jueves, 16 de septiembre de 2010

Argentina, La Pampa: Ramón Lastre y un relato inconcluso

LA ARENA

La de ayer a la mañana fue una audiencia larga y enredada, en el juicio a nueve represores de la Subzona 14, porque hubo un ex policía que repitió incesantemente que no se acordaba de nada, y otro que sí dio detalles, pero que no supo explicar porqué después de más de 20 años se le ocurrió ir solo a una escribanía a dar marcha atrás con la declaración brindada en 1984 en el sumario administrativo abierto por el Gobierno contra la policía.

Esa tediosidad quedó reflejada en los rostros de jueces, defensores, imputados, querellantes y público. Por momentos ambos testimonios fueron un círculo vicioso. De hecho, el tribunal dispuso dos cuartos intermedios. El primero fue para que el ex policía Ramón Crisanto Lastre, a quien se veía cada vez más tembloso, descansara (al final no regresó porque le subió la presión y debió ser hospitalizado). El otro, para resolver si le leían dos declaraciones propias a Ismael Montenegro, un ex policía que en 2004 cambió su versión de los hechos.

Lastre estuvo 18 años en la fuerza y se retiró el 15 de julio de 1976. Al momento del golpe prestaba servicios en la Seccional Primera, en cuyo primer piso los integrantes de la Subzona 14 torturaban a sus víctimas. "Lo único que recuerdo es que fuimos a la Unidad 4, trajimos a (Hermes) Accátoli y (Roberto) Gil y los devolvimos. Salieron golpeados. No vi ni sé más nada. Pasó tanto tiempo...", dijo el testigo. Luego repitió una decena de veces "no me acuerdo nada", y se remitió a sus dichos en el sumario administrativo.

El momento de confusión llegó cuando se leyó que el 27 de febrero de 1984 había afirmado ante el juez Alberto Baglietto que desconocía la declaración del sumario; pero un querellante advirtió que eso lo expresado su hijo Ramón Gabino y no él. Por eso se le leyó ese testimonio, que fue confirmado, aunque el tribunal no lo consideró una ratificación. "Si está declarado, fue así. No tengo nada que agregar ni quitar. Coincido con todo, y no fui obligado por nadie. Fue así, como está escrito", sostuvo Lastre.

¿Qué dijo en el sumario? Que comprobó malos tratos y castigos en perjuicio de Accátoli, Gil, (Clemente) Bedis, (Just) Roma y (Rodolfo) De Diego; que (Roberto) Fiorucci y (Carlos) Reinhart fueron a buscar a los detenidos a la U4; que los subían vendados y esposados al primer piso; que allí estaban (Roberto) Constantino, (Omar) Aguilera, Fiorucci, (Néstor) Cenizo, Reinhart y (Oscarf) Yorio; que por las noches se escuchaban "continuos gritos y quejidos"; que por esos gritos identificó "claramente" a Accátoli y Gil; que los torturados sufrían "castigos brutales" y bajaban con los "ojos amoratados"; que Fiorucci, Reinhart y Cenizo eran los que participaban "más frecuentemente" de las sesiones; y que en esos procedimientos siempre participaba un capitán del Ejército.

El defensor oficial Oscar Del Campo sí consideró que técnicamente se trató de una ratificación y pidió su nulidad.

Políticos en la mira

Lo de Montenegro, ex policía durante 24 años, fue diferente. De acuerdo a su relato, con el golpe de Estado todo el personal de la Brigada de Investigaciones pasó a la Subzona 14 (Aguilera, Reinhart, Cenizo, Gualpas, Saez, Trinak, Ares, el fallecido Sosa y él). En los primeros días participó como chofer de las detenciones de Avelino Cisneros, Héctor Zolecio y el diputado Erberto Cuevas ("Reinhart entró por la ventana a su oficina"); después se apartó del grupo. "No me gustó. Le dije a (Dionisio) Gualpas que no quería estar. Dijeron que era un servicio de inteligencia, que había que investigar y torturar a políticos, y yo había entrado a la policía para detener a delincuentes comunes", expresó. Incluso contó que un día Aguilera le pidió que llevará a un lugar incierto a Omar Medina y se negó. "Aguilera me dijo, bueno, dejá que lo llevo yo". A partir de ese momento siguió siendo chofer, pero no intervino en otros operativos. Y aunque sostuvo, extrañamente, que no fue sancionado por desoír una orden del jefe de Operaciones, luego acotó que en 1978 fue castigado al ser enviado cuatro años a Perú, donde "no había luz ni agua".

