jueves, 15 de julio de 2010

La vida en los enclaves petroleros como condicionantes de la respuesta de los trabajadores ante la privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales

Susana Martínez (GRUPO CONTRAVIENTO-UNPA-UARG, especial para ARGENPRESS.info)

Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), creada en 1922 y privatizada en el año 1993, fue la principal empresa estatal de Argentina y el principal activo estratégico del país, constituyendo la explotación petrolera una actividad clave en lo que fue el desarrollo industrial.

El Centro Regional de Estudios Económicos de la Patagonia Central describía así al cumplirse 10 años de la privatización de YPF, las consecuencias sobre las comunidades patagónicas nacidas a partir de la explotación petrolera: “De ahí en más todo fue una debacle de importancia en los pueblos y ciudades que nacieron a la orilla de los pozos petroleros que se descubrieron desde 1907. Las economías locales y regionales sufrieron mutaciones de importancia generándose inmensos bolsones de pobreza, desocupación y desesperanza. Un tipo de sociedad estaba llegando a su fin y el tan mentado Estado benefactor keynesiano era reemplazado por el eficientismo del libre mercado. Miles de trabajadores perdieron sus puestos de trabajo, pero también se les escurrió por entre los dedos la esperanza de una vida digna. Algunos canjearon sus indemnizaciones por remises, taxis o kiosquitos, una cantidad importante prefirieron jubilarse, mientras que lamentablemente varios encontraron en el suicidio su única salida y muchos debieron reconvertirse a expensas de entregar su fuerza de trabajo al capital privado. Sólo unos pocos canalizaron sus fuerzas a través de la lucha contra el proceso privatista que se había enquistado en la conciencia de la mayoría porque "en YPF había muchos vagos que no querían trabajar o se robaban todo". Comodoro Rivadavia fue partícipe necesario de todo este proceso y aún hoy sigue padeciendo las terribles secuelas que aquella historia reciente le caló en lo hondo de su ser. El fantasma de la petrolera estatal sigue deambulando por los yacimientos, los barrios y las edificaciones de la ciudad...”. (1)

Esta referencia sintetiza el rol que tenía la empresa YPF en las regiones petroleras y el fuerte impacto de su privatización, que implicó para los trabajadores en particular, nada menos que el desvanecimiento de una forma de vida que se consideraba que nunca se iba a modificar.

El proceso privatizador de una empresa fundamental para Argentina como fue YPF, se inicia en el año 1989 con la Ley de Reforma del Estado y se concreta en junio de 1993. Tal como lo relata en el año 1995 el presidente de la empresa, José A. Estenssoro: “YPF había crecido hasta llegar a contar con más de 52.000 empleados (37.000 permanentes y otros 15.000 con contratos temporales de trabajo) y había acumulado una variedad de activos, que incluían escuelas, hospitales, salas de cine, servicios especializados de todo tipo y tamaño, talleres y un números de aviones y barcos que podían constituir las segundas flotas más grandes del país” (2). Al momento de la privatización, lo primero que se consideró fue la necesidad de “reducir su tamaño y después reestructurarla para hacerla eficiente y competitiva antes de su privatización en las bolsas del país e internacionales”. Se comenzó con la venta de los activos de la empresa: desde campos petroleros considerados marginales como ubicados en áreas centrales de explotación, refinerías, oleoductos, la totalidad de la flota petrolera e instalaciones de embarque de petróleo y todos los aviones, equipos de perforación y también “YPF se desprendió de clubes, supermercados, iglesias, cines, barrios, edificios administrativos, galpones y terrenos no usados...”.

Pero como señala Estenssoro “La reducción de personal fue la decisión más dolorosa pero inevitable, en el programa de transformación. Se logró sin huelgas, sin confrontación con el sindicato y evitando provocaciones y dolorosos traumas sociales....a la conclusión del vínculo laboral se pagaron las indemnizaciones completas previstas por ley. Este programa costó a la empresa más de 1000 millones de dólares que se pagaron entre 1991 y 1993. Esto redujo los planteles de personal de las de 52.000 en 1990 (permanentes y temporales) a menos de 6000...”.

Ahora bien, más allá de los mecanismos que desde el estado se instrumentaron para instalar en el pueblo en general el convencimiento de que la única y mejor salida para el país pasaba por el “achique de un estado elefantiásico e ineficiente” o las indemnizaciones que en el caso de YPF por su monto y mecanismos para implementar los llamados eufemísticamente “retiros voluntarios”, tuvieron un carácter casi extorsivo; no deja de resultar llamativo la escasa resistencia, si bien la hubo, y la relativa facilidad con que los miles de trabajadores de YPF aceptaron la privatización de la empresa y los despidos masivos.

