martes, 5 de octubre de 2010

El ave prehistórica Andalgalornis steulleti mataba a sus presas a cabezazos

AGENCIA CYTA - INSTITUTO LELOIR

Un estudio revela que Andalgalornis steulleti, un ave prehistórica de una altura de 1,4 metros y de un peso de alrededor de 40 kg, que habitó nuestra región hace aproximadamente 6 millones de años, golpeaba con el cráneo a sus presas hasta matarlas. El hallazgo se logró mediante el estudio de fósiles encontrados en Catamarca.

Mediante el empleo de un equipo de tomografía computarizada y la recreación de modelos en tres dimensiones (3D), un grupo de investigadores logró descifrar el modo en que el ave prehistórica Andalgalornis steulleti atacaba a sus presas. Los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica PLoS ONE.

“Esta investigación se basó en el análisis de un cráneo de este ave fósil que habitó en Catamarca hace aproximadamente 6 millones de años. Andalgalornis era un ave prehistórica depredadora conocida como fororraco, con una altura de 1,4 metros y un peso estimado de 40 kg. Al igual que el resto de los fororracos su cráneo era desproporcionadamente grande, de 37 centímetros de largo, con un angosto y alto pico dotado de un poderoso gancho similar al de las aves rapaces”, destacó a la Agencia CyTA, uno de los autores del estudio, el paleontólogo Federico Degrange de la División Paleontología Vertebrados del Museo de La Plata, Universidad Nacional de La Plata.

En la investigación también participaron la doctora Claudia Tambussi también del mismo centro, la doctora Karen Moreno de la Université Paul Sabatier (Francia), el doctor Lawrence M. Witmer de la Universidad de Ohio (Estados Unidos) y Stephen Wroe de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia).

Imagen: El fororraco Andalgalornis ataca con su poderoso pico dando como un
hachazo a un peculiar mamífero herbívoro llamado Hemihegetotherium.
Andalgalornis es un ave extinta de hasta 1,40 mts. de alto, incapaz de volar que
habitó Catamarca hace casi 6 millones de años. / Créditos: Ilustración de Marcos
Cenizo, y cortesía del Museo de La Plata, Argentina.

“A partir de las tomografías, se construyeron modelos 3D del fororraco y de dos aves actuales para su comparación: un águila y una chuña, pariente actual más cercano de los fororracos. A estos modelos se les aplicó una técnica conocida como ‘Análisis de Elementos Finitos’ la que consiste en subdividir el modelo 3D en un número muy elevado de tetraedros (como ladrillos). Estos tetraedros están constituidos por nodos unidos por ‘elementos’ a los cuales se les coloca determinadas propiedades. En el caso de nuestro estudio, las propiedades indicadas fueron las propiedades óseas”, explicó Degrange que también se desempeña como investigador del CONICET. Y continuó: “Una vez hecho esto, se le aplican distintas fuerzas sobre cada modelo, como la fuerza de mordida y los resultados indican en que áreas hay mayor fuerza por unidad de área y donde el cráneo sufre mayor posibilidad de romperse.”

La prueba de la mordida

A fin de determinar la fuerza de mordida que tenía Andalgalornis steulleti, Degrange y Tambussi trabajaron en conjunto con los cuidadores y directivos del Zoológico de La Plata para conseguir que una chuña y un águila mordieran un aparato especialmente diseñado para medir la fuerza de mordida. “Combinando toda esta información, descubrimos que la fuerza de mordida de Andalgalornis era de 133 Newtons (unidad de medida de fuerza), un valor menor de lo que hubiésemos esperado y más débil que aquella de muchos mamíferos carnívoros del mismo tamaño”, puntualizó Degrange. Y agregó: “Para dar algunos ejemplos de mamíferos, el jaguarondi, Feliz yagouaroundi, pesa 7,1 kg y muerde a 127 Newtons, el zorro gris Pseudalopex griseus (5,9 kg) muerde a 131 Newtons, la nutria Lutra longicauda (7.8 kg) muerde a 129 Newtons y la hiena Hyaena hyaena que pesa lo mismo que Andalgalornis muerde hasta 4 veces mas fuerte. En el caso de los humanos la fuerza de mordida promedio sería 500 Newtons.

Foto: Cráneo del fororraco Andalgalornis. / Créditos: Cortesía de WitmerLab en la
Ohio University, USA.

En base a estos resultados, los autores del estudio concluyeron que Andalgalornis podría haber compensado la débil fuerza de mordida usando sus poderosos músculos del cuello para arremeter con su fuerte cráneo contra sus presas como un hachazo.

En su conjunto, los resultados brindan una nueva perspectiva acerca del estilo de vida que tenía esta ave depredadora millones de años atrás. Si bien su cráneo era robusto, su pico hueco era demasiado débil lateralmente y estaba en peligro de sufrir una fractura”, destacó Degrange. Y continuó: “El estudio muestra que el fororraco debía emplear una estrategia de ataque y retroceso con golpes bien dirigidos a modo de hachazos. Una vez muerta la presa debió haber sido despedazada en bocados más pequeños utilizando el poderoso cuello, retrayendo la cabeza hacia atrás o, en su defecto, tragada entera.”

Foto: Cráneo del fororraco Andalgalornis, reconstruído a partir de los cortes
tomográficos. Las áreas de color claro representan el fósil, mientras que las áreas
azuladas representan sedimento y yeso. Las líneas indican la posición de los cortes
tomográficos que se ven debajo. Nótese que este pico angosto y totalmente hueco
(indicado por las flechas) era muy fuerte verticalmente, pero peligrosamente débil
lateralmente. Las estrellas muestran las áreas claves del cráneo que se han
convertido en zonas rígidas, móviles en la mayoría de las aves actuales. /
Créditos: Cortesía de WitmerLab en la Ohio University, USA

Los fororracos eran aves depredadoras, con escasa o nula capacidad de vuelo, dotadas de miembros posteriores estilizados, adecuados para la persecución de presas, afirmó Degrange. Y concluyó: “En Catamarca, en la época que habitaba Andalgalornis, eran muy comunes un grupo de mamíferos llamados Nothoungulados emparentados con los caballos, vacas y ciervos actuales. Probablemente hayan sido victimas de Andalgalornis”.

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