Por comentarios de sus compañeros, Montenegro supo que las víctimas "las bajan mal" de la planta alta y, aunque él los subía esposados, no supo del uso de la picana eléctrica. También escuchó que a un camión o furgón "se lo usaba para torturar".

En un momento, la querella solicitó que se lea su declaración de 1984 y la defensa que se le recuerde lo dicho en 2004 ante un escribano (NdeR: en esa causa hubo tres procesados por obligar a cinco ex policías a cambiar sus testimonios, y aunque recientemente se les dictó la falta de mérito, la causa penal permanece abierta). Los jueces se negaron, pero permitieron más preguntas.

Aunque las querellas pensaban lo contrario, Montenegro aseveró que era la primera vez que hablaba en la justicia; por eso no reconoció su firma en una testimonial ante el juez Alberto Baglietto. "Es parecida, los tres palitos son parecidos, pero me tendría que acordar si hubiera hablado ante un juez".

El testigo -que se reconoció a amigo de Yorio- dio a entender que en el sumario administrativo le hicieron decir lo que los instructores querían ("me dijeron que mis compañeros habían dicho lo mismo"), pero ante preguntas del juez José Mario Tripputi admitió que leyó antes de firmar y que el testimonio no estaba escrito previamente.

Cuando el querellante Miguel Palazzani le preguntó cómo se le había ocurrido ir solo a una escribanía, dos décadas después para rectificar sus palabras, respondió: "No estaba de acuerdo con lo que había dicho la primera vez (en Casa de Gobierno) ante (Juan Carlos) Tierno", el entonces asesor letrado de Gobierno. Ahí no lo dejaron interrogar más con el argumento de que ese hecho aún lo investiga la justicia provincial y Montenegro está involucrado.

"Ojos atados y manos vendadas"

En el último tramo de su declaración, el ex policía Ramón Lastre se había puesto tan nervioso que cometió un furcio llamativo. Dijo que los detenidos eran trasladados con "los ojos atados y las manos vendadas" (sic). Llegó a esa situación luego de que el defensor oficial, Carlos Riera, le preguntara educadamente por contradicciones claras en su testimonio. Minutos después, durante el cuarto intermedio dispuesto para que se tomara un respiro, Lastre se descompuso y fue retirado del Colegio de Abogados en sillas de ruedas. El tribunal informó que la presión le había subido a 21 y que no seguiría testificando.

"No hablen porque Aragonés está adentro"

Victorio Vlasich, el ex esposo de Mireya Regazzoli detenido también el 24 de marzo del 76, declaró ayer ante el Tribunal Oral Federal y contó su historia. En una declaración distendida, que generó algún momento risueño, Vlasich relató cómo fue apresado en la madrugada del golpe en su domicilio y estuvo alojado en la Unidad Penal 4 hasta que lo liberaron a mediados de abril.

El párrafo más sobresaliente fue cuando dijo que no conocía al ex diputado Carlos Aragonés, pero mientras estuvo preso en la Colonia Penal "los muchachos de la guardia en la Penal nos dijeron 'muchachos no hablen mucho acá porque Aragonés está adentro, o que vino para soplar'".

El hombre, empleado del Banco Hipotecario y yerno del gobernador José Regazzoli, dijo que los militares "fueron a buscar a mi mujer y como no la encontraron me llevaron a mí". Y resaltó durante su testimonio que al ser detenido él y su mujer por la Subzona 14, sus cuatro hijos entonces de 3, 5, 7 y 10 años, quedaron "a la deriva". "Eso me martirizó más que todo, la angustia de no saber con quien estaban", dijo Vlasich.

