jueves, 8 de julio de 2010

Argentina: Trata, se avanza pero falta mucho

LA ARENA

En las últimas semanas tomaron fuerza en la prensa los casos de trata de personas con fines de explotación sexual que tienen como escenario a la provincia. No sólo a través de casos concretos, sino también bajo la forma de evidencia de las complicidades, o al menos la tolerancia, con ese tipo de hechos delictivos.

Hubo en pocos días dos condenas por facilitación de la prostitución en localidades del oeste que se juzgaron en el Tribunal Oral Federal de Santa Rosa. También otros casos vinculados con cabarets que funcionan como prostíbulos. Uno, la supuesta habilitación irregular de uno de estos locales por el propio intendente de 25 de Mayo; otro, la investigación de una jueza rionegrina que siguió las ramificaciones de las redes de trata desde esa jurisdicción hasta la localidad pampeana de Macachín.

Las primeras condenas judiciales que se produjeron en la provincia bajo la nueva ley que reprime este tipo de delitos para quienes son engranajes y beneficiarios de esas redes comenzaron a andar un camino de castigo hacia esas prácticas aborrecibles. A través de la difusión de este tipo de juicios, se pone el acento en torno a la trama que encierra a la prostitución y a dar cuenta sobre los hilos que tejen la explotación y la esclavitud de muchas mujeres.

También se pudo advertir la preocupación de ciertos actores públicos comprometidos con erradicar los locales nocturnos que son los lugares en los que se ponen en funcionamiento los mecanismos para la explotación sexual de las mujeres. Desgraciadamente, no son mayoría en la provincia, aunque van sumando adherentes.

Son parte de una realidad que desde hace algunos años, no tantos, han logrado desandar camino en esta cuestión. Hoy, prácticas naturalizadas por décadas son observadas con mayor asiduidad y bajo un ojo más crítico y comprometido, como lo que son: delitos.

En paralelo, a pesar de los avances tanto en el campo judicial como en el social, hay otros espacios y actores que son parte, ya sea por falta de convicción, por complicidad o por omisión, que aún observan como cosa corriente este tipo de ilícitos. Y los hay tanto en el poder político como en las filas policiales. Si bien vale decir que en la provincia aún no se ha visto la participación activa de policías en proteger a estas redes como ocurre en Río Negro y en muchas oportunidades fueron factor central para llevar a cabo las investigaciones en los casos de trata. Sin embargo, otros pecan por connivencia cuando prefieren obviar desde la función pública una situación ilegal amparándose en el argumento de que son prácticas habituales y no condenables.

Frente a esto, la sociedad necesita del involucramiento de todos sus integrantes para llegar a desbaratar estas bandas y sus métodos. Estas se mueven en un submundo difícil de atacar por lo intrincado de su forma de operar y por la complicidad de clientes y de quienes deben ejercer desde la función pública los controles necesarios.

En los últimos tiempos se ha tomado conciencia de la ilegalidad de esos hechos. Pero aún falta mucho por andar para desnaturalizar prácticas delictivas constituidas como habituales a la vista de muchos ojos.

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