jueves, 30 de septiembre de 2010

Argentina, Córdoba: Las palabras y las personas en la UP1

Katy García (PRENSARED)

El Juicio por crímenes de lesa humanidad que se realiza en la sala de audiencias del TOF1 mostró visiones diversas del otro lado del muro. “Desconozco” “No me fijo en detalles”, “descontálo” "maldita cárcel" “los hacían mierda” sintetizaron un accionar y una posición frente a los hechos. Declararon cuatro ex empleados.

En la audiencia nº 34 declararon los ex empleados de la penitenciaría Amanda Scalzadonna, Santos Nicemio Caminos, José Pascual Castillo y el profesor de educación física Ricardo Pablo Perazzolo.

“Yo hacia todo lo que me ordenaban y hacia lo que debía hacer”, señaló la ex empleada de la unidad judicial de la UP1, Amanda Scalzadonna, la primera en brindar testimonio.

Para el Tribunal fue una tarea ardua y un ejercicio de paciencia infinita interrogar a quien dijo no saber que el 24 de marzo hubo un Golpe de Estado.

Al borde de la línea que separa la obligación ciudadana de testificar y el falso testimonio la mujer aportó algunos datos que obran como prueba documental. Se trata de los prontuarios o legajos que confeccionó junto a otros empleados desde 1973 en adelante.

Dijo que una vez identificados los presos pasaban a la celda y luego eran llamados para llenar los datos del legajo. “Era como un librito, se preguntaban datos personales, causa por la que estaba”, describió. Además de hacerlo con los presos comunes también se hacía con los “guerrilleros”.

La ex empleada recordó que los presos políticos ingresaban desde 1974 y dijo no recordar que hubo un golpe de Estado en 1976. Consultada sobre el trato que recibían los presos especiales dijo que no lo sabía porque “era administrativa, no era mi ámbito” y que los cuidaba el ejército.

En relación a los traslados reconoció que pasaban por su oficina donde eran fichados. Amplió a instancias del presidente del Tribunal que los fichaban a cualquier hora y los llevaban. Después se enteraba por la televisión y la radio que esos presos habían intentado escapar y que estaban muertos.

Sobre cómo salían del penal afirmó que “bien tratados”. “Por la oficina mía pasaban sin esposas, los fichaba y ellos salían. La guardia de la unidad los llevaba a mi oficina. De ahí en más desconozco”, aseveró.

Para refrescarle la memoria se le leyó una declaración realizada en 1987 donde decía que “los traslados se hacían por orden del ejército, que se trasladaba a delincuentes subversivos, y que los traían los militares”.

Cuando se le preguntó si conocía que alguien haya perdido la vida en la cárcel apuntó refiriéndose a Moukarzel que “se dijo que había muerto estaqueado, fue lo más conocido”. Pero negó saber algo sobre Bauducco.

De los presos especiales que vio salir expresó que “uno solo me llamó la atención: ( Miguel Ángel) Ceballos. Estaba muy nervioso, y temblaba, balbuceaba cosas que no recuerdo” y agregó que “era una persona muy especial, de muchas agallas y de repente ver que se aflojó cuando lo sacaban…”, deslizó como si hablara de una circunstancia cualquiera.

Los legajos

En contacto con los “libritos” que llenaba a máquina, uno por cada preso, quedó claro que constaban la procedencia y el origen de la orden que podía ser del ejército, el D2 y el Campo de la Ribera. Y que había dos legajos con diferentes numeraciones. En este sentido expresó que uno quedaba en la penitenciaría y el otro iba a la Dirección general. Curiosamente luego afirmó que en este momento se enteraba del segundo prontuario.

Por caso, en el legajo de Cristian Funes consta que la orden de entregarlo junto a Rossetti de Arquiola para que sean interrogados fue dada por el Ejército argentino.

La testigo vio salir a los hermanos de Breuil, Toranzo y Vaca Narvaja pero no sabe si regresaron. No le llamó la atención el estado de Balustra que estaba hemipléjico. “No me fijaba en tantos detalles. Creo que si, que salió por sus propios medios”, insistió.

La ex empleada aseguró que el legajo de la penitenciaría era el que valía sin embargo muchos de ellos carecían de los informes médicos de ingreso. El Juez Pérez Villalobo le pidió que leyera el de Marta González de Baronetto y un expediente de 13 personas donde constan hematomas, edemas, entre otras afecciones. Nada de esto figura en el legajo de la UP1. Pero en el caso de Diana Fidelman hay un informe médico y consta que viene del D2.

“Descontálo”

Santos Nicemio Caminos (78) se desempeñó en el servicio penitenciario hasta 1987 en que se jubila. El testigo afirmó que lo vio a Menéndez en el penal un par de veces. Pero lo más sorprendente fue escuchar cómo la palabra descontar formaba parte de la jerga del terrorismo de Estado. Cada vez que se producían “traslados” o muertes en el penal, Caminos recibía la orden de “descontarlos” de sus papeles. Reforzando de esta modo la idea de re-matar y eliminar a quien estuvo en el lugar.

Caminos prestó servicios en el segundo centro de la UP1 durante 1974, 1975 y 1976 en los pabellones ocho, nueve y diez. En diciembre pasó a Montecristo.

“Había gente de otros lados, llevaban y sacaban y a veces iban y no volvían, eran presos políticos. Y los que hacían estas cosas eran los militares. A mi me los hacían descontar”, sintetizó. “Yo llevaba todo el papelerío gente que depositaban allí y tenia anotado. Cuando venían los militares a buscar esa gente y los llevaban por ahí y algunos volvían y otros no”, amplió.