¿Por qué los trabajadores de los enclaves petroleros no opusieron una mayor resistencia ante la privatización de la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales?

¿Alcanzan las explicaciones vinculadas al disciplinamiento que habría implicado el terrorismo de estado del gobierno militar o la hiperinflación, junto al rol que jugaron los medios de comunicación respecto de la necesidad de desmantelar un Estado ineficiente y corrupto, o la cooptación (traición) de las dirigencias sindicales, siendo paradigmático el caso del rol jugado por Diego Ibañez, al frente del Sindicato Unidos Petroleros del Estado? Estas son seguramente solo parte de la respuesta.

La región patagónica será una de las más afectadas por transformaciones de los años noventa, dado que las explotación petrolera, y en particular de la mano de la empresa YPF, generó grandes oleadas migratorias desde otras regiones del país, expulsoras de población, y desde el país limítrofe, Chile, sobre todo a partir de la década de 1960, bajo la marcada influencia de las políticas desarrollistas que caracterizan el período.

Los trabajadores que llegados a la región para incorporarse a la actividad minera, -ante la necesidad de las empresas de constituir un mercado de trabajo en la zona-, recibirán buenos sueldos, garantía de un futuro asegurado para su familia; progreso económico y ascenso social; cobertura de salud; acceso a la vivienda; una estructura donde el Estado garantiza la situación laboral y una futura jubilación; ciudades que nacen prácticamente a partir del establecimiento de la empresa estatal y donde toda la vida comunitaria gira en torno a la misma, que controla el hospital público, los servicios, el club social, etc..-

La explotación petrolera y gasífera es así en gran parte de Patagonia, el eje alrededor del cual se dará el desarrollo económico; desplazando a la actividad ganadera (ovinos) que en su momento generó el poblamiento a fines del siglo XIX. Surgiendo enclaves que es la forma que adoptó la explotación minera.

Los enclaves productivos, desde el punto de vista económico-social han sido objeto de diferentes estudios a partir de los cuales se los puede caracterizar en base a algunos elementos que les son propios: un relativo aislamiento geográfico y a su vez una fuerte dependencia de los centros mundiales o nacionales de decisión política. Gran concentración de capital y alto número de asalariados donde se destaca una muy heterogénea composición migratoria y donde los lazos del trabajador con su familia y con el centro productivo (empresa) son muy estrechas. En general se basan en producción de tipo estratégica, como la actividad minera. El resto de las actividades económicas del enclave están en función de la actividad principal. Gran vulnerabilidad ante los cambios o crisis económicas (por ejemplo la baja o la suba del precio del petróleo). Papel central del sindicato en la comunidad. (3)

Para responder a los interrogantes anteriormente planteados es necesario avanzar en el conocimiento de las formas de organización de los trabajadores y en particular la formación de la conciencia, lo que implica conocer qué conciencia de si, de su situación y de su inserción en la sociedad, tiene una fracción de la clase obrera, tal que ante los drásticos cambios que en su situación se produce con las privatizaciones de las empresas públicas en Argentina, en particular de la Empresa YPF, los acepta prácticamente sin lucha y casi sin plantear alternativas.

Se trata entonces de encontrar cuál es la forma de conciencia y el grado de organización de esta fracción del proletariado, la de los trabajadores petroleros de la empresa estatal YPF, -que en Patagonia fue históricamente la capa más acomodada dentro de los asalariados tanto del estado como del sector privado-; lo que se va a manifestar en los fines y metas que persiguen y los intereses que defienden.

Hemos tomado como caso testigo para analizar el proceso de formación de esta fracción del proletariado, el del flanco sur de la Cuenca del Golfo San Jorge, es decir la zona norte de la provincia de Santa Cruz, donde ha sido y es en la actualidad, muy alta la concentración de trabajadores petroleros, ya que la actividad hidrocarburífera es la más importante de la zona y de hecho la que generara el poblamiento de la región y el nacimiento de localidades eminentemente petroleras como Caleta Olivia, Pico Truncado, Las Heras, Cañadón Seco; tratando de conocer, su procedencia e inserción social de origen; las relaciones sociales y comunitarias en el marco de la empresa estatal; las luchas llevadas adelante; así como el rol del sindicato. Elementos que permitirán acercarse al conocimiento de la situación en que se hallaba esta fracción del proletariado en el contexto de los cambios que acontecen en el país a partir de la imposición hegemónica del capitalismo financiero en la década de los noventa; y la forma en que los trabajadores petroleros perciben dichos cambios y las estrategias que en consecuencia implementan para tratar de defenderse.

