural los arrojaron a la vereda de enfrente, como el gobernador chubutense Mario das Neves o el ex defensor del pueblo Eduardo Mondino.

Está claro que las lecturas más lineales puedan mentar la unión por el espanto al control kirchnerista del aparato del justicialismo en esa romería de gastados personajes capitaneada por Duhalde patrocinada por el jefe de las 62 Organizaciones Gerónimo “Momo” Venegas, titular del gremio de los peones de campo y gran aliado de las patronales del sector y de Mauricio Macri.

Todos ellos, sin embargo, comparten con los Kirchner una buena cantidad de cosas que va más allá de esa condición de hombres de aparato. Ni hablar del papel que jugó Duhalde en la alquimia que llevó a Kirchner –quizás su aliado más fiel en la frustrada aventura presidencial duhaldista de 1999- a la Casa Rosada en 2003. Fue el mismo Duhalde que venía de diseñar la estrategia represiva contra la protesta social que asesinó a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en los alrededores del Puente Pueyrredón quien inventó aquella ley de lemas de hecho del justicialismo que derivó en la huida de Menem para la segunda vuelta electoral y la consecuente elección de Kirchner. Fue también Duhalde quien inició el camino hacia el neodesarrollismo con el que se reemplazó a la convertibilidad tras la crisis del 2001 y 2002 y legó a Kirchner a sus técnicos clave, como Roberto Lavagna.

Puerta desde Misiones, Romero desde Salta y Rodríguez Saá desde San Luis, y también de algún modo Reutemann en Santa Fe, habían compartido con Kirchner Liga de Gobernadores del PJ para algunas reivindicaciones corporativas en los últimos tiempos del menemismos y durante el gobierno de la Alianza, de Fernando de la Rúa. Ya habían compartido, además, disciplinados Consejos Nacionales del PJ en épocas de Menem, cuando el riojano hizo del triunvirato conformado por el pampeano Rubén Marín, el formoseño Vicente Joga y el propio Kirchner su tropa más propia para la conducción del partido oficialista.

En tiempos más recientes, Mario das Neves revistó como uno de los principales aliados de Kirchner en el PJ y en el Gobierno. Pero además fue su socio sin diferencias en uno de los máximos y más vergonzosos negocios de la época kirchnerista, la prórroga anticipada y por 20 años de la concesión para la Panamerican Energy –cuyo socio principal es la British Petroleum- de la explotación de Cerro Dragón, principal yacimiento argentino que tiene fronteras con Chubut y con Santa Cruz.

Romero, cacique feudal de Salta, pese a su virulencia verbal nunca tuvo rotos del todo sus lazos políticos con Kirchner. Su principal discípulo, el actual gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, juega con los Kirchner a nivel nacional mientras mantiene todos los resortes y los métodos del poder romerista en la provincia, incluidas las periódicas y salvajes represiones contra los jugadores de General Mosconi, de lo que puede dar sobrada cuenta Pepino Fernández.

La romería rejuntada del PJ disidente, como se dice en la calle, no se obsesiona en contra los Kirchner por aquello que antes los unió con ellos, sino por lo que el matrimonio santacruceño tiene de más rescatable. En todo caso, a Duhalde, Reutemann, Romero, Rodríguez Saá, Puerta, Toma, Das Neves, Solá los une no es sólo el espanto. Es también un objetivo restaurador, de los 90, en el que encuentran sostén e impulso en poderosos intereses empresarios, entre ellos los mediáticos. No serán ellos, ni hace falta decirlo, los que vengan para cambiar la actual vigencia de un esquema distributivo y tributario fuertemente regresivo, ni los negocios de Techint, Eskenazi, Eurnekian, Cristóbal López o Lázaro Báez.

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