jueves, 15 de julio de 2010

Bajo los puentes y sin mundial

Elisa Rando (especial para ARGENPRESS.info)

Defender la alegría como una trinchera.
Defenderla de la miseria y de los miserables
… … …
Y del dolor de estar absurdamente alegres. (*)

Entre Mundial y Bicentenario. Entre roscas, trenzas, trampas y contubernios. Entre ríos contaminados y pactos indecentes. Entre aguas estancadas, mosaicos de Venecia y mármoles de Verona, la insolente vergüenza de escuelas destartaladas, hospitales sin anestesias y teatros maquillados para la ocasión. Todo junto. Todo revuelto. Todo emparchado. Todo, todo siniestra mascarada.

Opera, tango, ballet y Mataderos. Bicentenario y Mundial. Y, por todos lados huecos donde se refugian sin la menor dignidad, familias, hombres, mujeres, viejos, que perdieron trabajo, vivienda, afectos y esperanzas. Niños sin escolarizar, pulmones perforados por el paco. Y todos durmiendo por las calles, en los portales de una ciudad que cuando duerme no escucha, y cuando transita no mira.

Historia grande y pantalla chica. Paciencia infinita. Paciencia de gente pobre. Abandonados a su suerte pobre. Historia que no se escribe. Drama que nadie explica, porque no tiene personajes, solo les dicen “sujetos”.

Pero la gente siempre está. La ignoran y persiste. La gente mira, escucha, aguanta…está…y no puede creer que no la vean. No lo pueden creer los que lo sufren. Son tantos, no podemos creer que no los vean. Aunque los tapen. Aunque los árboles los cerquen. Aunque los desalojen a golpes. Las villas estás. La miseria se ve, se siente, se sufre. Aunque la quemen de noche…Aunque los maten de día…, la gente siempre está. Y no se puede razonar tanta ignominia. Tanto tiempo…y en silencio.

La realidad atropella y derrumba. Y en medio del asombro, la locura machetera del sheriff de Buenos Aires. En el Buenos Aires que cantó Gardel. Deshilachó Discépolo. Pintó Quinquela y reprimieron todos. Desde Falcón, hasta Videla. Desde Filomeno Velazco, hasta Borlenghi y López Rega.

El sheriff, no llegó solo. Lo antecede y acompaña la terrateniente burguesía nacional nacionalista; el capitalismo explotador del cinturón industrial, que crece, llora, produce y vende en negro: la histeria insoportable de un sector social que se dice clase media, prevenida y desclasada. Desconfiada, resentida y tilinga sin regreso. El sheriff tiene la compañía que merece.

La ciudad del puerto en la puerta, está escindida.

La provocación de Puerto Madero. La insolente prepotencia de Barrio Parque, Recoleta, Libertador y la miseria bochornosa de barrios marginales, villas, conglomerados urbanos que cobijan la indigencia. Silenciosa, enferma e ignorada.

Hay que vivir cada día, cada noche, cada lluvia, cada hambruna, entre chapas y cartones, bajo los puentes. A cielo abierto, y estrellado, como sus vidas. Corridos, escondidos, utilizados, acorralados…bajo los puentes.

Desconfiando hasta de su propia sombra. Prevenida de bondades y derrotas…, manipulada, expulsada, sospechada, está la gente. Están las villas, con varias generaciones de mujeres y hombres sin trabajo. Niños sin colchones, sin mantas, sin infancia, sin sonrisas. Ignorados. Despreciados. Prematuramente ausentes. Injustamente ocultos. Con lluvias y frío en inviernos. Con calores de infierno y pestes de verano, bajo soles calcinantes. El poder sólo los recuerda, cuando los cuenta, cuando los señala…, para reprimirlos. Expulsados a golpes de palos o insecticidas asesinos. Como moscas. Es cuando las ratas matan a las moscas. Si no los mata el frío, los mata el poder desaforado. El comisario de turno. El fiscal ausente y el cohecho que le propone robar para seguir viviendo y vivir para seguir robando. Para su turno, para su guardia, para el enjambre represor que los matará algún día. Su nombre es un número: su legajo. Su legajo: su sepultura NN.

Acosado y acosador, juego de gatos y ratones. Poder delincuente que cuida al que va a matar cuando se canse. Y que mata antes que se canse y “cante”.

Siempre fue el poder, el de turno o el asaltante dictador glorificado.

Ahora la histriónica novedad es el sheriff, que luce y regentea la más engreída de las ciudades argentinas. La que tiene una población que le brindó, graciosamente, el sesenta y dos por ciento de su masa electoral. Sin más méritos que la prepotencia de balbuceante “niño bien”. Una vergüenza porteña, tanguera y desconfiada. Y no fue una broma de inocentes. Fue una elección. Fue en junio. Y fue verdad… No había fiesta de inocentes. Hay, simplemente, víctimas inocentes.

Las villas y sus ocupantes fueron siempre botín electoral y objeto de seducción mafiosa. Cuando la justicia desaparecía bajo las botas asesinas y la metralleta urgente, fueron los primeros objetivos culpabilizados de ocultar militantes que pronto pagaron con sus vidas, el delito de querer un país sin miseria ni miserables.

Comenzaron siendo novedad cuando a mediados del siglo veinte,- no hace tanto-, peones y braceros llegaron del interior colgados de los trenes, –que existían-, creyendo de verdad en la revolución industrial y la justicia social. Comenzaba así, a sedimentar la fantasía de que las luchas sociales habían logrado terminar con la explotación capitalista. Que la legislación obrera, de verdad había llegado para quedarse. Y que podría sentirse un hombre libre en la tierra de las vacas, el trigo y el pan.

Hoy son “esa gente”: “negros de mierda”, (lenguaje de gente “culta”) analfabetos, vagos y sospechosos.

Creímos, creemos; queríamos, queremos; luchamos. Muchos fueron asesinados, los compañeros, los mejores ya no están. Creíamos que Carlos Marx había empezado a ser interpretado, comprendido, practicado. Pero algunos prefirieron al Viejo Vizcacha del Martín Fierro, y así estamos. Bajo las autopistas que construyó la dictadura y bajo los puentes donde mataron a Kosteki y Santillán.

A la justicia, como a las estrellas, el sol las tapa sólo unas horas. Siempre están. Y alumbran. Es cuestión de echarse a andar y mirar de frente a las estrellas…y al sol.

*) Mario Benedetti / Defensa de la alegría.

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