jueves, 15 de julio de 2010

Argentina: Masacre de Margarita Belén. Militares, en la tortura previa al fusilamiento

Marcos Salomón (CHACO DIA POR DIA)

Lo declaró el testigo Carlos Aguirre. Aportó una nota periodística sobre el 13 de diciembre de 1976, que escribió en marzo de 1983. Además, testimoniaron José Niveyro y Miguel Bampini. Este viernes, a las 8.30, la última audiencia previa al receso invernal.

Con tres de los cinco testigos citados para declarar este miércoles, se reanudó la audiencia en el Tribunal Oral Federal, en el marco del juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén, en la que se fusiló a un número no preciso de presos políticos que eran trasladados desde Resistencia hacia Formosa, en un fraguado intento de fuga.

No asistieron Ezequiel Martínez, testigo de la defensa, por no hallarlo en el domicilio fijado. Tampoco se presentó el entrerriano Álvaro Piérola, por razones laborales y personales.

Si se presentaron: Carlos Aguirre, vicepresidente del Instituto de Cultura de Chaco -acompañado por familiares y trabajadores de esa institución, entre los que estuvieron a tiempo y los que llegaron tarde-, José Niveyro y, desde el Conurbano bonaerense, el concejal por La Matanza Miguel Bampini.

Este viernes, a las 8.30, se realizará la última audiencia previa al receso invernal, con las declaraciones de Juan Carlos Goya, Jorge Giles, Eusebio Esquivel y Jorge Migueles (quien el martes declaró en el marco del juicio por la Causa Caballero).

Solidaridad

Es detenido el 1º de noviembre de 1976 en su domicilio y de inmediato lo llevan a la Brigada de Investigaciones, por trabajar en logística para Montoneros (alojada a militantes perseguidos que buscaban refugio en Chaco).

En la Brigada, con la primera que se encuentra es con Delicia González –una de las víctimas de la Masacre-. Los dejan solos en una pieza y se sacan la venda. La mujer le advierte a Carlos: “Esto viene feo”, por lo que intercambian datos y permite reconstruir la historia de la presa política.

En planta alta, tras varios días sin comer ni beber –bajo amenaza de que iba a ser torturado-, Aguirre pide agua. La única mano solidaria es la de Carlos Zamudio que le regala un yogurt.

En tanto, por relato de su padre, Iramo Regis Aguirre, que fue detenido junto con Manuel Parodi Ocampo (otro fusilado), los torturadores ya conocían perfectamente los nombres de los integrantes de la organización Montoneros.

Canciones

“Escríbeme con tintas de violetas en un papel de amor color ausencia… Se escucha desde el calabozo grande y es la voz inconfundible de María Julia Morresi. Desde una celda individual, Fernando Piérola (fusilado el 13 de diciembre de 1976 y continúa desaparecido) dice: escuchen es para mí”.

Por otra canción, en este caso “Adiós ciudad de Mercedes”, identifica a Luis Alberto “Lucho” Díaz (víctima de la Masacre), entre otras cosas, porque era el tema que siempre interpretaba en las peñas universitarias.

Además, Carlos Aguirre es el único que logra identificar a Ema Cabral (otra de las mujeres asesinadas cerca de Margarita Belén) en la Brigada de Investigaciones. Además, se cruza con Roberto Yedro, a quien lo habían vestido como un capitán de marina.

Alcaldía

El 4 de diciembre, es trasladado en la alcaidía policial, donde comparte celda, entre otros con Leguizamón, pareja de Delicia González. Este correntino, sale libre el 14 de diciembre de 1976, es decir un día después de la Masacre y nunca vuelve a encontrarse con su compañera.

En ese lugar, también ve cuando bajan desde los calabozos de planta alta a Reinaldo Zapata Soñez (también víctima de la Masacre). A esa altura del cautiverio, “Piérola no podía caminar por las heridas en los tobillos. Así que para fugarse no podía correr ni un metro”, sentenció.

