jueves, 8 de julio de 2010

Argentina, Chaco: Caso Margarita Belén: Revelador testimonio sobre métodos de tortura durante la dictadura militar

Marcos Salomón (EL DIARIO DE LA REGIÓN - MOMARANDU)

“Había una mujer joven con dos chiquitos llorando que se aferraban a sus piernas, diciendo ahí viene el cuco por los guardias”.

El testimonio de Juan Manuel Roldán reveló en la última audiencia por el caso Margarita Belén, torturas en presencia de niños en la Brigada de Investigaciones que operó en Resistencia durante la última dictadura.

Eran dos hermanitos, el más grande de sólo 3 años, hijos de Raúl María Caire, fusilado el 13 de diciembre de 1976. La declaración la dio Juan Manuel Roldán. También declararon los hermanos Ricardo y Valdi Uferer.

El juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén se reanudó con la declaración del ex preso político Juan Manuel Roldán, que duró unas dos horas, detenido cuando tenía 17 años, estudiaba en el Colegio Nacional y trabajaba en la mercería El Principito.

Roldán es medio hermano de Luis Alberto “Lucho” Díaz, una de las víctimas de la Masacre, acompañado en la sala por sus hermanas, y su sobrino Martín, que escuchaba por primera vez la historia de Juan Manuel y Norma Cajal, esposa de Lucho.

De su trabajo a la Brigada de Investigaciones por calle Marcelo T. de Alvear, donde permanece un mes y todo ese trayecto a los golpes. En el centro clandestino de detención que funcionaba frente a la plaza central de Resistencia y a media cuadra de la Casa de Gobierno, lo torturaron, golpes y picana eléctrica.

El cuco

De la Brigada de Investigaciones se llevó un recuerdo que nunca pudo borrar: “Había una mujer joven con dos chiquitos llorando que se aferraban a sus piernas, diciendo ahí viene el cuco por los guardias”. Se trataba de Luisa Inés Rodríguez, esposa del entrerriano Raúl María Caire, fusilado el 13 de diciembre de 1976 (continúa desaparecido).

“Ahí (en la Brigada) se comentaba que le habían hecho presenciar a los hijos cómo torturaban a sus padres”, relató Juan Manuel. Durante su declaración, la presidenta del Tribunal Oral Federal, Gladys Yunes, amenazó con expulsar de la sala a la esposa de Horacio Losito, por gesticular, sentada atrás del ex preso y justo frente al estrado de los jueces.

En ese mismo lugar vio a “La Hedionda”, apodo de Delicia González, otra víctima de la Masacre. También ubicó como otro fusilado cerca de Margarita Belén al correntino Justo Peloso, a quien los torturadores lo torturaban acusado de ser el contador de Montoneros y preguntándole dónde estaban los dólares de la organización.

Otros ex presos

En otro momento de su detención, a Juan Manuel lo llevan a un “salón grande de la planta baja de la Brigada”, donde ubicó a los imputados Luis Alberto Petetta y Aldo Martínez Segón. Le sacaron la venda y pudo ver a su hermano Lucho, Carlos Zamudio (que era su celador en el Nacional) y a Fernando Piérola.

“‘Lucho’ tenía las manos vendadas: los muchachos se entretuvieron sacándome las uñas con una tenaza, me contó. Las manos de Zamudio parecían un sapo al que le pasó un auto por encima. Los mismo Piérola, pero en los pies”, relató.

A Díaz le ofrecieron liberar a su hermano a cambio de hablar. Pero se limitó a pedirle a Juan Manuel que aguante. Más adelante, volverían a encontrarse, pero esta vez en la alcaidía policial.

El último recuerdo de la Brigada, lo hizo quebrar a Roldán: durante una visita, la madre le pregunta por “Lucho”: “Hasta el día de mi muerto voy a llevar esa cargo de no decirle dónde estaba mi hermano”, ya que Martínez Segón y Petetta se habían negado a dar esa información durante un encuentro anterior.

Alcaldía

Ya en el penal provincial, Juan Manuel fue testigo de la entrevista del ex jefe de la VII Brigada de Infantería con presos políticos de Ligas Agrarias, entre ellos el padre de Quique Lovey, reconocido dirigente de esta organización rural. Y del mismo coronel con el abogado correntino Diego Salvatore, quien antes había sido socio del militar.

En la celda 13 de la alcaidía vuelve a encontrarse con Piérola y Zamudio, que “me pide que le devuelva a su familia la guitarra que había dejado en mi casa”. En diagonal a la ubicación de Juan Manuel estaba “Lucho”, a quien lo habían traído de la base militar en la Liguria (aumentan los testimonios de que en este sitio funcionó un centro clandestino de detención), justo enfrente Julio Pereyra y Roberto Yedro.

Luego, el relato de la tortura en el comedor de la alcaidía, previa al traslado. De esa situación, se acuerda que los nombrados “debían sacar la mano por los barrotes de la celda”. También recordó como llevaban arrastrando, casi inconsciente a Zamudio. “No entiendo por qué la cifra oficial habla de 22, nosotros contamos 28 ó 29”, víctimas de la Masacre.

Destino final

La familia se entera del destino de “Lucho” por una carta fechada el 30 de diciembre (17 días después del fusilamiento), con firma de Miguel Baguear, diciendo que murió en el supuesto enfrentamiento.

Sin embargo, Patetta y Martínez Segón, en una reunión informal porque Baguear no quería atender a la familia Díaz, le devolvieron el reloj y el anillo de casamiento, señalando que “Lucho” estaba prófugo.

Una tercera versión, la consiguen casi por casualidad: por una sucesión, le pidieron al médico policial Carlos Grillo un acta de defunción en la que dice que Díaz murió por proyectiles de armas de fuego. Su identidad fue develada por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), tras una exhumación en el cementerio local, y recién este año pudieron enterrarlo.

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