martes, 10 de agosto de 2010

Estados Unidos: El caso del general Lavelle

Pedro Aponte Vázquez (desde Puerto Rico, especial para ARGENPRESS.info)

Aun conociendo uno bien a los yanquis, en ocasiones no deja de sorprender de lo que son capaces de hacer en perjuicio hasta de sus propios combatientes.

Tal es el caso de un general (de cuatro estrellas) de la fuerza aérea a quien el Pentágono acusó de haber “ordenado más de 20 bombardeos ilegales contra baterías antiaéreas vietnamitas desde fines de 1971 hasta principios de 1972" y de luego requerirles a los tripulantes involucrados someter “informes falsos” sobre las operaciones.

El gobierno de Estados Unidos llevó a cabo una investigación en medio de escandalosas alegaciones en los principales medios periodísticos de que el general John D. Lavelle estaba conduciendo su propia “guerra aérea privada” por lo que finalmente fue degradado al rango de mayor general, dos niveles más bajos que el de general, y obligado a retirarse en abril de 1972.

Lo llamativo en este asunto es el hecho de que, según acaba de revelar el diario The New York Times, el propio presidente Richard Nixon, de desgraciada recordación, en su condición de comandante en jefe de las fuerzas armadas le había ordenado secretamente a Lavelle, a través de sus superiores en el Pentágono, “bombardear lugares peligrosos a su antojo” -es decir, sin restricción alguna-.

Mientras el Congreso celebraba vistas públicas en torno al escándalo, el New York Times cuestionó editorialmente si “la política pública sobre asuntos exteriores y de defensa (sic) había sido "usurpada” por un general “desafiante” del aparato militar; “o si el gobierno había mentido sobre sus reglas pertinentes a los bombardeos; o si era más bien un asunto de comunicación defectuosa o ineptitud”.

Nixon, su asesor en seguridad Henry Kissinger y altos funcionarios del Gabinete presidencial y del estado mayor conjunto, ocultaron la verdad mientras veían indiferentes a Lavelle caer en desgracia públicamente ante la deshonra de ser degradado, destituido de su cargo y separado del servicio militar.

La verdad quedó oculta por casi 40 años hasta que, según reveló el diario The Washington Post, dos investigadores históricos, el general de la fuerza aérea Aloysius Casey, y su hijo Patrick, la encontraron en documentos desclasificados y en las grabaciones del tristemente famoso presidente yanqui.

Una nueva investigación reveló entonces que el general, quien murió en 1979, poco después de ser degradado y destituido, decía la verdad cuando insistió infructuosamente en que había actuado según órdenes recibidas, que no les había requerido informes falsos a sus pilotos y que tan pronto se enteró de la confección de informes falsos había ordenado detener esa práctica.

Nixon, por su parte, afirmó que el general mereció que se le destituyera y, concluido el caso, siguió ordenando bombardeos ilegales.

Si así tratan a un general de cuatro estrellas en las fuerzas armadas yanquis en el más alto nivel de la jerarquía, ¿qué pueden esperar miles de reclutas en los niveles inferiores?

Ya está en camino el proceso de corregir el expediente militar de Lavelle y devolverle el rango que ostentaba.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.