Elementos a partir de los cuales poder acercarnos a la caracterización de los trabajadores petroleros, fracción de trabajadores que presenta características que les son propias centradas en la actividad en la que se hallan insertos; las relaciones laborales y las vinculaciones con otros grupos sociales, variables entre otras a considerar, que se encuentran en el plano objetivo de las relaciones materiales de existencia. Análisis que nos permitirán aproximarnos a la descripción de la clase social en sí.

Los hombres en la producción de su vida material contraen relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser; por el contrario, su ser social es lo que determina su conciencia. (4)

La teoría social clásica analiza cómo la dominación del capital crea una masa de trabajadores con una situación común e intereses comunes. Esta masa constituye así una clase frente al capital, pero no lo es aun en si misma, lo es solo como atributo del capital. Es en la lucha cuando esta masa se reúne, se constituye en clase por sí misma. (5) Constitución que implica necesariamente un proceso, el cual se va conformando a partir de enfrentamientos sociales. Y es en esos momentos cuando puede haber cambios en la mentalidad, en las formas de conciencia.

Los cambios que se producen entonces en las condiciones económicas de producción van a producir manifestaciones en las formas ideológicas y ello dependerá de la conciencia que los hombres tengan de los conflictos para resolverlos, o sea de la percepción de su situación. En esa forma de conciencia pueden prevalecer distintos aspectos de la situación en que se encuentran; puede prevalecer su aspecto de “asalariados”, tomar conciencia de esa situación de aparentes propietarios de una mercancía (fuerza de trabajo), y tratar de mejorar su situación en tanto tales; o bien puede prevalecer su aspecto de expropiados de sus condiciones materiales de existencia, y tratar de eliminar la explotación. Grados de conciencia que se vinculan con aspectos de su situación, y por eso con intereses inmediatos o intereses históricos que hagan a su totalidad como seres humanos.

La conciencia para sí es una construcción, es por lo tanto un proceso que pasa por distintos momentos, en que los trabajadores van tomando conciencia de sus intereses. No es lo mismo que su conciencia (aún burguesa) plantee la competencia entre los individuos que la competencia de las fracciones, ni, menos aún, que se tenga conciencia como clase para el capital, es decir, que se conciba a la totalidad de la clase como un todo que tiene derechos como poseedores de fuerza de trabajo, esto es, por ser asalariados.

Se han realizado entrevistas a trabajadores que llegaron a la zona en el momento de expansión de la explotación petrolera y transitaron el proceso de privatización, entre otros documentos primarios y secundarios.

Uno de los elementos que resalta a partir de este primer acercamiento al problema, es la cuestión de los vínculos individuo-sociedad, donde uno de los elementos que se destaca en las entrevistas realizadas es el aislamiento del trabajador de YPF en relación con el resto de la sociedad.

Es común en la zona la referencia y las crónicas que relatan la profunda diferenciación entre los llamados “ypefianos” y el resto de la sociedad, como un sector privilegiado, separado, al que era difícil ingresar, constituyendo una capa más acomodada respecto del resto de los trabajadores, como un “estrato obrero privilegiado”, evidenciado en sus hábitos, estilos y expectativas de vida. Esto se ve claramente en la tendencia a la separación de los barrios de los trabajadores de YPF y a la importancia que tienen para ellos sus clubes, proveedurías y lugares para el deporte o el ocio separados del resto, sus hábitos de consumo: mayor disponibilidad de bienes relativamente costosos, signos que reflejan la diferenciación de categoría de quienes podían obtenerlos; y lo que es muy importante el nivel y regularidad de sus ingresos. (6)

La preocupación por el “progreso económico y social”, pasa en gran medida para esa sociedad a un primer plano, tornándose como el interés u objeto principal. “La gente llega a la Patagonia con un ‘mandato’: el desarrollo económico que no pudo hacer en su lugar de origen. Entonces ante el primer asomo de fracaso, comienza a emerger toda una serie de conflictos: desarraigo, el alcoholismo, la depresión”. (7)

Considerando entonces a su vez que la mayoría de los trabajadores proviene de provincias pobres (en general del norte del país, Catamarca, La Rioja, Salta, entre otras) habiendo escalado por lo tanto, rápido socialmente, esto resulta ser un elemento muy perturbador para la personalidad; y se ve fomentado por la posición importante que la empresa tiene dentro del enclave, que hace que el trabajador de YPF se sienta superior, parte de la empresa, y diferente al resto de la sociedad; lo que coadyuva a su más difícil integración.

