martes, 7 de septiembre de 2010

Ciencia y tecnología al servicio de las personas

Bartolomé Fernández (INFOSUR)

La posesión del conocimiento como patrimonio de nuestra soberanía no aplica al bienestar de todos los habitantes sino como elemento de dominación por los imperios.

Estamos acostumbrados a encontrarnos cada día con nuevos avances tecnológicos que provienen de la aplicación del conocimiento científico. La mayoría de estas aplicaciones científico-tecnológicas son utilizadas en beneficio de las empresas que disponen del capital para su desarrollo y comercialización y no siempre satisfacen necesidades reales del ser humano; por el contrario, muchas veces abastecen necesidades creadas con la ayuda de los medios publicitarios con los que comparten intereses. No otra cosa se pretende con la creación de la sociedad de consumo.

La obtención del conocimiento es una actividad esencialmente humana, propia de su naturaleza y originariamente independiente de todo interés pecuniario. Su apropiación por parte del capitalismo le quita su esencia para transformarlo en otro bien a comercializar y como tal le asigna un precio que casi nunca guarda relación con el valor que tiene para el ser humano, destinándose exclusivamente al enriquecimiento de unos pocos. Por esa razón sólo parte del conocimiento se aplica para mejorar las condiciones de vida de la población.

Por otro lado la posesión del conocimiento es utilizada en la actualidad como elemento de dominación por los imperios, privando a sus dominados de la posibilidad de desarrollarse. Podemos concluir previamente que un paso necesario para la verdadera independencia es no sólo desarrollar nuestro propio conocimiento, sino apropiarnos de él y defenderlo como patrimonio de nuestra soberanía para aplicarlo a la obtención del bienestar de todos los habitantes.

La obtención del conocimiento debe ser entonces uno de los más importantes objetivos estratégicos para alcanzar el país que queremos y complementarnos con los hermanos de Latinoamérica en la lucha para erradicar la pobreza y alcanzar un desarrollo digno y sustentable.

Deberemos alentar la aplicación del conocimiento a nuestro desarrollo independiente alentando los procesos de innovación tecnológica con sentido social, para erradicar la pobreza, combatir el hambre y asegurar la salud.

Sabemos que en nuestro país tenemos una gran capacidad de generar conocimiento. Hay suficientes pruebas de ello y sólo la presión de las potencias centrales junto a la complicidad de nuestros gobernantes logró detener los avances obtenidos durante décadas. Nuestras universidades públicas fueron ejemplo ante el mundo y compartieron conocimiento con estudiantes de todo Latinoamérica que concurrieron a las mismas llamados por su prestigio. También nuestros institutos de investigación y desarrollo contribuyeron y contribuyen a un destacado desarrollo científico y tecnológico que manejado responsablemente nos hará salir algún día del atraso en que vive gran parte de nuestros compatriotas.

También es necesario que desde todos los niveles de la educación se haga conciencia de la importancia que tiene el conocimiento para el desarrollo individual y de la sociedad en su conjunto y consecuentemente de la importancia que el adquirido sea volcado desinteresadamente para el desarrollo social. Es lamentable ver profesionales formados en nuestras universidades, vendidos a las transnacionales que se llevan nuestras riquezas, que no sólo defienden públicamente sus actos de “pillaje” sino que no tienen el menor escrúpulo para reprimir o llamar a la represión de los ciudadanos que luchan desinteresadamente por defender los recursos que pertenecen a los argentinos.

Esta conciencia por la adquisición del conocimiento, su difusión y utilización en un marco de justicia social se logrará mediante la formulación por parte del Estado de planes de desarrollo científico y tecnológico complementados con un sistema de educación primaria, secundaria y universitaria pública y gratuita asentado en un plan de gobierno independiente, con sentido social y esencialmente latinoamericanista.

El Estado deberá definir claramente las prioridades en investigación científica, desarrollo e innovación tecnológica de acuerdo a las necesidades de la población, de manera multidisciplinaria y teniendo en cuenta la dinámica de la sociedad en su desarrollo. En función de esas prioridades establecer la política de asignación de recursos, los planes de estudio y fomentar la dedicación de los científicos a la solución de los problemas reales de la comunidad. La implementación de estas políticas requiere de la participación de técnicos y científicos de todas las disciplinas que tengan en común un desarrollado sentido de la solidaridad. Hacia esta actitud también deberá dirigirse la formación.

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