viernes, 1 de octubre de 2010

Argentina, Córdoba: Un testigo militar admitió que los intentos de fuga no existieron

Alexis Oliva (PRENSA RED)

“Nunca se atacó un convoy (del Ejército) con detenidos”, fue una de las frases del sorprendente testimonio del coronel retirado Carlos Esteban, quien cumplió funciones en la UP1 durante 1976. Además, el testigo describió la cadena de mandos represivos y comprometió a sus ex camaradas. Hubo gestos de desagrado entre Videla y Menéndez, quien fue trasladado a su casa por una “descompostura”.

Esta vez, el 76 fue un número adverso a la suerte de los represores que -encabezados por Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez- se sientan por estos días en el banquillo de los acusados ante el Tribunal Federal Oral Nº 1 de Córdoba, que los juzga por los asesinatos de 31 presos políticos de la Unidad Penitenciaria Nº 1 (UP1) de Córdoba, perpetrados entre abril y octubre de 1976.
En la audiencia número 35 del juicio a Videla y otros 30 imputados, declaró el coronel (r) del Ejército Carlos Daniel Esteban, testigo número 76 de este proceso. El militar, veterano de la Guerra de Malvinas -quien dijo haber sido condecorado por su desempeño en el combate de San Carlos durante el conflicto con Gran Bretaña- brindó un testimonio que los abogados querellantes consideraron “revelador y contundente” para apuntalar la acusación.

Es que el coronel retirado rompió con la tónica de los demás militares y gendarmes que han sido convocados a declarar, quienes sistemáticamente responden “no recuerdo” ante las preguntas más comprometedoras para sus ex compañeros de armas. Ex subalterno o compañero de casi todos los militares imputados, Esteban brindó un testimonio comprometedor en diversos aspectos, lo que generó permanentes anotaciones y conversaciones entre Videla y Menéndez, gestos de desagrado y hasta algunas sonrisas irónicas.
Sobre todo cuando admitió que bajo la órbita del Tercer Cuerpo de Ejército se realizaban las reuniones de la “comunidad informativa de inteligencia”, en la que participaban “de jefes de brigada para arriba” junto a los responsables de inteligencia de la Fuerza Aérea y otras fuerzas de seguridad, para “intercambiar información de las organizaciones terroristas”.

Aunque también comprometió a los mandos medios al reconocer que “también tomaban decisiones” con autonomía de los comandantes y describir con lujo de detalles la cadena de mandos de la represión institucional.
Pero el momento más sorprendente del testimonio fue cuando el testigo aseguró que “nunca” escuchó que algún vehículo del Ejército que trasladara presos políticos hubiera sido atacado para facilitar la fuga de los detenidos (lo que era el pretexto invocado y publicado en la prensa para justificar la mayoría de los asesinatos de esta causa).
“Recuerdo que quienes hacían los traslados tenían miedo por los ataques. (…) Cuando estábamos en los casinos (de oficiales), decían eso porque los vehículos no eran adecuados, porque no eran blindados, sólo tenían una lona para taparlos y estaban expuestos a un ataque”, manifestó Esteban..
-¿Recuerda que haya ocurrido un ataque de estas características? –le preguntó uno de los fiscales.
-Que yo haya escuchado, nunca se atacó un convoy con detenidos –aseguró el testigo.
Al principio de su testimonio, el entonces subteniente comenzó reconociendo que en 1976 el Ejército cumplía funciones en el interior de la cárcel penitenciaria, además de realizar el control externo: “Nosotros estábamos en el Operativo Independencia y cuando vinimos y nos tocaron estas misiones en la UP1, había pasado el período de requisas, cuando el Ejército tenía una responsabilidad mayor en la cárcel penitenciaria, pero no me tocó verlo”. No obstante, Esteban añadió que “la Policía Militar al principio recibió órdenes distintas que las unidades que fuimos a posteriori, porque ellos tuvieron responsabilidad mayor en el penal (…), porque en las requisas había que quitar los elementos que pudieran afectar la seguridad del penal”. Y minutos más tarde, fue aún más explícito: “Mire, era lo normal que el Ejército entrara a retirar detenidos”.
-¿Tuvo conocimiento de algún episodio en los cuales se produjo la muerte de detenidos? –quiso saber el juez Jaime Díaz Gavier.
-Sí, lo sé porque alguien en el regimiento comentó que había ocurrido un hecho y había que ser cuidadoso con el manejo de detenidos y que había fallecido una persona en el penal.
-¿Por qué motivo?
-Sé que había sido un infarto. (Se refería al caso del detenido René Moukarzel, estaqueado y torturado en el patio de la cárcel el 14 de julio de 1976).
-¿Escuchó que el militar responsable hubiera sido sancionado por ese episodio?
-Sí eso escuchamos, por eso hicieron el comentario de una reconvención y que había sido severamente sancionado por ese episodio.
-¿Quién había sido sancionado?
-En ese momento, el teniente (Gustavo Adolfo) Alsina. Escuchamos que habían sancionado a quien había sido el jefe de ese operativo. Los que habían tomado la medida eran del Comando de Brigada.
También refirió un diálogo con el imputado coronel Osvaldo César Quiroga, a quien conoció en Córdoba a mediados de los 70 y luego fue su jefe cuando ambos revistaban en el Estado Mayor del Ejército, en Buenos Aires, a mediados de los años 90: “Cuando fui su subjefe, salíamos a correr por la zona del hipódromo y me comentaba (…) que había tenido que trasladar detenidos hasta la Justicia Federal y había entregado los detenidos, cuando estaba en el COT (Comando de Operaciones Tácticas). Siempre le indignaba consigo mismo no recordar a quién había entregado los detenidos”.
-¿Por qué?

-Porque así como firmó cuando recibió, pese a que no era el estilo en ese momento, se reprochaba el no haber pedido a quien estaba al frente del COT de la brigada que le firmara la recepción de los detenidos.
-¿Hizo una averiguación él sobre quién podría haber sido esta persona?
-Sí, pero no me dijo quién fuera. Pero en los trotes, que eran bastante largos, se lo reprochaba a sí mismo y decía que por eso era el problema judicial que tenía.
-¿Qué problema hubo con los detenidos?
-El problema era porque estaban desaparecidos. Pero él contaba que los entregó con vida y no recordaba a quién. Esa era la constante prédica que me hacía.

En otro pasaje del testimonio, el abogado querellante Martín Fresneda le planteó al testigo:

-Si se ordenaba hacer una ejecución extrajudicial, fuera de una orden que pueda haber impartido el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, ¿sería lícita o ilícita?

-¿Qué quiere significar con ejecución extrajudicial? –retrucó el coronel Esteban.
-Un asesinato. Dar muerte a una persona sin juicio previo.

-¿Y por qué el Consejo Supremo podía dar esa orden? Un tribunal de guerra, bajo las leyes y la situación que había en ese momento, podía aplicar la pena de muerte, que no se aplicó jamás en la Argentina. Pero el Consejo Supremo no podría dar esa orden.

-¿Sería ilegal?

-Por supuesto.

Luego de finalizar el testimonio de su ex subordinado, durante el cuarto intermedio del mediodía, Menéndez sufrió una "descompostura" y fue trasladado hasta su casa de barrio Bajo Palermo, a donde regresó el pasado 18 de agosto cuando se le renovó el beneficio de la prisión domiciliaria.

La audiencia continuó por la tarde, con el abogado defensor Alejandro Cuesta Garzón representando en ausencia al ex titular del Tercer Cuerpo de Ejército, quien ayer tuvo un día demasiado agitado.

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