Conformándose una sociedad fragmentada entre los que trabajan en el petróleo y “los otros”, donde la competencia -que es como diría Engels la expresión más completa de la guerra de todos contra todos dominante en la moderna sociedad burguesa- entre los trabajadores de los enclaves mineros, hace a ese aislamiento de que hablábamos.

Cabe citar los aportes desde otras disciplinas como el trabajo de la Lic. en Psicología Alejandra Azpiroz (8), quién para referirse a cómo influyen los cambios socio-económicos de los años noventa en los enclaves mineros, realiza un análisis desde su disciplina del ámbito social-familiar propio de dichos enclaves, planteando que las características del trabajo en los enclaves mineros “coadyuvan al advenimiento de diversas manifestaciones patológicas”: conductas adictivas, la accidentofilia, las enfermedades psicosomáticas, la violencia familiar, que dejarían al individuo “en un estado de desvalimiento afectivo”.

Se describe a la familia petrolera como una constitución familiar particular; en ella, por la tipología del trabajo (mayoritariamente masculino, con largas jornadas fuera del hogar, a veces por varios días en campamentos a varios kilómetros, en espacios inhóspitos, con riesgos y accidentes de trabajo peligrosos y frecuentes), la mujer, la madre, suele funcionar como jefe de familia “organizando las actividades escolares, sociales, recreativas y religiosas de sus miembros” postergándose a su vez las actividades más placenteras al momento de la llegada del padre, al que caracteriza como ese “extranjero conocido” que conforma una constelación totalmente diferente al de la madre y los hijos, ese hombre que en realidad vive “afuera” y cuya integración suele ser conflictiva.

Resultan ilustrativos asimismo los relatos de ex-trabajadores o historias de vida, como por ejemplo la de Carlos Alberto Reinoso, ex-empleado de YFP, autor de varios trabajos dedicados a su paso y retiro de la empresa; quién. habla de la “orfandad” que significó para él, como para muchos de sus compañeros, alejarse de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (9), señalando: “Seguramente no estábamos preparados para irnos, y menos todavía, para ingresar a un mundo de competencia, donde la experiencia juega un rol protagónico” “Imposible retirarse de YPF y olvidarse de sus 47 años otorgando pujanza y grandeza al norte Santacruceño...que es la tierra adoptiva de muchos norteños que abandonamos nuestras provincias para crecer junto a la empresa nacional...”. Y se pregunta: “¿Estuvo mal que YPF creara barrios, otorgara viviendas, transporte, hospitales, proveedurías, pasajes aéreos, comedores y una inagotable obra social ?...quizás.”

Como vemos era muy fuerte el nexo entre el trabajador y la empresa estatal a la que se añora y cuya privatización representó para muchos, no sólo la pérdida del trabajo sino hasta de la familia, y a nivel individual un profundo sentimiento de orfandad.

YPF lo era todo, sin duda representaba a la autoridad, una autoridad que era vista como la madre, una madre “proveedora”, y por lo tanto, omnipotente; lo que también llevaría implícito el temor, la angustia, ante la idea de ser “abandonado por la madre”; de ser excluído.... Se podría entonces a partir de esta mirada comprender cómo pesaba sobre los individuos, sobre los trabajadores, YPF; como una autoridad coactiva y donde, -como con la materna- “la libertad de elección, de contestación, de rebelión, de reflexión crítica brilla por su ausencia”. (10)

¿Conformarían así los ypefianos un grupo donde sus miembros carecían de autonomía?; en el sentido de que no se sentían capaces de vivir si no era dentro y bajo el amparo de la empresa-madre. Lo que explicaría la postración y la misma muerte en el caso de exclusión, como plantea el ex-empleado Reinoso.

Hombres que provenían en su amplia mayoría de zonas rurales, sin instrucción, y escasa experiencia laboral y mucho menos sindical, que prontamente logran en el marco de la empresa estatal, ascender socialmente; y que pasan de sentirse seguros tanto ellos como sus familias -sus hijos seguramente también se incorporarían a la empresa estatal, como era práctica común-; a encontrarse de pronto solos frente a sí mismos y frente a los demás, desarmados, culpabilizados, desgraciados, sin poder comprender las contradicciones de su sociedad, por el modo en que estaba organizada y controlada su vida en el marco de la gran empresa-madre.