Los militares llevaban una lista de gente y desde la alcaidía lo llamaban por teléfono anticipándole que iban a buscar los presos y el debía entregar.

“Ahí iba el amigo este Menéndez”, recordó el testigo que entraba al centro del penal a una rotonda, no a los pabellones.

También confirmó lo narrado por decenas de testigos respecto a las requisas realizadas por el Ejército. “Ellos no podían leer diarios, ni revistas y menos (tener) visitas. Tenían la ropa, solo lo puesto”, respondió a la pregunta del fiscal Hairabedián sobre las condiciones de detención.

Cierta vez mientras repartía el pan con uno de los presos políticos –Moukarzel-contó que se acercó un militar al que no identificó y se lo llevó. ‘Déme esa persona’, le había dicho. Después se enteró que “lo habían llevado al patio, y lo estaquearon y desnudaron y murió. Como a la una de la madrugada me dijeron “descuéntelo” que no está más”, aseveró.

También se refirió al día en que Eduardo de Breuil regresó y le dijo “los mataron a todos” refiriéndose a su hermano Gustavo De Breuil, a Higinio Toranzo y a Miguel Hugo Vaca Narvaja. “Hay que estar ahí para saber lo que pasó”, dijo en tono reflexivo y añadió que “siempre me quise olvidar de eso, no quería acordarme”.

Castillo: “los hacían mierda”

“A nadie conozco”, comenzó diciendo José Pascual Castillo (74) con los ojos cerrados. Esta postura motivó un llamado de atención enérgico de Díaz Gavier que le indicó que debe mirar al Tribunal cuando se le habla. “Atiéndame, ahí donde me ve, perdí en esa maldita cárcel el pulmón, un riñón y estuve con carpeta psiquiátrica. Me mandaban a llevar a esos presos y me agarré tuberculosis. Y me agarre una enfermedad psiquiátrica y me quise quitar la vida”, expresó mirando al presidente del Tribunal.

El testigo trabajaba en los talleres industriales en el sector de enseñanza de oficios. “Siempre fui guardián porque nunca me ascendieron”, facturó.

Indicó que “por suerte” estaba en este sector y no sabía demasiado. Sin embargo luego de la explosión emocional del inicio se refirió a varias cuestiones vividas en el penal. Por caso, contó que el día que lo mandaron a un pabellón de arriba le tocó llevar a Hugo Vaca Narvaja, los hermanos De Breuil y a Higinio Toranzo, luego fusilados.

“Cuando voy a buscar a la gente, estaba en la puerta el chico Vaca Narvaja y le digo ‘che loco, te piden los gendarmes y se largo a llorar y me dice ‘me van a matar’, comentó. Al regresar, Eduardo de Breuil le contó que los habían bajado del unimog y "me dice que a él no lo habían matado para que cuente lo que pasó”. “Fue horrible eso. Ellos están de testigo, todos los detenidos, cuando podía los ayudaba”, explicó.

“No soy trotskista, ni marxista, ni montonero, ni nada soy cristiano evangélico bautista”, dijo haberle dicho a una persona y deslizó que tal vez por esos comportamientos humanos dos veces fue allanado su domicilio. Entraban y le revisaban los libros. “Dos horas leyéndome los libros. Econtraron un libro la ultima vez y me dicen por qué tiene este libro. Creo que fue escrito por Franklin Lucero y hablaba del derrocamiento de Perón", ejemplificó.“La saqué barata y me mandaron a la cárcel de encausados y a mi compañero Echeverria por tiempo indeterminado”, afirmó el testigo.

“Quedaban hechos mierda” manifestó entre sollozos este guardia que por cuestiones humanitarias les ofrecía agua o hacía favores. “No quiero acordarme…”, agregó. “Yo hace 71 años que voy a la iglesia y bueno entre ahí con la vocación de que el preso se reforme. Pero siempre las cárceles son una corrupción muy grande y es muy difícil luchar”, sostuvo.

María Elba Martínez le preguntó sobre las carpetas psiquiátricas de los guardia cárceles. “Todos sufrimos, la mayoría, por supuesto que habría alguna excepción que le gustaran esas cosas”, comentó.

El último en declarar fue el profesor de educación física Ricardo Pablo Perazzolo.

El testigo trabajó junto a los militares Jorge González Navarro y Raúl Eduardo Fierro, ambos imputados en esta causa. Explicó que pertenecía al cuerpo de profesionales y comandos. Sobre el funcionamiento del llamado Comando de Operaciones Tácticas (COT) explicó que se trataba de una guardia donde se recibían notas en general ligadas a entradas o salidas de vehículos.

Relató que no tenía un jefe directo. Que contaba con una oficina y la colaboración de una secretaria y dependía del comandante como cualquier profesional. “Mi superior era cualquier mayor que estuviera por arriba mío”, expresó. En relación a la causa que se investiga solo recordó que “una vez llegó una nota para pedir autorización de un vehículo para que una persona vaya a declarar y yo autoricé como jefe que saliera”.

“Cada sector tenía un profesor de educación física” porque “todos los días se hacían actividades deportivas”, informó.

En relación a González Navarro y Fierro manifestó que de acuerdo a los grados seguramente eran jefes de división o de departamento.

Finalmente el abogado Martínez Paz que solicitó su presencia pidió que comparezca el general Fernández Torres.

Sobre el final, el imputado Mones Ruiz amplió su declaración y ejerció su derecho a defensa.

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