jueves, 21 de octubre de 2010

Argentina, Chaco. Masacre de Margarita Belén: La fuga imposible de Carlos Zamudio

Gonzalo Torres (EL DIARIO DE LA REGIÓN - CHACO DIA POR DIA)

La gravedad de la fractura que evidencian los restos de Carlos Zamudio descartan la veracidad de la versión militar de enfrentamiento y escape. El dato surge del testimonio del médico forense Luis Bosio.

Con la declaración testimonial del médico forense Luis Bosio y del ex detenido común Ramón Paiva se desarrolló el 33º día del juicio por la Masacre de Margarita Belén en la sede del Tribunal Oral Federal de Resistencia. Los otros testigos, el coronel Oscar Zucconi y Pedro Amarilla, se excusaron de comparecer con sendos certificados médicos, por lo cual el testimonio de Zucconi (ministro de gobierno de la dictadura en la provincia en 1976) se incorporará mediante la lectura de su declaración en la etapa de instrucción. La decisión del tribunal se fundamenta en que las posibilidades de viajar se complican dado que los tiempos apremian, con la feria judicial cada vez más cerca y todavía la etapa testimonial en trámite.

La audiencia comenzó con un ostensible retraso, como ya es costumbre en la causa; inauguró la jornada el médico forense de la corte Suprema de Justicia, doctor Luis Bosio, que declaró por videoconferencia desde Buenos Aires para explicar con un power point cómo se realizaron las exhumaciones de Emma Cabral, Luis Díaz y Alcides Bosch (en octubre de 2005) y la de Carlos Zamudio (en mayo del corriente).

Acto seguido, sin que medie cuarto intermedio declaró Ramón Paiva, con un testimonio que duró 18 minutos exactos. En diciembre de 1976 Paiva estaba alojado en la planta alta de la Alcaidía, en el sector destinado a los reclusos “comunes”, a quienes no se permitía contactarse con sus vecinos “subversivos” de la planta baja. De los “sucesos” del 13 de diciembre dijo recordar que el comentario en su pabellón “era que habían fusilado a unos muchachos que estaban abajo, en el camino de Margarita Belén”. Eso es todo lo que sabe; no escuchó ni vio ni recuerda nada más.

Exhumaciones

Esta vez la videoconferencia funcionó a la perfección, más allá de algún acople y/o zumbido durante el comienzo. Bosio desarrolló su exposición munido de fotografías de las fosas y de los restos óseos excavados en las dos oportunidades en las que participó: en octubre de 2005 en la exhumación de tres cuerpos, para establecer la identidad de dos nn (Emma Cabral y Alcides Bosch) ratificar la de un tercero (Lucho Díaz) y constatar la causa de muerte de cada uno, y en mayo de 2010 para el estudio de los restos óseos de Carlos Zamudio.

En 2005 se verificó la existencia de “lesiones perimortem compatibles con las provocadas por un arma de fuego en dos de los cráneos examinados” precisó Bosio. (Las lesiones perimorten son heridas que se producen en el momento circundante a la muerte, antes, o muy poco después). Zona de impacto balístico: región occipital (cerca de la nuca) y parietal derecho. Trayectoria de los balazos: de atrás hacia delante.

En cuanto a la distancia estimativa el forense explicó que “calcularla cuando se trata de esqueletos es muy difícil”, ya que los rastros (vestigios de pólvora, y quemaduras superficiales) que indican la proximidad de los disparos se imprimen en los tejidos blandos. También se encontraron restos de proyectiles.

En relación a la pesquisa de 2010, Bosio contó que el esqueleto de Carlos Zamudio estaba “en muy mal estado de conservación” pero que igualmente pudo constatarse una fractura perimorten en el fémur izquierdo. “Es imposible caminar con una fractura como esa” manifestó Bosio. Una afirmación desmiente la teoría del “enfrentamiento” según la cual Zamudio se habría fugado durante el ataque a la columna para morir en un tiroteo en Misiones poco tiempo después del 13 de diciembre.

