jueves, 30 de septiembre de 2010

El Salvador: Arcatao y el fin de su luto de 30 años

Daniel Trujillo (COLATINO)

Cuatro columnas de cajas de cartón están sobre una de las mesas del Instituto de Medicina Legal (IML) de Santa Tecla.

María Echeverría las observa y trata de identificar una, en la que sabe están depositados los restos mortales de su hijo José Adrián, asesinado supuestamente por el ejército en 1980.

Foto: El Salvador - Otilia Martínez López y María Echeverría observan las 9 cajas
que contienen los restos de sus familiares que fueron masacrados por elementos de
la Fuerza Armada durante el conflicto armado, en Arcatao, Chalatenango. /
Autor: Juan Carlos Villafranco (COLATINO)

Ella viajó desde Arcatao, Chalatenango, hasta la capital para cerrar un ciclo de su vida: el luto ininterrumpido durante 30 años sin saber dónde estaba exactamente el cuerpo de su hijo, quien murió durante los inicios del conflicto armado en la zona norte del país.

Ha pasado tanto tiempo que el dolor provocado por la pérdida física de José no desaparece, al contrario, ella no quiere hablar al respecto porque sabe que el recuerdo la debilitará y quiere tener fuerza cuando el personal del IML le entregue su caja de cartón para llevársela a Arcatao, y darle cristiana sepultura a su hijo.

“Es muy doloroso recordarlo. Mejor no hablo de eso. Mire ella cómo se ha puesto”, dice María y señala a Olimpia Serrano, amiga de la comunidad, quien no para de llorar desde que supo sería la primera quien le entregarán los restos de su esposo e hijo, también asesinados en el transcurso de la guerra.

Durante los 20 años del conflicto armado en el país, Chalatenango fue uno de los departamentos más golpeados por los enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército.

El municipio de Arcatao no se salvó de la violencia de ese entonces y los nueve cuerpos entregados a sus familiares el mediodía de ayer vivían en el caserío Los Orellana y los cantones de Cerro Grande y Los Dubones. Esas tres zonas fueron durante mucho tiempo cementerios clandestinos, donde enterraban cadáveres luego de torturarlos y ejecutarlos.

Fue en esos cantones y caserío donde exhumaron los restos de Israel Flores Ortega, Óscar Ortega José Sabas Monge, Rafael Rivera Castillo, Dionisia Serrano Martínez, Manuel de Jesús Serrano, María Juana Martínez, José Adrián Ábrego y Juana Rivera Serrano, esta última tenía ocho meses de embarazo cuando la asesinaron.

Afuera del IML estaban los familiares de las personas asesinadas. Cuando el personal de la entidad forense los llamaba, se dirigían a la clínica dos y entregaban su DUI y firmaban un documento donde constaban la entrega de los restos.

Cuando terminó ese proceso, Olimpia Serrano tomó asiento y cubría su rostro con una toalla. Entre la toalla y sus manos se refugió y buscó privacidad para llorar una vez más a su esposo e hijo.

Su hija Seferina sobaba su cabeza y deslizaba su mano para transmitirle tranquilidad a su mamá. Ya más tranquila, Olimpia miraba fijamente hacia el parqueo de Medicina Legal, Seferina hacía una trenza con el cabello de su madre.

Foto: El Salvador - Los familiares de 9 masacrados durante el conflicto armado
retiran los restos de Medicina legal en Santa Tecla, donde al fin les darán
sepultura en Arcatao. / Autor: Juan Carlos Villafranco (COLATINO)

Olimpia, María y demás personas de las comunidades de Arcatao encontraron los cuerpos de sus seres queridos por medio de la ayuda del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA) y del Centro Bartolomé de las Casas, que proporcionaron en un principio ayuda psicosocial a diferentes comunidades del municipio.

Fue hasta junio de 2007 que el IDHUCA asesora jurídicamente a las personas de la localidad e inicia el mapeo para ubicar las fosas donde se encontraban los cadáveres.

En abril de 2009 se presentó la denuncia penal del caso a la Fiscalía General de la República de Chalatenango y dentro de las diligencias se realizan las exhumaciones, como anticipo de prueba en el proceso.

Entre enero y febrero de este año se exhuman los cuerpos y el IML inicia la autopsia correspondiente. Los resultados de la misma le servirán a la Fiscalía para seguir el caso y saber si fue o no el ejército que cometió los asesinatos de las nueve personas.

María ya tiene en sus manos la caja de cartón con los restos de su hijo. Ella permanece seria y su semblante se mantiene firme porque quiere transmitirle serenidad a sus demás amigas de la comunidad.

Pedro Martínez y Silvia Cuéllar, ambos abogados del IDHUCA, aseguraron que este caso es un claro ejemplo de las secuelas del conflicto armado, que todavía persisten en la sociedad salvadoreña.

Cuéllar aseguró que con la entrega de los restos se pone fin a 30 años de duelo y abre el paso para que la impunidad en el país ya no exista.

Mientras que Martínez agregó que con la entrega de los cuerpos se contribuye a la reparación integral del proceso de duelo de las familias.

Ayer, en la tarde, en la capilla de la UCA se ofició una misa por el descanso de estas personas asesinadas a consecuencia de la guerra.

Esta mañana fue el cristiano entierro de los nueve cadáveres, en Arcatao, precisamente el lugar donde nacieron y viven sus familias, quienes ahora podrán ir a una tumba a enflorarlos y recordarlos como eran en vida.

Los nueve cuerpos exhumados de Arcatao representan apenas una parte de los miles de asesinatos y masacres ocurridas durante el conflicto armado.

Las heridas causadas por la guerra aún no se cierran en muchas partes del país, ya que no se les ha hecho justicia.

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