jueves, 21 de octubre de 2010

Argentina, Córdoba: Fugarse de la cárcel era imposible

Katy García (PRENSARED)

Luis Artemio Reinaudi declaró como testigo en el Juicio Videla Menéndez. En 1975 asumió la defensa de José Cristian Funes, preso y luego fusilado en la UP1. En 1978, el mismo fue recluido. La subordinación de la justicia antes y después del Golpe y el papel Colegio de Abogados quedaron al descubierto.

El abogado y periodista estuvo preso a disposición del área 311 y del Poder Ejecutivo nacional (PEN) desde el 21 de septiembre de 1978 hasta el 6 de septiembre de 1979, el mismo día en que arribó la comisión de derechos humanos de la OEA. Se le otorgó la libertad vigilada y obtuvo la libertad completa en 1980. El recorrido incluyó el centro de detención clandestina La Perla y las cárceles Unidad Penitenciaria (UP 1), La Plata y Caseros.

“Yo ejercí la defensa dolorosamente ineficaz de José Cristian Funes”, afirmó el testigo que por mucho tiempo –explicó- cargó con la culpa de no haber tenido más experiencia y por el desenlace que tuvo. José Cristian Funes (24), militante peronista, fue asesinado el 30 de junio de 1976 junto a Marta Rosetti de Arquiola. La prensa dio cuenta del suceso como intento de fuga. En la causa Videla está designado como Hecho VII.

El testigo respondió a todas las partes sobre diversas cuestiones relacionadas con la causa y con la actuación de instituciones tales como la Justicia y el Colegio de Abogados.

Reinaudi fue secuestrado de su domicilio en barrio Juniors en horas de la noche por policías y militares. “Golpearon fuerte, entraron, me empujaron, me golpearon”, recordó. Lo hicieron vestir y lo llevaron al centro clandestino de detención La Perla, que en ese momento estaba casi vacío.

Allí encontró a otras personas como Yankelevich, Fidel Ángel Castro, José Larisa, Luis José Bondone de Bell Ville, entre otros, algunos de ellos militantes del Partido Comunista (PC) y otros que defendían a presos políticos y trabajaban en la Liga por los Derechos del Hombre. Un oficial y un suboficial, Barreiro y Vega le hicieron preguntas.

“Ante las atrocidades que se han cometido con otros detenidos uno se ve compelido a relativizar la tortura. ¿Te torturaron? No. Me pegaron, no me dejaron dormir, etcétera, pero no me hicieron picana, submarino, etc.”, le manifestó al tribunal

Desde La Perla los subieron a un camión y condujeron a la UP1. Instalado en el pabellón 9 compartió celdas con “Hairabedián, Yankelevich, Jaime Lockman, Mora, Musa, y con un grupo de militantes del PC de Villa María. En total, unas cien personas”, afirmó.

Permaneció incomunicado y salía al patio durante el recreo. “Lo único que permitían recibir del exterior, era papel higiénico o algún medicamento recetado por algún médico de la cárcel. En mi caso tuve una insuficiencia respiratoria y me recetaron una vacuna”, recordó.

En la prisión vio personal del servicio penitenciario, sin embargo aclaró que por comentarios de presos más antiguos que decían “cuidado cuando vengan los verdes”, dedujo que también había militares.

Una de las experiencias más fuertes que le tocó experimentar fue cuando el 27 de octubre a casi la totalidad del pabellón los transportaron a la guarnición aérea. “Ahí estuvimos sentados en el patio hasta el mediodía hasta que nos subieron a un Hércules grande y nos llevaron a la cárcel de La Plata. El trato en el avión fue espantoso. Imagínense que nos habían levantado a las cuatro de la mañana y no íbamos a comer por mucho tiempo. Nos dieron un tarro así de grande de mate cocido –señaló-, y nos encadenaron y empujaban hacia el fondo. Algunos no aguantaron y se orinaron”, describió.

Y agregó que a un muchacho de apellido Pintos, de Río Cuarto, afectado de epilepsia le decían:

- No te hagás el loco, que te vamos a tirar.

- No me hago el loco, estoy enfermo –respondió Pintos.

Simularon que lo arrojarían del avión y lo tiraron al piso.

De La Perla a la UP1

“Era de noche, tal vez no muy tarde, porque cuando entramos a la UP 1 los presos estaban despiertos, con las luces encendidas, alcancé a ver a algunos, era de noche pero no muy tarde. Me acuerdo que el gendarme que me ajustó la venda para subirme a un camión dijo: hay mamita, que olor. Y me dijo que me habían vendado con la prenda íntima de alguien, a mi ya no me impresionaba nada y no sentía el olor. Cuando nos trasladaron nos llevaron arriba del camión, yuxtapuestos uno sobre el otro”, detalló y añadió que “el camión empezó a dar barquinazos por lo que pensamos que íbamos a campo traviesa y realmente íbamos al muere. Hasta que subió a un pavimento y ahí ya nos tranquilizamos un poco. Pero fue muy mortificante porque tenía gente parada encima o con la rodilla”.

Abogado de José Cristian Funes

En 1975, por pedido de Artemia, la madre de Cristian Funes con quien compartía la militancia en el Partido Comunista, “ejercí la defensa dolorosamente ineficaz de José Cristian Funes”, sostuvo.

