jueves, 15 de julio de 2010

Argentina, Córdoba: Juicio UP1. “Vengo sin odios, no quiero venganza”

Katy García (PRENSARED)

Comenzó la etapa testimonial en el juicio que investiga delitos de lesa humanidad cometidos contra 31 ex presos políticos asesinados y seis policías sobrevivientes. Declaró Luis Miguel Baronetto y señaló a Carlos Cerruti, José Raúl Busetta, Ricardo Cayetano Rocha y Carlos Yanicelli como sus torturadores. También testimoniaron los hijos de Pablo Balustra.

La jornada comenzó pasadas las 10,30 horas y culminó después de las 20. Tras una serie de resoluciones entre las partes ingresó al recinto el ex preso político y actual director de Derechos Humanos de la Municipalidad de Córdoba Luis Miguel Baronetto querellante en la causa Videla por los fusilamientos de 31 ex presos políticos, entre ellos, su esposa la catequista y maestra Marta González. Tras cumplimentar las formalidades que exige el proceso judicial tales como la lectura de los nombres de los procesados y el juramento de cumplir con el mandato de decir la verdad el presidente del Tribunal Jaime Díaz Gavier lo invitó a reconocer a los acusados.

Baronetto giró la cabeza y miró hacia donde se encuentran los 31 procesados. “Conozco a los señores Videla y Menéndez por que son públicos, al coronel Meli porque lo vi en el juicio de la Verdad Histórica porque firmó la orden de fusilamiento de mi mujer y a dos ex tenientes Mones Ruiz, Alsina y al cabo Pérez que tenia bigotes más negros y a otro Pérez que llamaban Jaime Kloner", le dijo al Tribunal.

“Vengo sin odios, no quiero venganzas y espero que la justicia diga quien mató a mi mujer. Llego a esta instancia con mucha esperanza que los responsables del fusilamiento sean condenados en base a pruebas y a un juicio que en el caso de mi mujer no respetaron”, manifestó quien fuera secuestrado en la madrugada del 14 de agosto de 1975, junto a su esposa Marta González.

Narró el calvario que le tocó vivir cuando un grupo de unas 10 o 12 personas, vestidas de civil, los secuestran y trasladan encapuchados a un lugar que luego identificó por las campanadas de la Catedral como el Departamento de Informaciones (D2). En el lugar fueron torturados por el oficial Juan Carlos Cerruti, José Raúl Busetta y Ricardo Cayetano Rocha y Carlos Yanicelli. Precisamente, después vio en su expediente que Yanicelli allanó el estudio de su abogado Miguel García, retiró los informes del caso Siriani y las fichas de afiliación del Partido Peronista Auténtico al que pertenecía.

También relató que en el patio interno del D2 se acercó cuando se encontraba en muy malas condiciones por la tortura recibida Charlie Moore a quien conocía de otra detención. “Una noche vino y me dijo: Vitin, y no le contesté porque sabia quien era. Me sacó la capucha y me dijo que estaba ahí hasta que haga bosta a todo el PRT. Con vos no pasa nada, si querés te la traigo a la Marta”, le había dicho. Vio cómo tenía el ojo “medio salido” y una persona de guardapolvo blanco también se acercó y lo llevaron en ambulancia al Policlínico Policial, esposado y desnudo lo depositaron en una cama. Allí lo custodiaba un agente al que había recomendado para ingresar a la policía durante el gobierno de Obregón Cano. Esta persona le manifestó que “esta jodida la cosa”.

Baronetto reiteró ante una pregunta del fiscal Gonella que las torturas recibidas y denunciadas ante Zamboni Ledesma fueron golpes de puño, papadas, toallas mojadas, mojarrita, testículos y pene quemados, golpes con gomas con electricidad en sus extremos. Y le quedaron secuelas como sordera y una lesión en el ojo. Asimismo reveló que su esposa había recibido tortura psicológica como hacerle tocar dedos que le decían que eran de su hija.

Después Cerutti le diría que lo iban a llevar al embudo. “No porque no tengo el alta” le respondió y de inmediato le tiraron la ropa para que se vistiera. “Tenes la posibilidad de que te fugues ahora –lo tentó- me quede ahí y hasta que el chofer dijo ¿por donde vamos a la cárcel? Ahí respiré y dije vamos al cielo. Estuve en una sala oscura, no se cuantos días, cada tanto traían un poco de comida hasta que un día la policía que me había detenido me pintó los dedos, legalizó mi detención y me hizo saber que estaba acusado de asociación ilícita y por la ley de 2840. Allí pudo ver a Miguel García también detenido y con un sello policial en la frente.

Recordó además que en los primeros días de abril de 1976 entró el general Sasiaiñ vestido de civil y les dijo a todos: “No se pongan contentos porque los vamos a matar a todos, de a poco, como a las ratas para que se arrepientan de haber nacido”.

