martes, 5 de octubre de 2010

Argentina, Chaco: El calvario de una mujer en la Brigada de Investigaciones

Marcos Salomón - Gonzalo Torres (CHACO DIA POR DIA)

Querían que la testigo Olga Chamorro entregue a su compañero, en ese momento en la clandestinidad y hoy desparecido. También declaró Elvio Lorenzo Borrini, ex jefe de policía de Formosa y padre de una detenida política.

La primera audiencia de octubre de la Causa Caballero sobre torturas a detenidos políticos en la Brigada de Investigaciones y la alcaidía de Resistencia, durante la última dictadura, se desarrolló con dos testimonios.

Primero, la ex detenida Olga Chamorro, que viajó desde Canadá para declarar. Luego, el octogenario Elvio Borrini, ex jefe de la policía de Formosa y padre de Gladys, detenida junto a su esposo Roberto “Patón” Grecca, (también testigo de la causa) en noviembre de 1976.

Amenaza de aborto

Con la voz pausada y cierta tensión que se fue aflojando con el correr de la audiencia, Olga Chamorro contó que fue detenida por el Ejército a fines de agosto de 1976 en la casa de sus suegros, en Villa Berthet.

La esposaron y vendaron y la subieron a un camión que hizo un recorrido con varias paradas en las cuales eran subidos más detenidos. Atardecía cuando llegaron a la Brigada en Resistencia; “Ahí comenzó el martirio”, relató la testigo, que tenía 23 años y estaba embarazada.

En la Brigada la desvistieron y le dieron una paliza. Después le pasaron picana, mientras le gritaban que era una perra, una guacha, una hija de puta. La torturaban para averiguar dónde estaba su esposo: Hugo Rogelio Vocouber, un abogado oriundo de Villa Berthet que integró Montoneros y colaboró con las Ligas Agrarias.

Vocouber pasó a la clandestinidad a mediados de 1976, vivió oculto en el monte (Chaco y norte de Santa Fe) junto con otros militantes perseguidos y logró viajar a España en 1978. Se cree que fue secuestrado en 1980, cuando intentaba ingresar al país por Mendoza o San Juan, como otros chaqueños que intentaron regresar. Tenía 31 años y permanece desaparecido.

Preguntada por los nombres de sus torturadores respondió que “eran unos cuantos, pero me acuerdo de (Gabino) Manader y (Luis Alberto) Patetta (ambos imputados)”. Del primero, resaltó su voz de mando, y la “energía, era el jefe”. Lo recuerda “morrudo y no muy alto”. Después sumó a la lista el nombre de José Francisco Rodríguez Valiente (también imputado).

Vejaciones

En la Brigada, sabían que se había encontrado con Vocouber una noche en el monte, cómo ella lo negaba la tortura recrudecía: “Vamos a matar a tu hija”, era la amenaza de los hombres sin hombría. Olga recuerda haberse desmayado varias veces, pero lo que más la aterrorizaba era la posibilidad de perder su embarazo.

Sabe que estuvo en un “subsuelo” porque tenía que subir escaleras para ir al baño. Ese era el momento en el los integrantes de la patota aprovechaban para abusar sexualmente de las detenidas. “La mayoría de las mujeres que pasaron por la Brigada padecieron lo mismo”, contó.

El secretario del juzgado federal, Carlos Flores Leyes, y el coronel Jorge Larrateguy, jefe del Área 233, la interrogaron en la Brigada. Le dijeron que su situación era muy comprometida y que tenía que colaborar; querían sobrevolar el campo a bordo de un helicóptero para que Olga identificara la zona donde se encontraba su esposo.

Flores Leyes conocía a Vocouber porque habían estudiado juntos abogacía. El coronel Larrateguy, sería el encargado de liderar el operativo, que nunca se materializó.

“Después de esa reunión, la situación se relajó un poco”, relató Olga, que en noviembre fue trasladada a la alcaidía. “Esto no se terminó”, le advirtieron, ya que la iban a regresar a la Brigada cuando naciera su hija, “para usarlo de anzuelo en el monte”.

Bajo amenaza

El 2 de Enero de 1977, por la madrugada, Olga parió a Tatiana. No sabe dónde, la sacaron de la alcaidía después de mucho insistir y la llevaron a un lugar en el que la atendió un ginecólogo, mientras un grupo de soldados hacía guardia en una sala contigua.

De regreso al penal, padeció muy duras condiciones de cautiverio; no tenía leche, ni agua, caliente ni pañales. La situación se volvió insostenible; tuvo que entregar su hijita a su madre. Al poco tiempo, fue traslada al penal de Villa Devoto, muy deprimida por la separación: “Nunca más la pude abrazar, la vi através de un vidrio en una visita”. Cree recordar que en 1978, durante un Consejo de Guerra, tuvo la oportunidad de reencontrarse con su hija durante una hora. “Tatiana caminaba, corría de aquí para allá…”, rememoró.

En 1981, la sacan a Olga de la cárcel y la llevan a una comisaría de Moreno. La torturan y la amenazan como en la Brigada, con una diferencia; ya no le preguntaban por Vocouber, esta vez se centraban en ella. “Pensábamos que eras una perejil, pero vos estuviste organizada”, le decían. Allí se enteró de que iba a ser sometida a un régimen de libertad vigilada, con la prohibición de regresar a Villa Berthet.

“Si denuncias algo a los Derechos Humanos sos boleta”, fue la advertencia con la que inauguró su recobrada libertad.

El exilio: Canadá

Fuera de la cárcel, sus suegros le contaron que Vocouber mandaba cartas o llamaba por teléfono de manera esporádica, a veces desde España, otras desde Portugal. La última vez que supieron de él había sido en octubre de 1980. Olga relacionó este hecho con el interrogatorio en Moreno, sin preguntas sobre Vocouber y presintió lo peor: “Tuve la corazonada de que jamás volvería a verlo”, contó.

Ahí mismo tomó la decisión de salir del país. Pero no le sería fácil, la dictadura que la había torturado salvajemente y que la había apresado durante cuatro años no le permitía abandonar Argentina con su hija, porque la patria potestad de la pequeña la tenía su marido desaparecido.

Un abogado le facilitó un subterfugio; podría sacar a la nena del país con la excusa de realizar un chequeo médico en Canadá, dónde reside desde entonces.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.