El ex yerno del gobernador dijo que él no fue torturado y que lo interrogaron a cara descubierta. Y que en la cárcel vio a Saúl Santesteban, al juez federal Juan de Dios Uncal, a Santiago Covella y a los diputados Hermes Accátoli y Roberto Gil. Estos dos últimos le mostraron que tenían golpes y sangre coagulada en sus abdómenes.

Otro policía

Durante la tarde declaró también Julio Llanos, un ex policía que en 1976 cumplió funciones como custodio y luego chofer del jefe de Policía, el mayor Luis Enrique Baraldini. Aunque su testimonio no aportó nada. Mencionado como parte del grupo de tareas de la Subzona 14, el hombre se mantuvo en sus dichos sobre que no sabía qué era esa dependencia y que nunca fue notificado de que pertenecía a ese lugar. Además dijo que durante los primeros meses Baraldini no salió de la Jefatura y que apenas iba a la Seccional Primera. Y que él no había visto nada.

Ante la insistencia de Miguel Palazzani, esto generó que el defensor oficial Oscar Del Campo se pusiera nervioso y quisiera frenar las preguntas. "Estoy preguntando como tengo que preguntar", lo cruzó el querellante.

"Miseria" López quedó al borde de ser detenido

El ex oficial de la Policía, Oscar Alberto López, apodado "Miseria", quedó al borde de ser detenido ayer durante el juicio a los nueve represores de la Subzona 14, luego que las dos querellas pidieran que sea investigado como partícipe de los delitos que se están juzgando. Finalmente, los integrantes del Tribunal Oral Federal decidieron que se defina su situación "al momento de dictar sentencia", por lo que entonces podría abrirse una causa en su contra.

López declaró como testigo a pedido por la defensa. El ex oficial de la Policía era uno de los que integraron el grupo de tareas de la Subzona 14 en el área de Informaciones, según consta en el orden del día interno 129 de fecha 19 de abril del 76 de esa fuerza. Además, ya fue mencionado como uno de los que participaban de secuestros y torturas por una de las víctimas, el ex empleado estatal Omar Roque Medina, y por tres celadoras y un ex policía.

Destinos

El ex uniformado fue preguntado en primer lugar por la defensa sobre la orden interna, ya que la estrategia de los abogados es no darle entidad como documento. López afirmó que el 24 de marzo del 76 era oficial de guardia de la Seccional Primera y que estuvo tres meses más en esa dependencia. Luego fue instructor de los conscriptos del Regimiento de Toay junto a un colega "ya que no había oficiales que lo hicieran", y posteriormente pasó a la Brigada de Investigaciones.

En su declaración indicó sobre la orden interna que tuvo conocimiento de lo que decía mucho después de que fuera emitida y afirmó que a él nunca lo notificaron de que pertenecía al grupo de tareas. Y dijo que sólo sabía que la Subzona 14 "era de donde dependía toda la policía".

Mientras era oficial de la Seccional Primera, era el encargado de confeccionar las listas de detenidos en esa dependencia, que eran tres. Una de los tribunales ordinarios, otra los que estaban a disposición del Juzgado Federal y la siguiente los que estaban a disposición del PEN. Explicó que no recibían el mismo trato y que los detenidos bajo el PEN eran revisados por médicos, y recordó a Juan Héctor Savioli.

Encapuchados

López afirmó en otro párrafo que a los detenidos "se los notificaba arriba", por la Unidad Regional I, donde eran interrogados. Y que sólo había escuchado algunos "comentarios" de que había personas encapuchadas allí, aunque luego aseguró: "Sí, los he visto bajar, le sacaban después la capucha". Uno de los detenidos políticos que recordó fue el ex juez federal Juan de Dios Uncal. También mencionó como detenidos a Mireya Regazzoli, Justo Roma y Clemente Bedis.

"Yo no preguntaba nada, no me preocupaba. Para no tener problemas. Cuanto menos sepa, era mejor en ese momento. Se cumplía la orden y listo", comentó en un momento.

Durante las preguntas de los querellantes, López dijo que no estuvo en la comisaría de Catriló cuando fueron torturados los ex diputados Roberto Gil y Hermes Accátoli; y que sobre el operativo de Jacinto Arauz "me enteré por los diarios". Luego que en la Brigada de Investigaciones se usó una dependencia muy precaria para tener presos políticos.