Tras describir la situación de la tortura en la alcaidía, previo al traslado, vuelve a verlo a Yedro. Ésta vez era llevado por un militar hacia su celda. Ya el día lunes, en el cambio de guardia –que son muy chusmas y hablan de trabajo y otras cosas- escuchamos que de la golpiza participaron los militares: (Luis Alberto) Patetta, Rennes Athos y (Aldo) Martínez Segón” todos imputados en la causa.

A esa altura, Patetta inundaba el escritorio de los defensores con esquelas, recomendando preguntas, y Aguirre sorprende, contando que “un tal sargento Ramos se negó” a participar de la tortura en el comedor de la alcaidía.

Un libro a la derecha

Más adelante, Aguirre explica y argumenta por qué era imposible pensar en una fuga, que la organización de Montoneros para ese entonces estaba totalmente desmantelada, y relata, irónicamente, que al cumplir tres años de prisión, recién en 1979, el ex secretario del Juzgado Federal de Resistencia, Domingo Reska, le comunica: “Está usted detenido” –de fondo se escucha la inconfundible carcajada de la actual jefa del testigo-.

Además, leyó una nota periodística aparecida en marzo de 1983 en el extinto diario La Voz (del que era corresponsal) y luego reproducida por el diario Norte. En ella reproduce la acusación de la supuesta agrupación “Centro de Oficiales y Suboficiales y Agentes de Policía de la Provincia del Chaco”, que panfletea la ciudad y denuncia a los autores de la Masacre y de otros delitos de lesa humanidad.

El escritor y publicista Miguel Molfino no aguantaba los nervios y se tuvo que parar.

Los imputados sugerían preguntas a la defensa. En medio, el abogado Carlos Pujol le pide a Aguirre que diga cuál era su cargo dentro de Montoneros. Rápido de reflejos, el testigo se limitó a responder: “Algún día voy a escribir un libro y se lo voy a regalar”.

Miguel Bampini

“Éste es un traslado hacia la muerte”

La decimotercera jornada del juicio por la Masacre de Margarita Belén finalizó con el testimonio del vicepresidente del Concejo Deliberante de La Matanza, Miguel Bampini, que realizó un verdadero tour por cárceles argentinas: Villa Devoto, U7, Sierra Chica, Rawson, La Plata, Caseros, Rawson y nuevamente La Plata.

En la U7 estuvo en el Pabellón 1, donde alojaban a los “irrecuperables”, donde compartió celda con dos de las víctimas de la Masacre: Néstor Sala y Manuel Parodi Ocampo.

Por lo que los presos políticos podían escuchar en una radio clandestina, más los traslados de Sala a Formosa (en el camino fue torturado), aunque regresó, y del misioneros Miguel Sánchez (a quien se lo llevaron en el baúl de un auto para luego entregarle el cuerpo a su familia), sabían que venían tiempos violentos.

De hecho, el oficial del Servicio Penitenciario Federal de apellido Casco anticipó la tragedia: “Si a Sala lo trasladan nuevamente, no vuelve”, recordó Bampini. Por relato de otros presos políticos, también supo que “un SPF entregó un papelito con un listado de presos políticos que iban a ser fusilados, encabezada por Néstor”.

Todos los vaticinios se cumplieron el 12 de diciembre, cuando trasladan a presos políticos de la U7. Ese día, Casco le dio la opción de que los nombrados salgan por su propia voluntad o que el Ejército, que rodeaba el penal, iba a ingresar.

Horacio Losito miraba a su esposa y le pedía calma, porque la mujer estaba disconforme con la marcha del debate oral. Ajeno a esta situación, Bampini continuaba su relato: “Néstor salió por sus propios medios, pero antes se despidió de los compañeros diciendo que “éste es un traslado hacia la muerte” y que “como militante peronista iba a morir dignamente” y tras pedir que cuenten su historia a sus hijos, largó la frase que lo inmortalizó: “Libres o muertos, jamás esclavos”.

La despedida, cordón humano mediante, abrazos, llantos… y la marcha peronista que sonó en toda la U7.

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