La forma que adoptan los enclaves mineros, que se corresponde con un modelo empresarial del tipo “paternalista” y que resulta ser un hábil mecanismo de dominación y control por parte de la empresa, en la hipótesis que pretendemos traer a la discusión da lugar a efectos subjetivos tanto individuales, como familiares y grupales, que se relacionan directamente con las características del trabajo y la vinculación tan estrecha con la empresa que explota el enclave minero. La historia colectiva marca a los individuos y su vida cotidiana por lo que el estudio de lo subjetivo, lo simbólico o incluso el estudio de las patologías a que da lugar, permiten aproximarse al conocimiento de la dinámica de una sociedad y su capacidad de adaptación o resistencia al cambio. (11)

“Al reseñar este conjunto de políticas sociales y laborales impuestas por Mosconi en la empresa estatal, podemos observar que las mismas tienden a la producción de un sujeto social -los trabajadores de YPF- que al ser despojados de su autonomía político-sindical y aún cultural abrazaron la causa de la nación (en el orgullo de ser ‘ypefiano’) a partir de una cerrada adhesión a los dictados de la empresa. De tal manera que la misma ya no será vista por los trabajadores como agente de explotación y alienación, sino como la vanguardia en la defensa y promoción de los intereses de la patria. Esta identidad colectiva construida en los años de la administración de Mosconi, se consolidará a lo largo del tiempo y perdurará hasta el proceso final de privatización de la empresa”. (12)

La historia de vida de los trabajadores entrevistados nos da así elementos para construir el perfil del trabajador de YPF, arribado a la provincia entre los años 50 y 70, en plena expansión petrolera, momento en el que había que constituir un mercado de trabajo para la zona, y que como recomendaba Mosconi en décadas anteriores, -como una manera de “argentinizar” la mano de obra y eliminar posibles conflictos sociales- se implementó a través del reclutamiento de “trabajadores de baja calificación en el noroeste artigentino” (fundamentalmente catamarqueños) para reemplazar a los obreros extranjeros …”. (13)

No puede dejar de considerarse sin embargo, que no hubo una respuesta única por parte de los trabajadores; aunque minoritaria, hubo resistencia a la privatización, las dirigencias locales del SUPE (Sindicato Unidos Petroleros del Estado) denunciaron la “entrega” de la empresa YPF y sus consecuencias sobre los trabajadores, y organizaron paros y movilizaciones en su defensa. (14)

Más al aislamiento respecto de la conducción nacional de SUPE, se sumó el aislamiento del trabajador “ypefiano” de la propia sociedad en la que se hallaba inserto, que se tradujo en indiferencia respecto de sus reclamos con los cuales la mayoría no se sintió consustanciada. Primando por otra parte en la mayor parte de los mismos trabajadores la idea de la “salvación individual” a través de las indemnizaciones, participación accionaria en la nueva empresa privada, micro-emprendimientos -en su mayoría fracasados- o la esperada inserción en alguna petrolera privada.

¿En realidad la respuesta a la falta de capacidad de reacción ante la privatización de YPF, no habría que buscarla en el individualismo que presentaba esa sociedad “del bienestar” en la corporación que conformaban los “ypefianos” y que se observa en su aislamiento del resto de la comunidad.?

Lo expuesto nos lleva a concluir, como hipótesis que pretendemos demostrar según resulte del desarrollo de la investigación, que: los trabajadores petroleros del norte de la provincia de Santa Cruz (Argentina) de la empresa estatal YPF respondieron mayoritariamente en forma pasiva al proceso privatizador, ya que por el hecho de conformar la capa más acomodada dentro de su clase, se encontraban en una situación de aislamiento, que llevó a la construcción, en los enfrentamientos que libraron, de una conciencia basada en la competencia individual o más bien en su condición de fracción privilegiada, que los llevó a perder de vista la necesidad de unidad de los trabajadores y reforzó la competitividad, los aisló de otras fracciones obreras, y eso los colocó en una situación de debilidad.

