jueves, 8 de julio de 2010

Petróleo en el mar: Fijando límites

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

El accidente en Deepwater Horizon que ha provocado un derrame de petróleo en el Golfo de México, ilustra la mezcla de manipulaciones corporativas o gubernamentales, el sensacionalismo de cierta prensa, las posiciones de algunas tendencias ecológicas y la crítica superficial y desmesurada a proyectos económicos de riesgo.

Tales confusiones favorecen tendencias que erróneamente identifican la defensa de las explotaciones petroleras y de otros recursos en el mar, o las actividades económicas en condiciones climáticas extremas con actitudes reaccionarias.

Lo que más abunda en la andadura humana son las hazañas que convierten la historia en epopeya. Los paradigmas del hombre no son los reveces, sino el éxito de los conquistadores del fuego, de quienes sin tener alas volaron hasta alcanzar la luna y sin ser peces navegaron para llegar al Nuevo Mundo; son los mismos que domaron la electricidad, dominaron la energía contenida en el carbón, el petróleo y el uranio; crearon las maravillas urbanas, las lenguas y las escrituras, las artes y la literatura, se rebelaron contra la injusticia y desarrollaron la espiritualidad, los sentimientos y la fe.

La extracción de petróleo en aguas profundas no es un límite a la audacia y a la inteligencia humana, sino apenas otro desafío.

En una noria interminable de acierto — error, la humanidad se inventó a sí misma. El hombre que originalmente no fue la criatura más fuerte ni la más veloz, creció, enfrentó todos los retos sin someterse a las exigencias del medio, sino que con talento y audacia, en el curso de apenas diez mil años, enfrentó fuerzas colosales, interactuó con ellas y se sobrepuso a las limitaciones naturales que lo hacían una criatura frágil y vulnerable.

Sin embargo la experiencia del impacto ejercido sobre el medio natural, que no sólo ha sido transformado sino a veces degradado, especialmente por la actividad económica, sugiere que hoy, cuando las exigencias del desarrollo empujan a la búsqueda de recursos en los fondos marinos, las entrañas de la tierra e incluso en el espacio exterior, se debieran promover actitudes más cautas y responsables, de modo que los riesgos ambientales sean mínimos.

El derrame de crudo en el Golfo de México, entrará en la historia como ejemplo del comportamiento irresponsable de quienes iniciaron una aventura para la cual no estaban debidamente preparados, pero será trascendido. En honor a la verdad, vertidos de crudo ocurren todos los días en muchos lugares, entre ellos el delta del río Níger y el golfo de Guinea, en Senegal y en Cabinda de los cuales jamás nos enteramos, entre otras cosas, porque no afectas las costas de Luisiana o Texas ni hacen peligrar las playas de la Florida.

La búsqueda de petróleo en el mar es una alternativa viable ante el agotamiento de los yacimientos en la tierra. El primer yacimiento en el mar fue descubierto en 1935 y la explotación se inicio en 1946 en California. Desde entonces se han perforado unos 20 000 pozos en los lechos marinos, 75 países han reportado existencias y en 28 ya se extrae o se perfora, tanto cerca de las costas como mar adentro. En los últimos cinco años la extracción de petróleo en el mar creció casi en un setenta por ciento; sin embargo son relativamente pocos los accidentes catastróficos.

Naturalmente que, como todo lo nuevo, la prospección y explotación petrolera en el mar a considerables distancias de la costa y en aguas cada vez más profundas y en pozos que en cualquier momento pueden alcanzar diez kilómetros de profundidad, no es todavía ciento por ciento segura y plantea problemas económicos, tecnológicos y humanos; sin embargo no existen alternativas si se puede esperar que los países pobres que necesitan tales recursos, renuncien a ellos sólo porque extraerlos implica riesgos.

Al ejemplo de México que desde años explota el petróleo del Golfo de México, se unió recientemente Brasil, que a su exitoso desempeño económico, ha sumado el hallazgo de espectaculares yacimientos cuya explotación ha iniciado sin la menor vacilación. El hecho de que el maná se encuentre en el Atlántico sur a más de cinco mil metros de profundidad y a 300 kilómetros de la costa no ha representado un obstáculo insalvable para Petrobras, una empresa estatal, líder mundial en explotaciones off shore.

Asociados con Brasil y con empresas trasnacionales, a Nigeria y Angola, tradicionales productores de petróleo submarino en África, se suman los países del Golfo de Guinea, Cabo Verde, Sudan y otros que han hecho de África el productor del 11 % del petróleo del mundo y que a corto plazo tiene en los combustibles oportunidades a las que no renunciaran porque se encuentre en el mar. Turquía es otro Estado emergente que se interna en el mar Negro en busca de petróleo.

Hace varias décadas que Estados Unidos depende del petróleo importado y no es razonable pensar que renunciará a los 17 000 millones de barriles que existen en sus costas y aguas.

La certeza de que existe petróleo en cantidades comerciales en los mares próximos a las islas Malvinas que ha comenzado a ser explotado por Inglaterra, relanza el tema de la soberanía añadiéndole un nuevo y problemático ingrediente.

La búsqueda de petróleo y gas en los océanos no se detiene en el umbral formado por los mares calientes, sino que avanza sobre el Ártico que según se afirma contiene reservas por aproximadamente un billón de barriles y más del 20 por ciento de todo el gas existente en el planeta. Naturalmente que en ecosistemas tan extraordinarios, de climas extremos, habitad de especie exclusivas, donde los riesgos son mayores, los impactos pueden ser más negativos, las preocupaciones deben ser excepcionales.

Luchando contra las dificultades que impone la escasa solvencia económica, a lo que se suma el bloqueo y la agresiva política de Estados Unidos, Cuba trata de insertarse en la explotación del petróleo y el gas existentes en los espacios del Golfo de México y el Mar Caribe, que corresponden a aguas bajo su soberanía económica.

No hay límites a la audacia y la creatividad humana con la ventaja de que la técnica y la ciencia que ella misma ha creado, permiten a la humanidad hacerlo todo de un modo más seguro y responsable para que eventos como los que ocurren hoy en el Golfo de México queden excluidos.

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