Andrei Fediashin (RIA NOVOSTI)
El partido republicano espera arrebatarles a los demócratas un buen número de escaños y pasar a dominar en las dos cámaras del Congreso. Cosa factible, ya que el número de los que ponen en tela de juicio la gestión de Obama y del Partido Demócrata crece continuamente.
Barack Obama se encontrará tras sus vacaciones veraniegas con un país muy diferente al que le eligió en noviembre del 2008. Entonces casi un 50% de electores pensaba que Barack Hussein Obama era cristiano (y lo es: se graduó en una escuela católica de Indonesia y es conocida su parroquia católica de Chicago). Sin embargo, ahora lo cree sólo un 34%. No obstante, lo más llamativo de todo es que uno de cada cinco estadounidenses está convencido ya de que el 44º presidente de los EEUU es musulmán. El resto de la población no tiene claro qué religión profesa su presidente, si es que es creyente en definitiva.
Los estadounidenses, al igual que muchas otras naciones, siempre han sido muy volubles y vulnerables a los diferentes tejemanejes políticos inherentes a los acontecimientos políticos más relevantes. Pero para alcanzar unos niveles de inseguridad como los de ahora deben haber sido empleados unos métodos fuertes y radicales como nunca antes. Y no ha sido difícil encontrarlos en estos tiempos revueltos, cuando las guerras en Irak y Afganistán y los atentados del S-11 han hecho a los norteamericanos abiertamente hostiles a las creencias religiosas ajenas. No hace falta explicar por qué.
La manzana de la discordia está en la intención de construir un centro cultural musulmán en Nueva York, la metrópolis más internacional de todas las ciudades del país, a escasos metros de las Torres Gemelas destruidas el 11 de septiembre de 2001. El revuelo que han armado los republicanos ha provocado que el centro sea llamado por la gente "Mezquita en la Zona Cero" o Ground Zero Mosque, aunque este nombre no tiene nada que ver con la realidad. En la práctica, se trata de un centro cultural de 13 pisos con biblioteca, gimnasios, auditorio, cafés, tiendas, escuela culinaria, etc. Sí, tiene una pequeña mezquita. Pero el genio político norteamericano no deja de asombrar y no tiene parangón. Este fenómeno está bien descrito en la obra de Mark Twain "Running for Governor". Así que a este centro cultural musulmán le han colgado el sambenito de Megamezquita en la Zona Cero para que suene de una manera más siniestra.
Los republicanos afirman que construir una mezquita aquí es lo mismo que colocar símbolos nazis junto al museo del Holocausto en Washington o construir un templo del Ku-Klux-Klan cerca de una iglesia negra en Alabama. Este hecho, subrayan los republicanos, insulta a los familiares de las casi tres mil víctimas de los atentados.
En cualquier caso, el departamento de conservación de los monumentos ha aprobado su construcción, y el alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, apoya el proyecto, al igual que la mayoría de sus conciudadanos. Sin embargo, ellos no representan a la mayoría de los estadounidenses ya que, fuera de esta ciudad tan cosmopolita, el país es mucho más conservador.
Según las estadísticas del Centro de Investigaciones Pew, el 68% de los estadounidenses están en contra de la construcción de este edificio tan cerca del epicentro de la tragedia del 2001.
Los republicanos, claro está, se aprovechan de estos ánimos y de estas tendencias de oposición, para exacerbarlas en la medida de lo posible. Los sentimientos de xenofobia y hostilidad hacia el inmigrante se propagan con facilidad, sobre todo en la época de crisis.
Pero no todo es tan trivial y simple en esta historia. Para desequilibrar un campo tan delicado y peligroso como la convivencia interconfesional en un país son necesarios más factores. No es correcto echar culpa sólo a los republicanos: la mayoría, el 55%, no tiene nada en contra de la construcción del centro musulmán cerca de la Zona Cero o en cualquier otra ciudad de EEUU.
La cuestión es por qué precisamente se ha elegido este lugar, por qué no se ha buscado un sitio más alejado de la zona de los atentados. Más aún, teniendo en cuenta que, a 12 y a 4 manzanas, ya hay dos mezquitas. Aunque la libertad de practicar cualquier religión es uno de los valores fundamentales de los EEUU, esta también tiene sus límites y requiere de maniobras de diplomacia y elegancia.
En relación al tema, los EEUU cuentan hoy con 1.200 mezquitas. El número exacto de musulmanes se desconoce, porque a los órganos federales les está prohibido, entre otras cosas, preguntar sobre temas religiosos durante cualquier censo de población. Según diferentes encuestas e investigaciones privadas, en los EEUU hoy puede haber de 2.5 millones (datos de Pew Research Center) a 7 millones (según el Consejo de Relaciones Americano-Musulmanas) de musulmanes. Los dos números representan un bloque electoral bastante considerable.
Barack Obama empezó las deliberaciones sobre la mezquita a principios del mes sagrado musulmán del Ramadán, al decir que en los EEUU cualquiera tiene derecho a construir cualquier templo y practicar cualquier religión, incluyendo la construcción de una mezquita en Nueva York. Al día siguiente, la Casa Blanca se vio obligada a corregir esta declaración explicando que el presidente se refería a la libertad de confesión en general, sin aprobar específicamente el proyecto de construcción de la mezquita. Pero ya era tarde: para muchos votantes inseguros Obama había dado un paso más hacia el islam.
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