martes, 7 de septiembre de 2010

País Vasco: Ahora veremos quién hace trampas para continuar la guerra

J. M. Álvarez

El anuncio de ETA de renunciar, por ahora, a la lucha armada se produce poco después de conocerse un documento conjunto de la izquierda abertzale y EA, donde reclamaban a esa organización "un alto el fuego permanente y con verificación internacional". El comunicado de ETA no parece haber sido bien recibido por el régimen español, sobretodo si tenemos en cuenta que una vigilancia internacional haría imposible que cualquiera de las partes hiciera trampas sin que fueran detectadas y denunciadas.

Personajes como Frederick de Klerk, Desmond Tutu y varios ex primeros ministros irlandeses reclamaron a ETA un alto el fuego supervisado internacionalmente, y pidieron al Gobierno español que, de darse esa situación, como ha sucedido, abriera un dialogo para alcanzar la paz. Hasta la Comisión Europea en Bruselas ha manifestado su esperanza por la declaración de ETA, avisando que va a seguir de cerca el desarrollo de los acontecimientos. En fin. Testigos de por medio, algo que no es del agrado de Madrid.
Acerca de lo que, desde la cúspide del poder, llaman treguas-trampa, me remito a la memoria histórica. Desde Argel, pasando por las negociaciones con el Gobierno de Aznar y terminando por Zapatero, si hubo trampas fueron por parte del Estado español. Era cotidiano, casi rutinario, que los interlocutores de ETA que iban a negociar fueran detenidos ¿Qué clase de tregua es esa donde una de las partes apresa a la otra, nada más salir de la mesa de negociación? No se me olvida la sorpresa de Otegi, detenido, sin venir a cuento, preguntando: “¿Conde Pumpido sabe esto?” A toda acción corresponde una reacción. ETA reanudó los atentados y vuelta a empezar con la espiral sin salida.
El ministro Rubalcaba y sus aliados están asustados; por tanto dicen que la declaración de ETA es "insuficiente" y reafirman que "se mantendrá la firmeza y la lucha" avisando de esa manera a los observadores internacionales, que Madrid no está por la paz. Ellos saben que si son observados, no podrán recurrir a la manida tregua-trampa, en consecuencia dicen- con descaro- que no quieren soluciones pacíficas. Ahora veremos quienes son los tramposos de verdad.
Y es que, debido a su esencia franquista, el régimen de Juan Carlos está, desde 1936, en guerra permanente con los pueblos del Estado español que aspiran a la independencia, si así lo deciden sus mayorías.

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