viernes, 11 de junio de 2010

Roa: Cuando la dignidad ganó un canciller

Miguel José Maury Guerrero (AIN)
Fue el 13 de junio de 1959 cuando Raúl Roa García pasó a liderar las relaciones exteriores de la naciente Revolución, llegada al poder solo seis meses antes.

Si partimos de la visión de Bertolt Brech para resumir quién era ese cubano tan genuino, señalaríamos que fue y sigue siendo de los “imprescindibles”, lo cual al decir del dramaturgo alemán: “son los que luchan toda la vida”.

A ese hombre delgado, nervudo, ágil de movimientos y afilado verbo contra los enemigos de la Revolución, le bastaría muy poco tiempo para quedar por siempre sembrado en la historia de su patria.

Poco más de siete décadas de intensa vida serían suficientes para devenir escritor de aguda sensibilidad y visión, político revolucionario sin tacha, diplomático brillante, polemista incisivo, soldado de su pueblo a lo largo de toda su vida y hoy podemos decir que también por siempre.

Hay un legado decisivo en su trayectoria, para el decursar de la Revolución a la que entregó todo su quehacer talentoso: la creación de la genuina diplomacia revolucionaria.

Tras lograr la transformación del Ministerio de Estado, heredado por el naciente proceso, en nueva cartera rectora de un novedoso quehacer en el campo de las relaciones internacionales, dedicó pensamiento y energía a lograr el nuevo prototipo de funcionario del servicio exterior, a la orden de su pueblo.

“Cualificación política, competencia técnica, lealtad absoluta, firmeza inquebrantable, conducta austera y diestro manejo de la táctica, el tacto y el contacto” eran, a decir de Roa, los atributos que debía reunir un diplomático de los nuevos tiempos protagonizados por la Revolución.

Los 17 años de desempeño al frente de la cancillería cubana resultaron los más cruentos para ese frente, en tanto la creciente agresividad norteamericana contra la Isla.

Nadie como ese cubano vivaz pudo protagonizar combates más gloriosos a favor de su amenazada y muchas veces agredida Patria.

Momentos particularmente trascendentales y decisivos para la historia cubana tuvieron en Roa a victorioso gladiador.

“Mi pequeña y heroica Patria está reeditando la clásica pugna entre David y Goliat, permitidme que yo difunda ese clamor en el severo areópago de las Naciones Unidas. ¡Patria o Muerte!, ¡Venceremos!" diría el brillante representante cubano.

Iniciaba así ante los delegados de más un centenar de países su acusación a Washington como patrocinador del ataque mercenario por Playa Girón, en abril de 1961.

Particularmente memorable resultó su actuación ante el representante del Chile de Augusto Pinochet en la ONU quien, durante una intervención ante la Asamblea General del organismo, difamaba de Cuba y su líder.

En carta posterior, es él quien narra el incidente que muestra su fidelidad y fibra revolucionaria a toda prueba.

“Comenzó a difamar e insultar; pero cuando dijo que Fidel se refocilaba con los cadáveres de los fusilados, un impulso me levantó del escaño y salí disparado para la tribuna a propinarle una bofetada entre gritos de "HP... Mar..., Asesino"... Se metió la gente por el medio y el Presidente tuvo que suspender momentáneamente la Asamblea.

Roa se ganó sobradamente el calificativo con el que, de manera muy justa, ha pasado a la historia. Todo el mundo coincide en que fue el pueblo, el cual nunca se equivoca, quien espontáneamente, un día cualquiera de los primeros años de la Revolución, comenzó a llamarlo Canciller de la Dignidad.

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