La cuestión generó un debate que no pasó a mayores en relación al momento exacto de la fractura, si esta tuvo lugar horas o días antes de la muerte. Para despejar dudas y diferenciar una fractura que sana de una que no llega a hacerlo porque el organismo perece Bosio explicó la naturaleza de la cicatrización ósea en el primer caso, “Cuando ocurre una fractura esta se manifiesta por la hemorragia que produce la ruptura de los vasos, después, este sangrado es el que va a reparar el hueso. Una necrosis en los bordes es lo primero que veríamos, (lleva unos 7 días que se produzca)”.

Hacia el final de su testimonio, agotadas las preguntas, aclaraciones finales y consultas, uno de los vocales del tribunal, el doctor Carlos Belforte le sacó a colación al testigo una conversación de ambos en la morgue: el médico le comentó sobre un hueso que no fue consignado en el acta labrada porque evidenciaba una fractura que no podía constatarse con seguridad como perimortem. Bosio no recordó la charla, pero reconoció que ante el caso de no poder certificar con seguridad la naturaleza de una información el dato o indicio no se traslada al acta.

“A los de abajo, los fusilaron”

Ramón Paiva calcula haber estado unos 18 meses alojado en la planta alta de la Alcaidía. Sabe que debajo estaban los presos políticos, pero no conoció a ninguno “porque teníamos prohibido verlos” afirmó. Lo más interesante de su testimonio fue el reconocimiento de que “los comunes” comentaban en la cárcel que a los “políticos” los habían fusilado en Margarita Belén. “Creo que había compañeros que tenían radios, y los días de visita llegaban diarios y revistas al penal” manifestó, pero no pudo recordar si se enteró por los medios de comunicación masiva de las muertes del 13 de diciembre.

Tampoco recordó el número de su celda, pero sí que estaba lejos del comedor donde los masacrados fueron apaleados (en la planta baja) y que la compartía con otros tres reclusos. Varias veces, ante distintas indagaciones sobre lo que pudo percibir durante la noche del 12 y la madrugada del 13, su respuesta fue que desde su ubicación no se podía ver, ni escuchar nada.

Testigos ausentes

Los faltazos de testigos programados – y las convocatorias manifiestamente inconducentes - parecen ser un karma para los dos procesos en curso sobre crímenes de lesa humanidad. Con la fecha de vencimiento del año judicial cada vez más cerca en el calendario, la amarga posibilidad de que este “2010 del bicentenario” finalice con un nuevo aniversario de la Masacre con represores sin sentencia cada vez gana más fuerza. Esta vez fueron dos – la mitad de los testigos de la fecha- los ausentes.

El lunes mediante un fax el coronel (re) Oscar Zucconi remitió un certificado médico para justificar su incomparencia a raíz de padecer un “mal de parkinson vascular”, (también eludió comparecer en la causa caballero, pero por una dolencia distinta: en ese proceso manifestó padecer mal de alzhéimer) Zucconi fue el primer gobernador de facto de la dictadura iniciada el 24 de marzo de 1976; estuvo un mes en el cargo hasta que fue reemplazado por el general Facundo Serrano y reubicado al frente del ministerio de Gobierno.

Desde la querella el abogado Mario Bosch manifestó que si bien la dolencia afecta su capacidad ambulatoria no altera sus condiciones de discernimiento de los hechos, y solicitó que sea un médico oficial el encargado de constatar el estado neurológico del militar golpista.

El tribunal acusó recibo del pedido de la querella pero así mismo dispuso la incorporación del testimonio mediante la lectura de su declaración en la etapa de instrucción.

Pedro Amarilla es el otro testigo (convocado por la querella de la Liga Permanente por los Derechos Humanos) que presentó certificado para justificar su ausencia, en su caso se debe a que padece problemas de alcoholismo. “Alcoholismo crónico”. Todos en la sala estuvieron de acuerdo excepto el doctor Carlos Pujol, de la defensa. “La defensa necesita su testimonio” expresó, súbitamente interesado. La presidenta del tribunal Gladys Yunnes trató de persuadir al abogado defensor, que le replicó con una sonrisa socarrona y no dudo en afirmar: “Si no tomó antes de venir no hay problema…” Tajante pero sin perder la calma la jueza le contestó que una persona que padece esa dolencia es “impredecible” y puso punto final a la cuestión.

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