jueves, 30 de septiembre de 2010

Un solo destino en América Latina y el Caribe

Carlos Angulo Rivas (especial para ARGENPRESS.info)

El socialismo del siglo XXI como ha dado en llamarse a una teoría política, principalmente, en referencia a la revolución bolivariana en Venezuela, no debe anotarse como una simple y simpática frase. El proceso llevado a cabo en Venezuela que aún continúa consolidándose en su propio territorio y en el despertar esperanzado de los pueblos de América Latina y el Caribe, se inscribe dentro de la tradición revolucionaria de la región, cuyo primer acontecimiento trascendental y significativo se dio con la revolución mexicana en 1910. Este primer grito emancipador contra la sangrienta dictadura de Porfirio Díaz fue, inclusive, anterior a la revolución bolchevique en Rusia.

Luego a lo largo de la historia, nuestros pueblos oprimidos han mantenido una lucha constante contra todo tipo de tiranías autocráticas, militares y civiles, que bajo el manto encubridor del imperialismo norteamericano cometieron y cometen inauditos abusos de poder, fraudes y engaños. Allí en el campo rebelde tenemos figuras y movimientos ahogados en sangre, derrotados en una batalla desigual contra la población civil y sus aspiraciones democráticas con sed de justicia social, equilibrio e igualdad de derechos. No obstante, estas derrotas, existe una tradición revolucionaria no agotada en el extenso camino de llegar a la gran transformación de nuestra patria continental. Desde1959 Cuba nos impuso una nueva manera de pensar y el sacrificio de ese pueblo heroico en el transcurso del tiempo no ha sido en vano, porque la doctrina Monroe, la de considerar a la región al sur de México como el patio trasero, ha sucumbido en la negra historia de un nunca jamás del pensamiento popular.

En este contexto, en las elecciones para la renovación de la Asamblea Legislativa de Venezuela, el pasado domingo 26 de septiembre, se ha vuelto a poner en prueba un destino común que no sólo tiene que ver con los venezolanos sino con todos los ciudadanos de la América morena, demandantes del cambio social en camino al Socialismo del Siglo XXI. Con el presidente Hugo Chávez en el poder se han realizado 16 consultas populares, contando esta última, a través de las cuales el pueblo ha decidido y ratificado su futuro en pleno ejercicio de la democracia participativa. Aquí no han habido los cheques en blanco de la democracia representativa, donde los mandatarios hacen y deshacen de sus países periódicamente, inclusive, en medio de escándalos de corrupción, crímenes y arbitrariedades, siempre confiados en que nada les ocurrirá bajo el sistema de impunidad impuesto por ellos mismos. Y precisamente, a través de este proceso inédito de democracia participativa, el gobierno del presidente Chávez ha vuelto a ganar la mayoría absoluta de la Asamblea Legislativa con 98 representantes de un total de 165. Se alega desde la trinchera de los grupos de poder latinoamericanos, de Europa y Estados Unidos, que tal ventaja no es suficiente y que peligra la revolución bolivariana. Nada más alejado de la verdad. Una revolución es un largo proceso que no cambia las cosas de la noche a la mañana. Que tiene sus riesgos, es cierto. Sin embargo, no se pueden aceptar premisas falaces de los sectores reaccionarios y menos de quienes, supuestamente, desde la izquierda afirman como Heinz Dieterich: “Venezuela: cambia el modelo o colapsará como el modelo cubano” ya que este sociólogo alemán, afincado en México, habla desde el Socialismo del Siglo XXI contra el Socialismo del Siglo XXI.

En comparación a todos los índices sociales de Latinoamérica, Cuba se encuentra por encima de la media continental y de muchos países del mundo señalados en la cuota de sociedades emergentes o en desarrollo. Por consiguiente no existe el tal colapso que parece quisiera Dieterich a fin de justificar su visión apocalíptica sin propuestas factibles. Soltar generalidades es muy sencillo, pero ni en un caso ni en el otro el sociólogo alemán acierta, por cuanto Venezuela también, según los informes de las Naciones Unidas, ha superado con creces índices de educación, salud, alimentación, cultura, etc. Además, la rectificación en Cuba a la que se refiere Dieterich es un progresivo cambio de racionalidad económica dentro de los cánones socialistas de la revolución cubana. Las autocríticas son saludables; y ni la de Fidel ni la de Raúl Castro, como tampoco las de otros líderes de Cuba, indican dejar de lado el camino socialista trazado. De ninguna manera, señor Dieterich, se está perdiendo el tiempo, ni en Cuba ni en Venezuela.

En las elecciones de la Asamblea legislativa se jugó el destino de la revolución bolivariana, el ALBA y por proyección la corriente emancipadora en América Latina. Los resultados, gracias al pueblo venezolano, han sido positivos y re-afirmativos del proceso de la democracia participativa, muy a pesar de muchos quienes acusan al presidente Chávez de ser un dictador, por supuesto sin prestar atención a las 16 impecables consultas populares en once años de gobierno. El bloque opositor está ahora dentro de la Asamblea Legislativa y se verá obligado a disparar sus dardos envenenados dentro del gobierno nacional y no fuera de él como lo venían haciendo; en tales circunstancias será mucho más sencillo desenmascarar sus reales enfoques anti-populares. Será más fácil poner en evidencia a los parlamentarios “escuálidos” cuando ellos nieguen su aporte a las leyes fundamentales de la república. Por otra parte, la revolución tiene líneas maestras de acción que poco tienen que ver con el juego parlamentario, siendo la principal la labor de educación de las masas y la creación de la conciencia política, labor propia del Partido Socialista Unido de Venezuela PSUV. Pues, bien sabemos, la revolución no se hace en Asambleas Legislativas sino en los comités barriales, en las organizaciones de base y en los organismos de defensa del proceso bolivariano. "La Revolución ganó voto a voto en 18 de los 24 estados del país" señaló el presidente Hugo Chávez, hoy está en pie la tarea de conquistar esos seis estados restantes.

Como en toda lucha de clases, se trata de la existencia de dos proyectos antagónicos, uno del país y las clases populares, aquel que vela por el bienestar general de la población, la justicia social, la igualdad y la participación democrática; y el otro que como siempre ha ocurrido en Venezuela y a lo largo y ancho del continente, tiene como eje central la exclusión, los privilegios de grupo, el asalto al estado, la corrupción y la desnacionalización de la economía subordinándola a intereses foráneos. Es una lástima que Heinz Dieterich no lo vea de esta manera y crea en sus elucubraciones teóricas, en sus especulaciones fuera de la realidad concreta y de la lucha diaria revolucionaria. Felizmente, la única cuestión de fondo es que vastos sectores de la población ya pueden hablar de socialismo sin temor alguno y comienzan a creer en él como la única alternativa de subsanar los síntomas de la pobreza extrema, aunque aún lamentamos que todavía existan sectores populares engañados por el falso discurso de los poderosos propietarios de los medios de producción. No será por mucho tiempo, aún exista hoy en Venezuela una libertad de expresión irrestricta, convertida en libertinaje por la prensa y TV en manos privadas. Son conocidas las denuncias del deplorable comportamiento de muchos medios de comunicación nacionales e internacionales que difunden informaciones tendenciosas, manipuladas e incluso falsas sobre la realidad política, social y económica del país y del gobierno del presidente Hugo Chávez.

Carlos Angulo Rivas es poeta y escritor peruano.

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