jueves, 30 de septiembre de 2010

Rusia necesita nueva estrategia en sus relaciones con China

Dmitri Kósirev (RIA NOVOSTI)

El Presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, finalizó en estos días una visita a China. En los preparativos de su visita siempre estuvo presente la decepcionante cifra del 2%, que es lo que supone el comercio con Rusia para China, en la actualidad, la economía con el desarrollo más sólido y estable del planeta.

Por muy cercanas que parecieran las posturas de los dos países en asuntos internacionales, el escueto 2% ya no hace pensar en economía sino en una tendencia política que de paso, no es nada favorable.

Esta cifra adquiere especial relevancia si se compara con el intercambio comercial entre China y Estados Unidos que se acerca más o menos a los 300.000 millones de dólares anuales. Merece la pena recordar, sin embargo, que las cifras indicadas son muy aproximadas, porque las evaluaciones post-crisis están todavía están por concluir.

A pesar de que el máximo mandatario ruso aseguró que este año el intercambio comercial ruso-chino regresará a los niveles récord de antes de la crisis -es decir, a los 57.000 millones de dólares-, no ofrecen ni punto de comparación con los intercambios entre China y los Estados Unidos.

En realidad, a lo largo de los últimos 15 años China evidentemente ha sido para Estados Unidos un rival estratégico, lo cual se hacía notar todavía más durante los gobiernos demócratas. Pero la creciente interdependencia económica mutua inclina a estos rivales a la responsabilidad y a la prudencia.

La idea sería, pues, lograr este mismo efecto en las relaciones ruso-chinas. Porque las visiones compartidas del mundo, resulta que unen menos que las fábricas y los contenedores que van de un continente a otro.

Da la impresión de que la visita de Medvédev a China tuvo un carácter fundamentalmente económico, pero es una impresión en parte correcta.

En primer lugar, la existencia de dos documentos firmados por los líderes de ambos países merece de atención. Nos referimos a la Declaración conjunta sobre la profundización multidimensional de las relaciones ruso-chinas en la esfera de la cooperación estratégica y la Declaración conjunta sobre el 65º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.

Los chinos tienen por costumbre prestar mucha más atención a las palabras que a los representantes de otros pueblos. Si el documento dice textualmente "profundización multidimensional", no es un mero giro retórico, sino el resultado de una larga y minuciosa labor de selección de las palabras.

Resumiendo, las relaciones se intensificarán a través de la cooperación económica, en particular, a través de la realización del famoso y a la vez sufrido proyecto de oleoducto entre las ciudades de Skovorodino y Daqing, con la inauguración del cual se hizo coincidir la visita oficial del presidente Medvédev.

Era un proyecto muy discutido que ha suscitado en Rusia numerosas opiniones en contra y, por lo tanto, su finalización representa todo un acontecimiento. Y, sin lugar a dudas, tiene un carácter estratégico: a Rusia le conviene estar ligado a su importante vecino, la segunda potencia mundial, con el férreo hilo del oleoducto.

No obstante, lo que no habría que hacer en ningún caso es echar las campanas al vuelo. Estaríamos hablando de un tráfico anual de petróleo de unos 15 millones de toneladas: cuando el nivel actual de suministro de petróleo podría alcanzar ya las 12 millones de toneladas.

Lo cual no está nada mal desde el punto de vista de nuestras relaciones bilaterales: en 2008, las exportaciones del petróleo ruso bajaron y se supone que, en breve, volverán a crecer; incluso si se tiene en cuenta que es difícil hacer pronósticos ya que antes el oro negro se transportaba por ferrocarril y en adelante fluirá por las tuberías.

Hasta ahora las exportaciones de petróleo ruso a China tenían tendencia decreciente: en 2006 equivalían al 11% y ahora, a tan sólo 6.1% del total de importaciones chinas de petróleo. Es muy probable que se vuelva a alcanzar el antiguo 11% o incluso más, pero en la actualidad China tiene a cuatro exportadores de petróleo más importantes que Rusia: Arabia Saudita, Angola, Irán y Omán.

En las prolongadas negociaciones sobre suministros a China del gas ruso, por otro lado, se ha conseguido avanzar, pero sin llegar todavía a ningún resultado concreto.

La cuestión de los suministros de materia prima energética sirve de fondo para otro problema realmente estratégico en las relaciones entre los dos países. El objetivo clave de la política interior rusa es la modernización de la economía nacional y la incorporación de tecnologías innovadoras, pasando de exportar materia prima a exportar productos de alto contenido tecnológico.

Es por ello que los intereses rusos van divergiendo de los chinos de año en año. China necesita de Rusia sólo la materia prima, porque consigue hacer cada vez con mayor éxito productos de alto contenido tecnológico y está interesado en exportarlos a Rusia.

Antes los "chinos buenos" compraban tecnología y los "chinos malos" la robaban/copiaban sin más. No obstante, China ha emprendido un colosal esfuerzo para crear su propia base intelectual para las investigaciones. Y en general, en estos momentos el centro de las innovaciones globales se está desplazando hacia la zona asiática, incluida China. Rusia, por lo tanto, deberían sacar conclusiones estratégicas.

El crudo solía suponer el 50 % de las exportaciones rusas a China, mientras que el volumen de los productos de alto contenido tecnológicos era cercano a cero; las exportaciones de este tipo de productos de China a Rusia, sin embargo, no han dejado de crecer.

¿De qué manera se ha abordado este problema durante la visita oficial a China de Dmitri Medvédev? Hay que decir que se habló sobre todo sobre la cooperación en la esfera de la energía: éstos son los intereses chinos, qué le vamos a hacer... No obstante, en el campo de la energía nuclear, la futura construcción en China de una central nuclear dotada de reactores de neutrones rápidos es un perfecto ejemplo del uso de altas tecnologías. No estaría mal que las conversaciones sobre la cooperación en alta tecnología dieran unos resultados concretos o, mejor aún, llevaran.

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