martes, 5 de octubre de 2010

China, una nación en vías de desarrollo se enfrenta a problemas de crecimiento

XINHUA

Aunque los 61 años de edad sean indicio de madurez, la nueva China, que celebró su 61º aniversario el pasado día 1 de octubre, parece gozar de pleno ímpetu, vigor y rápido desarrollo, más bien propios de un adolescente.

Al igual que un adolescente que se desarrolla, el país asiático se ha visto expuesto a diversos problemas y dificultades a raíz de la contradicción entre su autopercepción y el reconocimiento por parte de otras naciones desde que se fundara la República Popular China en 1949.

China ha experimentado un rápido desarrollo durante las últimas tres décadas desde la adopción de la política de reforma y apertura a finales de los años 1970, pues el producto interno bruto (PIB) se disparó a más de 34 billones de yuanes (5,08 billones de dólares) en 2009, frente a los 364.520 millones de yuanes en 1978.

Incluso la crisis financiera global fue incapaz de ralentizar el ritmo de desarrollo del país, que registró un crecimiento económico del 9,1 por ciento el año pasado, eclipsando a países industrializados, como Estados Unidos y Japón.

A pesar del impacto negativo de la recesión económica mundial, China reemplazó a Alemania para convertirse en la tercera mayor economía y el mayor exportador del mundo en 2009, y se colocó por delante de EEUU pasando a ser el mayor mercado de automóviles a nivel mundial. Además, en el segundo trimestre de este año, el PIB de China superó, por primera vez, al de Japón.

Zhuang Jian, jefe economista del Banco Asiático de Desarrollo, destacó los éxitos alcanzados por China durante los últimos 30 años, y puntualizó que el fuerte crecimiento ha aumentado la confianza de los ciudadanos chinos, alentándoles a trabajar arduamente para lograr un mejor futuro.

A medida que aumenta la influencia económica de China, han surgido sospechas, críticas e incluso exageraciones deliberadas. Diferentes interpretaciones sobre el desarrollo de China han causado confusión: ¿Sigue siendo China un país en vías de desarrollo o se ha transformado en uno desarrollado?

El gobierno chino ha reiterado que China sigue siendo una nación en vías de desarrollo, mientras que algunos países han alegado que ésta ya no puede ser considerada "una economía emergente", y por tanto debería asumir mayor responsabilidad en cuanto a cuestiones como el superávit comercial, los tipos de cambio, la reducción de las emisiones y el consumo energético. También existe la preocupación de que la emergente China pudiera convertirse en una amenaza para otros países.

El primer ministro chino, Wen Jiabao, declaró durante la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada en septiembre pasado en Nueva York, que China todavía se encuentra en la "fase primaria del socialismo" y sigue siendo un país en vías de desarrollo.

"Estos son elementos fundamentales de nuestro país y así es la verdadera China", insistió Wen.

El premier respaldó este punto de vista con datos específicos, que demuestran que aunque el PIB de China ocupa el tercer lugar en el mundo, el índice per cápita representa apenas un décimo con respecto a los países avanzados. El crecimiento de China se ve obstaculizado por la escasez de recursos, así como por los problemas en materia de energía y de medio ambiente, agregó.

Los expertos coinciden en que resulta difícil ignorar el espectacular crecimiento de la economía china, pese a que el país todavía se encuentre en su etapa de desarrollo.

Wang Jun, investigador del Centro de Intercambios Económicos Internacionales de China, comentó que la economía del país seguirá creciendo a un ritmo relativamente rápido durante un largo período de tiempo, hecho difícil de aceptar para algunas naciones en el corto plazo."Los malentendidos y conflictos son inevitables", reconoció Wang.

"No puedo nombrar otro país en el mundo que haya experimentado tantos cambios en tan poco tiempo", indicó Patrick Chovanec, profesor asociado de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad Tsinghua, con sede en Beijing, y que ha vivido en este país desde 1986.

Chovanec destacó que China ha atravesado uno de los cambios sociales más rápidos y alarmantes de la historia y que dicha evolución continúa.

"Los ciudadanos de diferentes partes del mundo tienen mucha incertidumbre con respecto a cómo sería una China más fuerte y lo que esto supondría para ellos. Hay muchas diferencias culturales y políticas", precisó el profesor, añadiendo que es algo normal que la gente tenga sus temores y preocupaciones.

En este sentido, China deberá volcarse más en mostrar su verdadera esencia a la comunidad internacional y tratar de estar más involucrada en los asuntos internacionales, propuso el economista Zhuang.

Por su parte, Sheng Hong, director del Instituto de Economía Unirule, con sede en Beijing, advirtió del peligro de autocomplacencia y arrogancia, alegando que el crecimiento de una economía debería ir ligado a valores como la sensatez y la humildad y que "China debería asumir con seriedad algunas críticas, excepto aquellas malintencionadas, pues contribuirán a la reforma económica y política del país.

"La clara comprensión del verdadero potencial del país ayudaría al gobierno a tomar las decisiones correctas", agregó Sheng.

Zhuang Jian indicó que el fuerte crecimiento económico de China, impulsado principalmente por su enorme volumen de inversión de recursos y capitales, "resultó insostenible, ineficiente, y se caracterizó por un alto consumo de energía, y era vulnerable a los cambios del mundo exterior".

China tiene un largo camino por delante para alcanzar a los países desarrollados en términos de PIB per cápita, y en la actualidad está aún muy por debajo en lo que respecta a industrialización, afirmó Wang Jun.

El mayor desafío al que se enfrenta China durante este siglo es cómo lograr el desarrollo sostenible, destacó Wang y agregó que el desequilibrio del desarrollo regional, la diferencia de ingresos y la brecha cada vez mayor entre las compañías de propiedad estatal y las privadas constituyen también dificultades a las que tendrá que hacer frente en su desarrollo futuro.

Asimismo, China debería acelerar aún más las reformas políticas, como la restricción y la supervisión adecuada del poder administrativo, ajustándose a las reformas en materia económica, concluyó Sheng Hong.

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