martes, 7 de septiembre de 2010

Río Turbio, Nueva Córdoba y Copiapó

César Arese (ACTA)

El 14 de junio de 2004, catorce mineros argentinos fueron devorados por la mina de carbón de Río Turbio. Dos semanas después fueron rescatados sus cuerpos sin vida. Habían muerto calcinados, bajo toneladas de carbón, en la oscuridad más absoluta de la mina y, luego, del olvido del país. No se aprendió demasiado de esa tragedia y, por supuesto, no se conoce la condena de los responsables.

Desde entonces no se encaró en Argentina un verdadero proceso de revisión de las reglas en materia de mejoramiento de condiciones de trabajo. La Ley sobre Riesgos de Trabajo da que hablar por la gran cantidad de pleitos (y presuntos fraudes) que provoca y poco por los 700.000 siniestros y casi 1.000 muertos anuales por motivos laborales que debería evitar.

Días pasados la industria de la construcción de Córdoba rebasó las tragedias de sus propios obreros, los de mayor cantidad de accidentes junto con las ramas de industria manufacturera y la agropecuaria. Una estudiante universitaria se arriesgó a transitar por debajo de una de las obras de Nueva Córdoba. Una pared mal calzada cayó y le provocó la muerte luego de una larga y angustiosa agonía.

Lo que se hace en la materia de prevención parece muy poco y, en fin, con disculpas para su memoria, la hecatombe humana de los obreros de Río Turbio, parece inútil.

En Copiapó, Chile, después de dos semanas de permanecer sepultados a 700 metros de profundidad por otro accidente de trabajo, treinta tres mineros dieron muestras de su guapeza de sufridos mineros y se mostraron sobreviviente a otro grave y condenable accidente de trabajo. Fundamentalmente están salvando sus vidas porque hubo medidas de seguridad consistentes en la creación de un refugio con elementos de subsistencia y, luego, los intensos trabajos de rescate.

Con todo, se trata de un incidente que, en materia de trabajo, es siempre previsible, evitable y condenable. Chile debate hoy las condiciones de trabajo y los efectos de su modelo de flexibilización o desregulación laboral. Las secuelas de supresión de reglas laborales dejadas por la dictadura pinochetista se han puesto en cuestión. Es que "accidente"pudo haber sido el terremoto de febrero pasado. Pero el derrumbe de una mina donde se trabaja programadamente para que una empresa obtenga ganancias, no es ninguna eventualidad.

No cabe duda que el día en que estos 33 trasandinos puedan pisar nuevamente las playas del pacifico y bañarse con el bendito sol de la cordillera, se convertirán en símbolo de la vida emergiendo frente a la muerte de la inseguridad laboral. Se aprenderá mucho de su experiencia.

Por ahora, hay quienes parecen confiar más en la Virgen de la Candelaria o del Socavón, la encargada de cuidar a los trabajadores de las excavaciones, que adoptar el sencillo método que el Derecho del Trabajo propone desde hace un siglo para asegurar el derecho fundamental a la integridad psicofísica: generar condiciones de trabajo seguras y saludables.

César Arese es Profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Juez de Cámara de la Provincia de Córdoba.

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