jueves, 30 de septiembre de 2010

Argentina, Mendoza: Discutir la minería sí ¿y las transferencias de las bodegas al exterior?

Marcelo Padilla (MDZOL)

No quiero etiquetarla de moda pero algo se le parece la discusión en Mendoza, y en el país, al tema de la minería. De por sí pareciera que la palabra “minería” implicara algo negativo, hasta pecaminoso. Y como nada cae del cielo (las construcciones simbólicas son bien terrenales) apuesto a pensar que a ello lo han “instalado” con mucho éxito.

Está asociado a lo negativo, por más adjetivaciones que la acompañen, como por ejemplo: “minería sustentable” o “minería no contaminante”. Nombrar la palabra ya es un insulto o un pecado, especialmente para cierto progresismo. Es más, hay militantes contra la minería que no les importaría un joraca si ésta se prohibiera bajo un modelo de acumulación neoliberal clásico. Es como los que luchan solo por los derechos de los paralíticos, como si bregar por tales derechos no estuviera ligado a todo un sistema, a una “totalidad” social que construye un sentido político según el rumbo de un modelo económico.

No niego la existencia de la minería contaminante y sus efectos. Muchos menos lo que implica contractualmente; esto es, el Estado Nacional brindándoles todas las posibilidades de rentabilidad a las empresas para la transferencia de divisas al exterior, dejándonos unas chirolas pa que tengamos. En eso yo también me opongo y creo que el gobierno debería asumir un rol mucho más proclive a la defensa de los recursos naturales y la soberanía nacional. Como lo hace en otros rubros. (¿Para cuándo la ley de entidades financieras?)

Pero vamos a nuestro terruño. Aquí, se escuchan pocas voces que denuncien la apropiación de las tierras por parte de inversores extranjeros para el cultivo de la vid y su posterior transferencia de divisas. Es más, casi que ni se generan puestos de trabajo dada la tecnología y la infraestructura instalada en nuestra histórica industria. Todos esos militantes quieren cuidar el agua pero no tienen ningún problema en degustar en muestras de “artistas plásticos anti minería”, los vinos que se hacen aquí y luego se venden en otros países, ni tampoco la guita que se llevan a bancos internacionales. Ser anti minero ya otorga un plus de relacionamiento social, sin embargo nadie pega un grito en el cielo por la explotación a los obreros cosechadores, ni tampoco he escuchado a ningún eco capitalista hablar del origen del capital inversor en la provincia. Preocupación pequeñoburguesa si las hay, entonces, el tema minero descontextuado.

Cercadas, las tierras ya tienen dueños, extranjeros por cierto, que han montado boutique y wine bar, merchandising y glamour. En el Valle de Uco, Cruz de Piedra y Luján, en San Martín, Rivadavia, y hasta en el sur colonizado otrora por franceses y alemanes de la primera posguerra, hoy detentan la posesión los nuevos dueños de la tierra; franceses y canadienses, americanos y españoles que declaran, orondos, su pasión por Mendoza.

La nueva inmigración del capital multinacional. No para forjar la tierra, sino para transferir divisas. Si, “modernizan la provincia”, dirán sus defensores, pero nadie repara en el costo. Han dejado en los valles y en las planicies mendocinas, postales de la inversión y la tecnología. Sistemas eficientes de riego. Construcciones majestuosas de diseño arquitectónico de envidiable gusto. Nos han acercado, imaginariamente, al primer mundo. Claro, el que sólo ellos conocen.

Y los tenemos ahí, ¿jerarquizando nuestra economía? otorgándoles un plus simbólico de modernización y racionalidad a los tiempos locales en conexión con los globales. Sin embargo, para los hombres y mujeres del pago, la vida sigue igual, o peor, con menos tierras y amenazados a futuro por el manejo del agua.

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