martes, 5 de octubre de 2010

Contemporizar con el régimen español no refuerza, precisamente, la condición revolucionaria

J. M. Álvarez

El presidente Hugo Chávez ha afirmado que no concede credibilidad a los testimonios aportados por "criminales sanguinarios desprovistos de calidad humana y moral", refiriéndose a las declaraciones de los presuntos miembros de ETA Javier Atristain, y Juan Carlos Besance Zugasti, quienes declararon ante la Guardia Civil haber recibido adiestramiento en Venezuela en 2008.

También dijo que “con sus señalamientos absurdos estos dos delincuentes buscan atenuar la celeridad de las penas que la justicia hará recaer sobre ellos" ¿Y qué podrían atenuar o ganar actuando así, me pregunto yo? ¿Quizás eso los salvará de una pena que podría ser cadena perpetua de facto? Aquí el único que gana con esto, es el régimen de los Borbones que con esta maniobra mediática que implica, otra vez, a Venezuela, desvía la atención de la opinión publica sobre la bancarrota del Estado y la dramática situación que viven millones de pobres y desempleados.

Hugo Chávez puede calificar a los detenidos (hasta ahora, presuntos “criminales sanguinarios”) como le dé la gana, eso no es objeto de este escrito, pero ignorar la denuncia de de que han sido sometidos a torturas, es conceder un cheque en blanco al régimen de Juan Carlos. La tortura en el Estado español no es un invento, hasta el burgués Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a Madrid a indemnizar al preso político vasco Mikel San Argimiro, por no investigar las denuncias que hizo tras ser detenido e incomunicado. Para qué hablar del “caso Unai Romano”, cuyas fotografías dieron la vuelta al mundo.

Es posible que en Venezuela la revolución avance y se profundice. En ese sentido le deseo lo mejor, pero la condición revolucionaria no se refuerza contemporizando con un Estado parido por Franco, y menos ante quienes Chávez denomina, con razón, “nostálgicos del franquismo”; por tanto para mí silenciar el hecho de que las confesiones pudieron haber sido obtenidas bajo tortura, es decepcionante sobretodo si consideramos que varios Relatores de la ONU contra la tortura (todos burgueses, ninguno revolucionarios) jamás tuvieron reparo alguno en acusar a España del ejercicio de esa bárbara práctica.

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