viernes, 1 de octubre de 2010

Desde Venezuela: Para Avanzar en Revolución

Edwin Sambrano Vidal (especial para ARGENPRESS.info)

Reconocer la realidad para triunfar

La confrontación política existente en el continente no puede soslayarse a la hora de la actuación de los sectores revolucionarios, progresistas y democráticos. Muchos quieren presentar como inocua esta confrontación y cuando se plantea la existencia de una lucha de poderes y una lucha de clases, desdeñan tales apreciaciones. Sin embargo, la realidad es terca y se manifiesta con crudeza ante nuestros ojos y nuestro entendimiento.

En el momento que escribo este artículo comienza un enfrentamiento armado entre distintos sectores de Ecuador originado en la sublevación de los policías en ese país quienes, además de agredir injustificadamente al presidente constitucional, RAFAEL CORREA, lo mantienen secuestrado en un hospital de Quito con evidentes intenciones de dar un golpe de Estado, de deponer al presidente y de derrocar al gobierno legítimamente electo por la mayoría del pueblo ecuatoriano. Al parecer, tropas del ejército ecuatoriano comienzan a tomar parte en la situación y tal vez en poco tiempo se tenga una definición a favor del restablecimiento del orden constitucional en la hermana república de Ecuador.

Un fenómeno demasiado frecuente

No es nuevo el fenómeno en el actual período de luchas en Latinoamérica. En Venezuela en 2002 se produjo un golpe de Estado, en el cual los sectores económicos en alianza con el alto mando militar utilizaron el descontento de una parte importante de la población ante algunas actuaciones erróneas del presidente Chávez. En Bolivia, con la excusa de la autonomía de ciertas regiones se pretendió iniciar un proceso secesionista y golpista incitando a los militares a deponer al presidente Evo Morales. En Honduras, el alto mando militar secuestró y desterró al presidente constitucional Manuel Zelaya poco antes de las elecciones y tal acción fue cohonestada posteriormente por algunas instituciones. Más recientemente en Paraguay los militares han pretendido derrocar al presidente legítimo Fernando Lugo. La sucesión de acontecimientos, la repetición de los escenarios, esto es, sublevación contra gobiernos surgidos de la voluntad popular e identificados con los intereses y derechos del pueblo, y al mismo tiempo, aliados en el desafío de alcanzar mayor independencia frente a las economías y el poder del imperialismo; revela que estamos en presencia de un plan continental. Negarlo es querer tapar el sol con un dedo y/o pretender confundir a la población con propósitos inconfesables.

Las causas de la sublevación

Esto nos lleva a profundizar en las causas de estos intentos. Causas estructurales que están asociadas al propósito de mantener los intereses hegemónicos de las grandes corporaciones transnacionales, mediante una especie de congelación del estado de cosas frente a los cambios iniciados en cada uno de esos países. Es una madeja de intereses entrelazados cuyo predominio es la causa principal de las calamidades y sufrimiento de las mayorías populares. Estos intereses mantienen el estado de dependencia y de subdesarrollo de los países de América Latina y formulan políticas regionales para implantar cada vez más el dominio de la economía imperialista. Un ejemplo cercano de esta política fue la propuesta del ALCA. Proclamada abiertamente por los mandatarios de los Estados Unidos como una estrategia continental para la recolonización de los países al sur del Río Grande. Esta política fue derrotada definitivamente y ha sido sustituida por los tratados bilaterales de libre comercio entre cada uno de los países y los Estados Unidos. Por medio de estos tratados se imponen las condiciones de la economía, la tecnología y la sociedad de Estados Unidos en detrimento de las sociedades de América Latina. Es una etapa de mayor dominación, porque ya existe un evidente dominio de las economías industrializadas capitalistas. Tales planes van acompañados de estructuras jurídico-políticas, también bajo el dominio de los Estados Unidos, como la OEA, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el G8, entre otras. Estos planes han sido frenados o al menos se han levantado frente a ellos propuestas que permiten a los pueblos de América Latina explorar caminos de independencia y autonomía, de soberanía nacional y popular. Ejemplo de ello son el ALBA y UNASUR, así como los mecanismos financieros, económicos, políticos y culturales que se están organizando para poner en práctica las propuestas integradoras y de independencia real de los pueblos.

Causas inmediatas

Las causas estructurales son puestas en acción por las causas inmediatas. Para activar las fuerzas militares contra los pueblos es necesario encontrar “justificaciones” o pretextos que puedan alcanzar respaldo en la mayoría de la voluntad popular o al menos en una parte importante, En realidad son pretextos, porque la pretensión del bloque imperialista dominante no es dar solución a los problemas de la sociedad, sino satisfacer las expectativas de acumulación que se derivan del funcionamiento de las economías dominantes. Si en tal ejercicio se producen algunas soluciones a los problemas populares, éstas serán presentadas falsamente como el propósito de las políticas económicas imperialistas, aunque, como dijimos, el verdadero propósito es aumentar la acumulación capitalista de las grandes corporaciones transnacionales en beneficio de ciertos sectores de la población de los países industrializados y de una minoría de la población de los países dependientes. Si bien son pretextos para desatar la fuerza militar destructora y avasalladora, estos pretextos no harían falta si se encuentran suficientes errores, desviaciones y fallas recurrentes por parte de quienes dirigen la política popular o inconsistencias e incongruencias en la formulación y desarrollo de esta política.

No reconocer la realidad conduce al fracaso

Tales debilidades pueden conducir, incluso a hacer innecesaria la aplicación de una medida de fuerza brutal que derroque al gobierno popular. Este supuesto aparece cuando los errores, desviaciones y fallas no son revisadas ni rectificadas pretendiendo ocultarlas en el discurso y la publicidad oficialista. La conciencia popular, el impresionante avance de las comunicaciones y la capacidad de opinión y acción mediática de las corporaciones transnacionales hacen que los gobiernos que no corrigen sus fallas comiencen a perder el respaldo popular. Allí se impone la salida política con aplicación moderada de la fuerza o con la simple amenaza de ésta, en un complejo plan de menoscabar el apoyo popular conduciendo a la derrota electoral del gobierno y de las fuerzas que propugnan el cambio social.

Aquí se encuentra la clave de la responsabilidad que tienen los dirigentes en la aplicación de la política de las tres R: Revisar, Rectificar para Reimpulsar.

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