jueves, 30 de septiembre de 2010

Objetores de conciencia israelíes

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)
En occidente, rara vez se lee u oye en los grandes medios internacionales de prensa que surten la información cotidiana, sobre movimientos y activistas que protesten en Israel contra la política de ocupación y exterminio de los pobladores palestinos que practica su gobierno, aliado incondicional de Washington cuyas políticas los lideres de Israel se jactan de manipular, pero que ciertamente obedecen.

Por eso, he seguido con tanta atención, a través de la Internet, el caso del joven soldado de 19 años Omer Shoshan, de la ciudad de Yehud, cerca de Tel Aviv, a quien le fuera sentenciada una pena de prisión por negarse a continuar su servicio militar en el ejército israelí, en el que se había alistado ocho meses antes.

En su declaración de denegación, Omer escribió:

“Me niego a ser parte de las Fuerzas de Defensa de Israel, un ejército que ocupa el territorio y oprime a diario a la población palestina, que socava las posibilidades para lograr la paz y por lo tanto también la seguridad de Israel, y que corrompe el carácter moral y democrático del Estado.

“Durante más de 40 años las FDI han oprimido cotidianamente a los palestinos en los territorios ocupados, negándoles sus más elementales derechos a vivir normalmente. Esto incluye obstaculizar su libertad de circulación, socavar su economía, lastimar sus cuerpos, arrestarles ilegalmente y cometer muchos otros crímenes graves que habitualmente no son informados por los principales medios de prensa.

“El hecho de que cualquier soldado simple que sirva más allá de la Línea Verde tenga poder sobre las vidas de los residentes locales y pueda obligarles a hacer lo que a éste le parezca es antidemocrático, ilegal y provoca exactamente lo contrario de lo que se supone que logre – genera más terroristas, aumenta el odio hacia nosotros y socava cualquier posibilidad realista para la paz.

“Así que ¿a qué propósito sirve realmente esta opresión? Sólo una – perpetuar los asentamientos israelíes en Cisjordania, que son ilegales por derecho propio y que son el obstáculo para llegar a un compromiso entre los dos pueblos.

“Incluso antes de ser alistado tuve mis dudas sobre si debía unirme o no al ejército, si debía apoyar al ejército que representa a mi país o rechazarlo. Finalmente decidí darme de alta, porque sentí que desde dentro pudiera tratar de lograr que se hicieran las cosas de otro modo, efectuar un cambio. Hoy comprendo que las acciones del ejército en los territorios ocupados, su presencia allí, son, en si mismas, lo que constituye la ocupación y ninguna acción que uno pudiera hacer, ni siquiera si yo pudiera lograr que se diera un trato más positivo a los civiles palestinos, significaría un cambio.

“Creo que, en un país que pretende ser democrático, es bueno, incluso necesario, que cada uno de nosotros exprese sus críticas a plena voz y muestre su indignación cuando el país anda mal. Las FDI son una organización que lucha por intereses en los que yo no creo, realiza acciones antidemocráticas e inmorales y socava seriamente las posibilidades de lograr la paz. Ya no estoy dispuesto a seguir siendo parte de ellas”.

Omer Shoshan dejó su puesto el 6 de septiembre y el 14 de septiembre se presentó en su unidad militar donde fue confinado y sentenciado a la pena de 20 días en prisión. En septiembre 19, fue enviado al centro de detención de la policía militar en Jerusalén, no obstante el hecho de que el encarcelamiento de objetores de conciencia constituye una violación del derecho internacional, de los derechos humanos básicos y de la moral más elemental.

Oficialmente fue solo en esta última fecha que Omar comenzó a cumplir su pena de prisión que concluirá el 6 de octubre, aunque, de acuerdo a la práctica penal en Israel, se teme que será arrestado nuevamente entonces y forzado a cumplir una pena más extensa de prisión.

Ello dependerá, según parece, de la decisión del comandante de la Base de Reclutamiento de Tel-HaShomer , presidente del Comité de Conciencia Militar, quien debe juzgar y decidir si es un “objetor de conciencia” que puede ser eximido del servicio militar o un traidor que debe ser reenviado a prisión.

Nada de esto ha trascendido a la gran prensa internacional y, por ello, ha sido importante para mi confirmar, con casos como este de rebeldía, que no parecen ser excepcionales, mi percepción de que los valores de la nación hebrea serán los que pongan coto, más temprano que tarde, a la nefanda actuación de Israel como peón avanzado del poder sionista internacional, tanto en el Oriente Medio como a escala mundial.

No me parece justo que la nación hebrea toda, cuyos hijos e hijas tanto han aportado a la Humanidad en las ciencias, las artes, la política y el humanismo en general, sea tenida como aspirante guerrerista a la conquista del mundo por culpa de los malsanos intereses y propósitos de lo peor de sus filas integrados en el llamado lobby sionista internacional, que ya actúa como dueño de Israel y más influyente cabildero del imperialismo estadounidense.

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