miércoles, 29 de septiembre de 2010

Última Asamblea General: Naciones Unidas y el déficit cultural

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

En los foros internacionales donde asisten una mayoría de jefes de estado, como es el caso de la última Asamblea General de la ONU, cada vez descubrimos o ¿confirmamos?, que el desarrollo tiene poco, o nada que ver con la cultura. Se constata que CULTURA es el gran déficit del concepto de desarrollo que prevalece.

El fenómeno proviene desde hace tiempo y quizás en forma más marcada desde la última etapa de la descolonización tradicional en los años 60. Como que Cultura, en el sentido amplio del concepto, entendido como “la forma en que las personas y comunidades enfrentan las demandas del sistema y construyen su estrategia de supervivencia”, estuviera intervenida por diversas interpretaciones de la política.
Los discursos en la última Asamblea General abordaron temas candentes que afectan el clima político local e internacional y la inconmensurable agenda del desarrollo y reducción de la pobreza. Aún así, se hizo evidente en los discursos relativos al logro de las metas del milenio planteadas para 2015 (1), la comprobada dificultad de armonizar el objetivo económico - crecimiento y rentabilidad del capital por ejemplo - con la esencia humana del progreso y más directamente, la determinante cultural de ese desarrollo.

Como que las múltiples variables y necesidades culturales estuvieran consideradas sin ser especificadas dentro del organigrama de ideas como por ejemplo en el respeto a los derechos, a la diversidad religiosa y a la democracia. Por cierto, no es tan inclusivo, ni tan automático, ni tan fácil, y en éstas áreas la variable cultural de da por sentada.

La globalización ordenó económicamente las relaciones entre los países. Lo que no es menos cierto también es que la globalización desordenó el marco de identidades, de culturas, y de aspiraciones más locales, provocando hasta el momento un cruce de intereses que se transforma en un contexto caótico en el sistema de prioridades.

En la persistencia de someter la organización global exclusivamente al eje económico y financiero, se observa cada vez más el objetivo del desarrollo sustentable como algo remoto, y quizás hasta utópico. Tanto así que la omisión de la variable cultural en el debate no es casual, ni forma parte de una matriz conceptual incompleta o sesgada hacia el factor económico del desarrollo, que de por sí es de importancia indiscutible.

Es todo mucho más grave. Los países que forman el circuito llamado Naciones Unidas, independiente de su estadio de desarrollo, de sus regímenes políticos o gobernantes de turno, son reacios a que sus sociedades sean investigadas y analizadas culturalmente en profundidad. Claramente existe el riesgo político en cualquier país al reconocer falencias y por qué no, también virtudes hasta ahora vistas como improbables o desconocidas para cumplir metas de desarrollo y sustentación.

El racismo, la xenofobia, el clasismo, la exclusión, el machismo, el sexismo, por citar algunos rasgos que se empozan en la vertiente cultural de la sociedad, son temas candentes e insoslayables, sin embargo existe una reticencia en investigarlos con apertura filosófica y de cara al público, o con transparencia por usar un término extraviado en inconsistencia de quiénes lo utilizan con fines pocos transparentes.

Mientras termino un texto titulado “Las determinantes culturales para el cumplimiento de la Metas de Desarrollo del Milenio”, en una estadía de más de un año en la ciudad de Nueva York (2008-2009), tuve ocasión de hablar con personal de la cúpula programática de agencias de Naciones Unidas y ONGs concentradas en el tema social, y la repuesta fue uniforme: “Las estrategias válidas para abordar el cumplimiento de la metas del milenio son conocidas por evidencias empíricas. Se trata de un “ahora o nunca” , y no hay tiempo para más investigaciones porque sería como entregar señales equivocadas a las oficinas de países”. Me reservaré los nombres de los ejecutivos de las agencias entrevistados por confidencialidad.

En resumen, se detecta un desgaste (en las agencias del Consejo Económico y Social de la ONU) por una trayectoria de investigaciones en terreno mal formuladas y el poco uso de la sistematización en acopiar y ordenar el material investigativo útil sobre la variable cultural.

Es comprensible, porque para 2015 falta poco y las metas del milenio en muchos países, especialmente los de ingreso bajo, serán obtenidas solo con un incremento de la ayuda externa. Al mismo tiempo, esta ayuda externa que se origina en un pool de recursos de los países ricos e industrializados se ha visto mermada por la crisis económica que hasta hoy se prolonga.

En la apariencia es una situación sin salida, sin embargo existe también esa posibilidad de conocer más aquellas estrategias de supervivencia tanto de las comunidades más desprovistas como de las menos desprovistas. Este conocimiento permitiría agregar una fuente adicional de recursos o de ahorros respecto a la inversión social de fuentes externas.

La conclusión de que “las estrategias válidas son conocidas”, y de que no hay tiempo para investigar la determinante cultural porque sería entregar señales equivocadas a oficinas que tienen las prioridades claras”, es un tanto ostentosa. Es además desajustada en la encrucijada de la crisis económica. Suena como una elaboración de los años 90 cuando el crecimiento económico era más estable, la rentabilidad era más previsible, y había una contención a las burbujas o crisis económicas.
En esta clave de comprender la determinante cultural en el desarrollo, se puede construir el discurso para reducir la falta de comprensión del fondo y la magnitud en la cuestión de las llamadas minorías étnicas en los países. La variable cultural en el sentido amplio, que va más allá de lengua, religión y costumbres, se ha destituido por el abuso del poder político de corrientes filosóficas que sustentan al sistema capitalista y que ignoran derechos culturales reprimidos por siglos.

Notas:
1) Son ocho las metas del Milenio. http://www.un.org/millenniumgoals

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