Ellos pensaron que era una bravuconada de los milicos hasta que vieron que sacaron a Raúl Guevara, Eduardo Bartoli, Daniel Juez y a Jorge García y a Diana Fidelman. Los llevaron a la D2, los torturaron y cuando volvió Guevara les comento que Bartoli estaba destrozado junto a otras dos personas que luego supieron eran Chiavarini e Irazusta a quienes mataron (Hecho segundo). “Ahí nos dimos cuenta de que estaban decididos a matarnos a todos”, expresó el testigo. También recordó que cuando en mayo retiraron a Svagusa, Hernández, Fidelman, Mozé y Young vio por un agujero como los amarraron con una soga fina. Al otro día se enteraron por un carcelero el “Utaco” Pereyra que los habían matado en el puente Santa Fe.

Después del Golpe de Estado las condiciones de vida en la prisión cambiaron radicalmente. Las requisas violentas los habían despojado de todo. Sin embargo habían logrado mantener escondida una radio y esa noche escucharon por Radio Universidad que efectivamente los habían matado. Porque amarrados como estaban difícilmente podrían haberse fugado. Después relató otros traslados que repetían la misma metodología.

También la brutalidad que algunos como el cabo Pérez empleaba con los internos. Por ejemplo a Sgandurra le aplicó una golpiza que le reventó la piel y encima con la bayoneta le levantaba el cuero. Luego escucharon por la radio que junto a Pucheta también habían muerto “intentando escapar en las inmediaciones del Chateau”. Y cuando los sacaron a Vaca Narvaja, Bazán y Funes y los trajeron de vuelta con la promesa de que los iban a matar después y así lo hicieron.

El testigo le contó al Tribunal que cuando tuvo la oportunidad de entrevistarse con Otero Álvarez le dijo que Vaca Narvaja estaba amenazado de muerte y recibió como respuesta que “no se podía hacer nada porque estaba a disposición del PEN”. Luego relató los otros traslados producidos en los meses siguientes.

En los primeros días de agosto supo por un gendarme que estaba un poco borracho que su esposa le mandaba a decir que había sido padre. Días después es retirado de la celda. Pensando que había llegado el fin repartió la ropa y partió. Fue la única vez que salió de la cárcel y lo hizo para registrar a su hijo Lucas Ariel.

Baronetto describió lo que conocía directamente y lo que supo por otros presos sobre los traslados que se informaban como “intentos de fuga” y que luego se supo eran ejecuciones como así también las muertes acaecidas en la penitenciaría y en el D2. Por caso, el fusilamiento de Breuil, Vaca Narvaja, y Toranzo; de Viviana Páez y Tramontini y demás hechos que se investigan.

“Después nos enteramos que esas órdenes eran dadas por Sassiañ y aceptadas por la justicia”, afirmó.

A principios de noviembre vinieron unos presos y le preguntaron por su mujer. Así se enteró por de que la habían matado. Tras una pausa, visiblemente conmovido, prosiguió con el relato. Luego describió su paso por otras cárceles de las que luego sale en 1983. Recordó que cuando Zamboni Ledesma, Otero Álvarez y Molina fueron a verlo reclamó por la muerte de Marta. “¿Quien autorizó sacar ami mujer y matarla? Les hago esa pregunta a esas personas. El juez mudo, agachó la cabeza y Otero me dice: mire Baronetto tenemos en el expediente suyo un comunicado del Ejército y lo leyó”. Se refiere al bando que difundían por la prensa. “Ni un rasguño a ningún militar y lo firmaba el coronel Vicente Meli”. Molina en tanto lo alentó a pensar en sus hijos porque el único perjudicado iba a ser él. Apenas recuperó su libertad hizo una presentación y después se produjo el Juicio de la Verdad Histórica. “Ahora tengo la esperanza de que los responsables reciban el castigo que la ley le compete”, expresó.

“Mi vida quedo modificada. El plan del matrimonio con mis dos hijos estuvo huérfano durante los 8 años que estuve preso y los chicos se criaron con mi vieja y mi suegra como pudieron”, comentó ante una pregunta de Fresneda sobre cómo había modificado su trayectoria de vida la dictadura.

La defensa pregunta detalles que les puedan ser útiles para desvincular a sus defendidos acusados de torturas y asesinatos. Ingenio no les falta. ¿De qué color era el piso? ¿Cuál era el espesor de la puerta de la madera que tenía un orificio donde podían ver hacia fuera? Gráficos, y hasta un peritaje del “periscopio” un implemento ideado por los presos para poder saber lo que pasaba afuera. El ex preso político contestó a las partes y al tribunal todas las preguntas formuladas.

Sobre el final de la audiencia Pablo Balustra y Enriquetta Balustra, hijos de Pablo Alberto Balustra, ex presidente del Cuerpo de delegados de Obras Sanitarias y militante político, narraron lo que significó para sus vidas haber experimentado esta situación cuando eran apenas unos niños. Del relato conmovedor queda claro que las heridas aún están abiertas y que sin duda sus vidas han sido modificadas. El dolor persiste y es profundo.

Agüero

Cuando por la tarde se reinició la audiencia el abogado defensor Agüero no se encontraba en la sala. Ante esa situación el Tribunal decidió imponerle una medida de prevención, una advertencia por el incumplimiento. Mientras tanto su defendido Rodríguez estaba a cargo de Cuestas Garzón hasta tanto llegara. Cuando lo hizo fue informado de que estaba reprendido y en vez de acatar la orden decidió retirarse. Tal vez sea parte de la estrategia. El juicio siguió su curso y continúa mañana con los testimonios de los testigos.

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