martes, 7 de septiembre de 2010

En la trastienda de la reunificación alemana

Andrei Fediashin (RIA NOVOSTI)

En el último día del mes de agosto coinciden dos hitos importantes relacionados con la reunificación de Alemania.

En esta pasada ocasión se celebraron el 20º aniversario del Tratado de Reunificación de Alemania y los 16 años desde el día de la ceremonia de la retirada final de las tropas soviéticas de Alemania.

La Canciller Ángela Merkel pronunció un discurso bastante sencillo en los festejos con el título de "El 20º aniversario de la unidad alemana. Problemas, éxitos, perspectivas". La sencillez de sus palabras se explica no por la seriedad de los problemas que esperan a los alemanes, sino por que el Día de la Unidad Alemana se celebra en realidad el 3 de octubre, cuando el tratado entró en vigor.

La reunificación alemana es como una tarta de muchas capas. Para todos los gustos.

Si hacemos un repaso por la historia alemana, nos daremos cuenta de que el período que va de desde agosto hasta fin de año es muy rico en fechas memorables relacionadas con la división y reunificación de Alemania. El 13 de agosto de 1961, casi en una noche se levantó el Muro de Berlín. Desde mediados de ese mismo mes, pero en 1989, la República Democrática Alemana sufría fugas masivas de sus ciudadanos a la RFA por motivos políticos (a través de Hungría, la República Checa, con la connivencia de las embajadas de algunos países occidentales). El 7 de octubre de 1989, el entonces dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, exhortaba en su visita a Berlín a poner en práctica reformas del sistema político. Y el 18 de noviembre, el Jefe de la RDA, Erich Honecker se veía obligado a dimitir, siendo sustituido por Egon Krenz. El socialismo de la RDA estaba herido de muerte.

A principios de noviembre, la ciudad de Berlín estaba agitada por manifestaciones antigubernamentales masivas, a raíz de las cuales el 9 de noviembre caía el Muro. Para casi todo el mundo esta es la fecha de facto de la de reunificación, cuando se derrumbó este monstruoso monumento que separaba de manera antinatural la nación alemana. Fue un símbolo, claro y comprensible.

Curiosamente, ese mismo día, cerca de la media noche, atravesaba el puesto de control de Bornoholmerstrasse abierto por la policía de la RDA, junto con otros mucho ciudadanos de Alemania Oriental, una joven química, Ángela Merkel. El ex-Canciller de la RFA Willy Brandt dijo en una ocasión que para cualquier ciudadano alemán el 9 de noviembre es una fecha mucho más significativa que el 3 de octubre. Muchos alemanes lo consideran como el inicio de una nueva era.

Posteriormente, en septiembre de 1990 en Moscú se firmaba el "Tratado sobre el arreglo definitivo en relación con Alemania" entre la RFA, la RDA, la URSS, los EEUU, el Reino Unido y Francia; además de un documento entre la RFA y la URSS que regulaba la permanencia y la retirada gradual de las tropas soviéticas del país.

Fueron muchos los acontecimientos susceptibles de haberse convertido en motivo de celebración.

Pero lo más importante es que nadie dudaba de que Alemania debía reunificarse, sin importar la forma: estado único, federativo o confederativo. La mayoría aplastante de los alemanes soñaba con la reunificación como pueblo.

El breve período de aspiraciones de los jefes que siguieron a Honecker, a unirse bajo unas condiciones de paridad respaldadas por la URSS, no rindió los frutos esperados. Así que, en la práctica, en vez de una reunificación, tuvo lugar la absorción de la RDA por su vecino mucho más desarrollado y potente. Y eso es lógico. Habría sido una utopía que el débil, políticamente vacío y deprimido oriente alemán hubiera exigido algo o dictado sus normas. Tampoco era razonable esperar el apoyo de la URSS. Gorbachov tenía demasiados problemas con conservar su autoridad en la URSS como para pensar en ayudar al aliado más desarrollado y potente económicamente.

Aún sin apoyo y aliados, la RDA intentó aguantar la presión de la economía capitalista y creó un fondo especial para la protección de empresas estatales, con el objetivo de privatizarlas gradualmente para que pasaran a manos del proletariado. Pero sin mucho éxito.

En un año y medio, la RFA había conseguido privatizar las empresas, los equipos y bienes de la RDA, quedando un 85% en manos de compañías y bancos occidentales. Casi 2 millones de hectáreas del terreno agrícola y de bosques del estado fueron vendidos a particulares (sobre todo, procedentes de la RFA), y un 80% de todo el personal empleado en la agricultura quedó despedido. Antes de la reunificación, el marco occidental se cotizaba a 4,50 marcos orientales. Cuando fue establecida la paridad monetaria, la exportación de la antigua RDA (equipos industriales, herramientas, fertilizantes, tejidos, etc.) se hizo un 450% más cara, perdiendo así su competitividad. Y eso teniendo en cuenta que el porcentaje de la exportación en la economía de la RDA alcanzaba casi un 40%.

Salta a la vista que la quiebra de la república oriental era forzada y antinatural. Las graves consecuencias que subsiguieron podrían haber sido evitadas. La historia de la RDA abunda en tragedias humanas resultado de la reunificación. Por ejemplo, hubo 2.2 millones de quejas con respecto a las propiedades con las que se hicieron algunos ciudadanos occidentales en condiciones más que dudosas. Pero la mayoría fueron ignoradas.

En lo que a la URSS/Rusia se refiere, es cierto que perdieron mucho. Ahora, al leer los estenogramas de las numerosas negociaciones sobre la cuestión alemana que salieron a la luz, uno queda pasmado al ver lo poco reflexivas, ingenuas, ciegas e ineptas que fueron la diplomacia y la política en aquel periodo. La propiedad de la URSS en Alemania estaba valorada en unos 30.000 millones de marcos RFA. Sin embargo, Gorbachov aceptó una compensación de sólo 12.000 millones. Los bienes inmobiliarios de la URSS de más de 10.000 millones de marcos pasaron a ser propiedad de la RFA.

Todavía persiste la opinión de que la OTAN engañó a la URSS al incumplir su promesa de no emplazar fuerzas en el este tras la reunificación. Pero es que dicha promesa se podía interpretar de formas diferentes. Según se desprende de los documentos desclasificados hace poco, Gorbachov no mencionó ni una vez en las negociaciones con los EEUU, el Reino Unido y la RFA la no inclusión de los ex-miembros del Pacto de Varsovia. Se trataba solamente de que la OTAN no extendiera su influencia más al este. Ahora Occidente sostiene que se tenía en cuenta entonces sólo el este de Alemania, con lo que Gorbachov se puso de acuerdo en fin. Lo demás depende de cómo interpretarlo. Además, la promesa no fue puesta por escrito... y las palabras se las lleva el viento. Es una prueba más de la política poco perspicaz del Jefe del Estado soviético.

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