La situación de los trabajadores “ypefianos” en el marco de la empresa estatal necesariamente se vincula entonces con la respuesta ante la privatización. Lo que no es sino establecer la necesaria conexión entre la sociedad asentada en el individualismo, con la desvalorización del hombre, lo que expresa en definitiva la enajenación del trabajador en el capitalismo, enajenación que en el contexto de la estrategia paternalista de la empresa estatal, queda más oculta aún, donde todas las funciones humanas pasan a ser controladas, ya que pertenecerá a YPF no solo el producto del trabajo de sus trabajadores, sino toda su vida misma, lo familiar, el ocio, la salud, el engendrar hijos, el alimentarse, ya que también pertenecían a YPF, las casas familiares, el club social, el hospital, la proveeduría…“El trabajo enajenado …hace del ser genérico del hombre, tanto de la naturaleza como de sus facultades espirituales genéricas, un ser ajeno para él, un medio de existencia individual. Hace extraños al hombre su propio cuerpo, la naturaleza fuera de él, su esencia espiritual, su esencia humana... Una consecuencia inmediata del hecho de estar enajenado el hombre del producto de su trabajo, de su actividad vital, de su ser genérico, es la enajenación del hombre respecto del hombre. Si el hombre se enfrenta consigo mismo, se enfrenta también al otro. .Lo que es válido respecto de la relación del hombre con su trabajo, con el producto de su trabajo y consigo mismo, vale también para la relación del hombre con el otro y con el trabajo y el producto del trabajo del otro….En la relación del trabajo enajenado, cada hombre considera, pues, a los demás según la medida y la relación en la que él se encuentra consigo mismo en cuanto trabajador”. (15)

Notas:
1) “A 10 años de la privatización de YPF – Análisis y consecuencias en la Argentina y en la cuenca del Golfo San Jorge” Autores: Cr. César V. Herrera - Periodista Marcelo García- Centro Regional de Estudios Económicos de la Patagonia Central Fecha: 2003/enero/23
2) Estenssoro, José A. “La transformación de YPF”, en Libro del Año 1995, Encyclopaedia Britannica Publishers, INC. EUA, 1995, págs. 15/16.
3) Cfr. Salvia, Agustín. “La adopción del retiro voluntario por trabajadores de una empresa minera”. Rev. WAXEN Nº 6 – 12/94 (Publicación Científica Universidad Federal de la Patagonia Austral). Pags. 151/195.
4) Marx, Karl, Contribución a la crítica de la economía política (Prólogo), México, Siglo XXI, 1997
5) Marx, Karl Miseria de la filosofía, Bs. As., Gradifco, 2006, p 172.
6) Es interesante confrontar los debates acerca de la aristocracia obrera, sus hábitos, las expectativas, las condiciones de vida y el supuesto aburguesamiento ideológico de los estratos obreros favorecidos; línea que entendemos corresponde profundizar .(Cfr. Hobsbawm, Eric. El mundo del trabajo. Ed. Crítica, Barcelona, 1987).
7) Diario Página’12. 29/09/94 (Informe especial sobre las enfermedades mentales típicas de la Patagonia).
8) Azpiroz, Alejandra. “Las consecuencias psíquicas en la vida anímica del trabajador patagónico, a la luz de las crisis socioeconómicas”. Revista Observatorio Patagónico (UNPA). Año 1, Nº 2, p 19/22. Caleta Olivia. Septiembre 2000.- (Se relevaron para éste trabajo mil historias clínicas del hospital público de la localidad petrolera de Caleta Olivia).
9) Reinoso, Carlos Alberto. Cementerio de Cigüeñas. Ed. Mapu-Che, Caleta Olivia. 1995.
10) Cfr. Mendel Gerard. La descolonización del niño. Ariel. Barcelona. 1974, p 83.
11) Cfr. Viñar, Marcelo N.. “Historia y psicoanálisis: diálogo entre oficios”. Revista Uruguaya de Psicoanálisis 1997, Nº86, p 23/28.
12) Mases, Enrique H.. “Mosconi y los trabajadores de YPF”. Revista Todo es Historia (Edición Especial: 100 años de petróleo en la Argentina). N° 484, Noviembre de 2007, pág. 20.
13) Mases, Enrique H.. Op. cit., pág. 19.
14) José Daniel BENCLOWICZ. La lucha contra la privatización de YPF en Tartagal y Mosconi. 1988-1991. Sociología del trabajo – Estudios culturales – Narrativas sociológicas y literarias. Núcleo básico de Revistas Científicas Argentinas del CONICET N° 15, Vol XIV, Otoño 2010,Santiago del Estero, Argentina. ISSN 1514-6871 (Caicyt-Conicet) (www.unse.edu.ar/trabajoysociedad).
15) Marx Karl. El trabajo alienado (Manuscritos), Barcelona, Altaya, 1997, pag. 117.

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