viernes, 30 de julio de 2010

La moral de los intereses y la moral del deber

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Chateubriand escribió en el Conservateur, econ fecha 5 de diciembre de 1818, un artículo sobre la moral de los intereses y sobre la de los deberes.

Traslademos la filosofía de esta distinción a los tiempos actuales, puesto que las ideas que encierra son intemporales.
Pues bien, esta distinción entre moral de intereses y moral de deberes es aplicable no sólo a la clase política, sino también a la pedagogía de la familia tradicional y la monoparental, como a la impartida en las escuelas tanto públicas como privadas.
Los políticos de la modernidad han inventado una moral nueva desde que fueron enterradas la moral nacionacatolicista, la autarquía franquista y la moral del trapicheo entre el Régimen y sus súbditos ganadores de la guerra civil. Esa "nueva moral" es la moral de los intereses; la moral de los deberes la reservan para los imbéciles. Ahora bien, esta moral de los intereses, que tan bien han asumido los políticos de los dos partidos mayoritarios, ha corrompido más a este país en un cuarto de siglo que la dictadura en casi cuatro décadas.
Quizá sorprenda lo que digo, pero es que no se puede corromper lo corrompido, y la tiranía ya es una corrupción en sí misma. Nació por consiguiente viciada la dictadura por el crimen de una guerra de sublevación, por sus crímenes posteriores y también por el vicio político extremo de la cooptación por uno solo y por su camarilla, del poder absoluto.

Mientras que la democracia prometía... La democracia que la reemplazó, excepto en el caso puntual del contencioso crónico del País Vasco, no está viciada tanto por la violencia, como por la seducción. Y por seducción entiendo todo lo que una falsa doctrina tiene de halagüeño. Así resulta que a menudo tomamos el error por verdad, pues cada facultad del corazón o del espíritu tiene su falsa imagen, la frialdad se asemeja a la virtud, el razonar a la razón, el vacío a la profundidad, y así sucesivamente.
Y en tanto que la moral de los intereses prepondera, la moral del deber ha desaparecido casi por completo, a menos que sea para exigírselo siempre al otro, pero jamás a nosotros mismos. Nosotros no tenemos deberes, y los políticos menos que nadie. Puesto que nadie siente el deber como deber, sino, en el caso de cumplirlo, como una concesión que hacemos a “el otro”. Pero es que la moral del interés no sólo no se repudia, es que se reafirma. Nadie se recata ya de justificar el abuso, el atropello, la tropelía y casi cualquier crimen, salvo que éste lo hubiere cometido un desgraciado, por el “interés”.

Así es que si el “deber” no existe, puesto que se ha proscrito tajantemente también la voluntad de la filosofía social, y el interés material es la idea fuerza que todo lo explica, lo allana y lo justifica, por mucho supuesto equilibrio de poderes que haya, todos están sometidos sencillamente al máximo poder, que es el interés.

No hay deberes, pues, ni hay que invocar la voluntad para afrontarlos, pues se hace lo que a cada cual le viene en gana, los medios ofrecen los espectáculos sin más límites que los que exijan sus intereses, y para los políticos todo vale. Todo está atravesado por el interés material, no moral.

No sé si hemos ganado mucho al pasar de la tiranía a la democracia. Quizá sí en materia de participación y en otras apariencias. Pero en cuanto a equilibrio mental de la ciudadanía, este país en conjunto es una jaula de grillos, una plataforma donde ya nadie es "normal" atenazado por la idea del interés. Y es porque al prevalecer éste por encima de todo lo demás, y haberse arrancado de cuajo el sentido del deber y la voluntad al servicio de la causa justa, todo ha pasado a manos de la indolencia, del pasotismo, de la indiferencia y de la libertad negativa. Por eso los conservadores, como lo saben o lo intuyen, sacan todo el partido de su agitación y su permanente rebeldía ante las leyes, apelando a un sentido del “deber” que en absoluto tienen. Lo aparentan para encubrir su moral del interés dirigida a ganar elecciones y a adueñarse de todo el poder posible para obtener todo el lucro posible. Y en cuanto a los progresistas, no es el interés material inmediato el que les mueve. Atienden a él preparando su futuro, para sacar provecho una vez que han dejado la política.

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