El abogado señaló que en aquél momento se presentó al D2 para averiguar sobre la situación de su defendido. Le impidieron verlo porque “estaba incomunicado y a disposición del juzgado federal”. En la oficina de justicia le confirmaron que estaba a su disposición pero no incomunicado. Volvió a la policía y obtuvo como respuesta que “eso le dijeron al juzgado, pero para nosotros está incomunicado y no se lo vamos a dejar ver. Así, con tono soberbio. Ese viaje lo hice dos o tres veces. A este muchacho lo deben estar matando y yo no lo puedo ver”, adujo ante el policía.

En el juzgado un empleado le comunicó que “su señoría – la doctora Garzón de Lascano -, no puede hacer nada”. Cuando volvió al D2 ya lo habían trasladado a la penitenciaría. Allí pudo verlo y conocer de su propia boca que lo fue maltratado y “se notaba en su cara señales de golpes”, contó.

Cuando lo llevaron al juzgado, esposado, el funcionario Giraudo pidió que le sacaran las esposas, cosa que no ocurrió. ‘Yo no voy a tomar declaración con esposas’-dijo el escribiente- pero no hubo caso. Incluso tuvo que firmar así.

“Fue la última vez que lo vi. Después llegó el golpe y la situación fue más difícil, yo no estuve prófugo pero tuve que tomar muchas precauciones porque me dijeron que estaba en una lista para ser capturado”, explicó. Por otra parte el estudio jurídico que compartía con Rubén Arroyo había sido asaltado. Asimismo trajo a la memoria la imagen de una ciudad militarizada donde se realizaban controles con las listas en mano.

Se le exhibió un expediente donde reconoció que así lo había visto en la cárcel “delgado, pómulos hundidos; me ha conmovido ver la foto y me hizo reproducir aquella escena”, expresó.

Durante el debate afirmó que escapar no era una opción viable. “Sólo un loco podría haber pensado e intentado. Por las circunstancias, era imposible”. Como se sabe la mayoría de los asesinatos de la penitenciaría fueron por la aplicación de la llamada “ley de fuga”.

Por otra parte desde el 24 de marzo le habían comunicado que la defensa de los presos políticos quedaba a cargo de los defensores oficiales. “Yo me había comprometido en retomar esa tarea. Y llegó el padre un día al diario a darme la noticia: lo mataron, lo mataron. Yo lo miré con cara de impotencia. Hizo así –un gesto-, y se fue. Había ido a decírmelo y descargarse”, rememoró.

El Poder Judicial y el Colegio de Abogados

“El Colegio de Abogados, como colegio, no cumplió la función que debía cumplir, creo que entró en el ámbito de al autolimitación, del miedo y no tuvo la actitud vigorosa que tenía que tener”, reconoció. En su caso, “se hizo pública porque salió en La Voz del Interior, porque el entonces director, Luis Remonda, tuvo una actitud valiente e hizo publicar mi detención y la de Yankelevich. O sea, la tuvo un diario pero el colegio no la tuvo”, remató.

Asimismo evaluó que el presidente Enzo Bearzotti mantenía una posición de “no comprometer” a la institución y que luego se perjudicaran sus asociados. En ese sentido reveló que hizo gestiones incluso ante Menéndez. “Yo he cuestionado esa posición y otros colegas también, la doctora Mercado que era la esposa y defendía a Valverde, hacía reproches también”, valoró y recordó que hubo numerosos detenidos y desaparecidos. Tampoco se manifestó cuando mataron al abogado Hugo Vaca Narvaja (Hecho X).

El ex preso político sobre este punto y ante un pedido del juez Lascano sobre las causas del asesinato del su colega dijo que “no me corresponde hacer conjeturas, pero creo que había una actitud de quienes ejercían el poder de reprimir a quienes estaban en otro espectro ideológico. Está claro que tomaron a muchas personas. El doctor Vaca Narvaja era abogado de presos políticos, militante… tenía varios factores de riesgo, dirían los médicos”, opinó.

Sobre el final, el juez Ochoa le solicitó una opinión desde su experiencia. “Creo que todos los días los abogados incurrimos en el delito de falsedad ideológica cuando firmamos una declaración ante su señoría y si no está ante un secretario”, comenzó diciendo y aclaró que en aquél momento “Hubo una desnaturalización de la institución del habeas corpus. Estos casos de gente que moría estando a disposición de la autoridad pública y, en muchos casos, de la propia justicia, apenas se tomaba nota. Hoy, creo que a ninguno de los magistrados se le ocurriría archivar las actuaciones y entonces era moneda corriente”, expuso.

“Los habeas corpus jamás motivaban una investigación. Hubo un abandono absoluto de su rol por parte del Poder Judicial de la Nación”, consideró.

Al inicio de la jornada el fiscal Carlos Gonella propuso un beneplácito por la visita de un grupo de diez fiscales de la república bolivariana de Venezuela, presentes en la audiencia. Adhirió el presidente del Tribunal y cuando nadie lo esperaba uno de los abogados de la defensa -Alejandro Cuestas Garzón- sobreactuó y se manifestó en contra del saludo.

Durante la jornada declararon también el ex presos político Raúl Acosta y los ex fiscales Sanmartino y Alberto Zapiola. Y comenzó a ejercer el derecho a ampliar la declaración el imputado Alberto Lucero.

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