Pedido

Cuando llegó el turno del querellante Franco Catalani, este le preguntó si tenía algún apodo. López contestó "Miseria", el letrado indicó que así lo recordaba Omar Roque Medina, por lo que pidió la inmediata detención y puesta a disposición del Juzgado Federal para que se lo investigue por partícipe.

Los jueces determinaron que primero se debía finalizar con el interrogatorio para luego peticionar. Entonces fue el turno de Miguel Palazzani, que empezó a justificar que iba a pedir también la detención, por lo que fue interrumpido por el tribunal.

El presidente del TOF, José Mario Tripputi, le indicó que hiciera las peticiones y una vez que ya no hubo preguntas, le indicó a López que esperara afuera la resolución. Entonces Palazzani indicó: "No podemos dejar pasar algunas cosas y antes que optar por falso testimonio, hay que ser coherentes e imputar por delitos de lesa humanidad". Luego comentó que "se torna imperioso el pedido de detención" aunque por el Código de Procedimiento sólo se puede arrestar a una persona si el delito se está cometiendo en el mismo recinto, pero reclamó la medida por el "respeto a las víctimas".

En ese momento, un hombre del público, ex empleado estatal, aplaudió de pie, por lo que fue retirado por personal de la Policía Federal. Apenas alcanzó a decir: "Los dolidos...".

Por su parte, el fiscal Jorge Bonvehi sólo hizo un alegato sin apoyar la medida y las defensas indicaron que el pedido de detención era "inapropiado" ya que no se estaba ante un delito cometido en la sala y esto podría generar en los próximos testigos que se "quiebre la regla de la imparcialidad".

Luego de un cuarto intermedio, Tripputi informó que no se daban "las circunstancias para dar curso al pedido de la querella" y que "en el momento de dictar la sentencia se van a tomar las decisiones que correspondan", por lo que recién entonces se le podría abrir una causa como partícipe.

Otro testigo complicó a Gatica y López

El ex policía Jorge Osvaldo Quinteros mencionó ayer al comisario retirado Juan Domingo Gatica y al ex oficial "Miseria" López como dos de los uniformados que tenían acceso a la "zona restringida" del primer piso de la Primera donde se "interrogaba" a las víctimas de la Subzona 14 en 1976.

Fue el último testigo de la tarde. Explicó que trabajó en la Primera de marzo a junio o julio del '76, cuando comenzó el curso de oficial en la Escuela de Policía. Aseguró que no vio ni escuchó nada, porque trabajaba de mañana y de tarde como administrativo.

Narró que el lugar donde, según "comentarios", eran "interrogados" los presos políticos, era restringido. Quinteros aseguró que trabajaba en una oficina del primer piso y nunca ingresó a ese lugar, quizá por no gozar de la confianza de sus superiores.

Quienes sí lo hacían, dijo, eran, además de los acusados, los policías López y Gatica y los militares Greppi, Amarante, Romero y Pérez. Contó que vio a Justo Roma, un detenido, sin signos de golpizas. Por "dichos", supo de los gritos que se oían a la noche en la Seccional.

Contó que fue citado para el operativo de Jacinto Arauz, donde detuvieron a docentes del Instituto José Hernández, pero se quedó dormido y no fue.

Sobre los médicos que asistían a la Primera, mencionó a Aragón, aunque rápidamente se corrigió: "Pérez Oneto y Savioli". Ante la insistencia de la querella sobre Aragón, dijo no recordar si lo vio en 1976 o después de 1978.

Antes que Quinteros, declaró Clemente Puhl, otro ex agente. Recordó que en 1976 trabajó en la Tercera, donde, a la noche, el ex subcomisario Eduardo Velázquez y los acusados Fiorucci y Constantino llevaban detenidos, que eran interrogados en un comedor contiguo a la cochera, al fondo de la repartición. "Se escuchaban los gritos", comentó. El testigo no identificó a ninguna de las víctimas y remarcó que tenían órdenes expresas de no su ingreso.

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