lunes, 14 de junio de 2010

Panorama económico de Brasil

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Guerra por la distribución de "royalties" petroleros: El gobierno del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva experimentó la pasada semana la fragilidad de su base legislativa, lo cual por un lado es motivo de satisfacción, aunque por el otro representa un dolor de cabeza que le puede costar la pérdida de aliados valiosos.

La mayoría del Senado brasileño aprobó los proyectos de ley relativos a la reestructuración del marco regulador de la explotación del petróleo brasileño, pero lo hizo de una forma que afectó duramente a dos aliados del presidente, los gobernadores de Río de Janeiro y Espírito Santo.

Por una parte, los senadores se hicieron acreedores de la gratitud del gobierno, al aprobar la capitalización de la empresa petrolera estatal Petrobras tal como lo propuso el gobierno, lo cual permitirá que ésta se ponga en marcha antes de lo esperado.

Pero por otro lado, con el voto de 41 de los 69 senadores presentes, resucitaron una propuesta de la Cámara de Diputados que modifica el sistema de distribución de los "royalties" (impuestos especiales) y otros derechos que las empresas petroleras pagan sobre el petróleo que extraen.

La modificación es drástica. En lugar de dar prioridad a los derechos de los estados y municipios productores, como ahora, establece que los recursos, una vez deducida la participación del gobierno nacional, se distribuirán por igual entre todos los estados y municipios del país.

La resolución establece que ese régimen será válido para la futura explotación de la formación conocida como "pre sal", rica en nuevos yacimientos de petróleo de buena calidad, pero también para las concesiones vigentes actuales, hechas bajo otro marco regulador.

Los derechos de las empresas petroleras que en la actualidad extraen petróleo o exploran posibles yacimientos no serán afectados, pero la distribución de los recursos originados en los derechos que pagan sí, y es ahí donde los senadores crearon un problema político al gobierno.

Los estados que reciben más recursos del petróleo son Río de Janeiro y Espírito Santo, ya que 90 por ciento del petróleo brasileño es extraído en las aguas territoriales de ambos estados, cuyos gobernadores son aliados del presidente Lula.

Rio de Janeiro, en particular, obtiene por los "royalties" poco más de 4.170 millones de dólares al año, dinero que es fundamental para la salud de las finanzas provinciales. Parte de esos recursos se destinan a pagar las deudas del estado con el gobierno federal.

Sin embargo, en caso de que se mantenga el criterio aprobado por el Senado, esa suma se reducirá a 140 millones de dólares.

La dependencia de Espírito Santo de los recursos del petróleo es menor, pero tendería a hacerse mucho mayor en función de los nuevos yacimientos de su litoral.

El estado de Sao Paulo también tiene intereses directos en el problema.

El "pre sal2, rico en petróleo, es una formación geológica que se extiende 800 kilómetros a lo largo de la costa brasileña, desde el estado de Santa Catarina hasta el de Espírito Santo.

Los mayores campos del "pre sal" fueron descubiertos en la cuenca de Santos, frente a Sao Paulo.

El presidente Lula aseguró al gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, que vetará los nuevos criterios de distribución si la Cámara de Diputados los aprueba.

El proyecto tuvo que volver a la Cámara de Diputados debido a que sufrió alteraciones en el Senado.

La intención del gobierno era aprobar el nuevo marco, para postergar hasta después de las elecciones presidenciales de octubre próximo la discusión sobre los "royalties", precisamente porque preveía una discusión dura que perjudicaría la unidad de la alianza multipartidaria que apoya al gobierno.

Ahora, el presidente Lula puede verse en la difícil situación de tener que vetar, en plena campaña electoral, una ley que beneficia a la gran mayoría de los estados y municipios brasileños.

En caso de no hacerlo puede enfrentar el desagrado de importantes aliados.

El veto presidencial puede ser levantado por el Congreso Nacional, también empujado por la presión del calendario electoral, sin embargo el gobierno de Brasil sabe perfectamente lo poco confiable que es su amplia mayoría nominal en el parlamento.

Sin duda, la guerra de los "royalties" llevará todavía a varias batallas, antes de que se logre un resultado definido.

En algunos escenarios, el gobierno puede resultar derrotado más allá de lo que desea.

Límites del crecimiento del PBI

La divulgación esta semana de los números del Producto Bruto Interno en el primer trimestre del año, puso sobre la mesa una vieja discusión acerca del "PBI potencial" y las limitaciones del crecimiento.

El razonamiento básico es que, si la economía crece por encima de cierto umbral, el país no sólo enfrentará un aumento de la inflación sino que a corto plazo se producirán "cuellos de botella" en sectores de la economía que trabarán el crecimiento ulterior.

En principio, un crecimiento anual del 9 por ciento en relación a igual período del año pasado, es un dato impresionante que puede causar preocupación aún a funcionarios como el ministro de Hacienda Guido Mantega o al presidente del Banco Central.

Pero si se observan los números con más detalle, el "salto" dado por la economía brasileña es mucho menos impresionante de lo que aparenta.

En realidad, el país simplemente volvió a los niveles anteriores a la agudización de la crisis financiera internacional.

Después de un año de recesión, la famosa "marolinha" (olita) citada por el presidente Luis Inácio Lula da Silva, la tasa de inversión del país llegó a 18 por ciento del PBI, cuando antes de la crisis era de 18,1 por ciento.

No se trata de un salto adelante, sino de una vuelta a la normalidad.

Del mismo modo, el crecimiento récord de la actividad industrial (14,6 por ciento en el año) fue conseguido con la misma capacidad instalada de antes, y sólo en el primer trimestre de 2010 el sector consiguió volver a los niveles de producción del tercer trimestre de 2008.

El ministro Mantega se apresuró a asegurar que no habrá una tasa anual de crecimiento del PBI de 11,2 por ciento, si la tasa del primer trimestre, de 2,7 por ciento, se repitiese en los tres trimestres restantes.

"Tenemos que recordar que la elevada tasa de crecimiento se da en relación a un año que fue muy flojo (en 2009 el PBI brasileño disminuyó 0,2 por ciento). Yo diría que el primer trimestre fue el punto culminante de la recuperación del crecimiento", dijo el ministro.

"Para el segundo trimestre, ya hay algunos datos que muestran una desaceleración y debemos contar con la crisis auropea que disminuye la disponibilidad de crédito para la economía brasileña. En todo 2010 debemos crecer de 6,0 a 6,5 por ciento", señaló.

Al día siguiente del anuncio del PIB, el Banco Central brasileño decidió aumentar nuevamente la tasa básica de intereses, hasta 10,25 por ciento al año, para volver a colocarse como una de las más elevadas del mundo, para satisfacción del sistema financiero.

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