martes, 5 de octubre de 2010

¿El capitalismo al final era bueno?

Pablo Benito (TERCER DATA - TMO)

Hebe dijo… o gritó, que había que tomar el Palacio de Justicia. “Arrebatar la decisión a los jueces” con respecto a la Ley de Medios. Según la Presidente, de lo que quedó de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, luego del exilio al que obligó a decenas de madres, en razón de su autoritarismo personalista que llevó, incluso, a sentar a Schoklender como referente del pañuelo a su lado excluyendo a sus propias compañeras, “ellos –los jueces o los que quedan fuera de su “nosotros”- son cómplices de la tortura, la dictadura y de lo que le pasó a nuestros hijos…”

Años atrás, los pañuelos se veían en cada protesta social, en las rutas con los piqueteros, en las Universidades luchando por mayor presupuesto, en las empresas recuperadas por sus obreros, apoyando los reclamos sociales de los trabajadores, exigiendo mejores condiciones de vida en los barrios. Denunciando la represión policial, el gatillo fácil, acompañando a otras madres del dolor por la violencia en democracia. Denunciando la desnutrición infantil, la desocupación, las condiciones infrahumanas en que cumplen penas los presos y responsabilizando a la lentitud de la Justicia porque las tres cuartas partes de la población carcelaria están integrada por procesados sin sentencia.

Entonces ¿Qué pasó en el medio para que las palabras o la convocatoria más fuerte, escuchada de boca de Hebe en su historia se dé en el marco de una ley de regulación empresaria?

¿No hay más represión policial en los barrios? ¿No hay más pobreza? ¿El capitalismo cayó y los asalariados, de la mano del nuevo Agustín Tosco, Hugo Moyano, logró la redistribución de la riqueza? ¿Se erradicó la desnutrición infantil? ¿Volvió el 45 y nuestros obreros vacacionan en Chapadmalal y acceden a la salud gratuitamente con una educación de gran calidad para sus hijos que tienen destino universitario? ¿La población carcelaria duerme en sommiers y ya no se les pega a los reclusos para amansarlos como a fieras? ¿No hay más represión callejera por portación de cara? ¿Se erradicaron las villas miserias?

NO. Hoy, para este progresismo de extrema insensibilidad social y de gran celo financiero por su CBU, mostrar esa realidad que escupe el capitalismo, como producto de su propia esencia, es ser golpista, conservador, clarinista, terrateniente.

Hoy el problema es que los Cristóbal López, los Eskenazi, Los Werthein, los Britos y demás miembros de la nueva burguesía pro ka´s, tienen la plata pero no los dejan entrar en los multimedios. No es que hay cooperativas de periodistas y militantes barriales esperando a que se abran las puertas de la ley de medios, para hacerse del horario central que hoy tiene Tinelli…

No, el “Futbol es para todos”, pero el dinero que genera sigue siendo para Grondona y cia. Los tira cables, los camarógrafos, los utileros, los trabajadores enrolados en UTEDYC, continúan con sus salarios miserables mientras un representante de jugadores que se llevaba 10 hoy se lleva 20 porque el Estado subsidia a la oferta en el mercado esclavista de “pases” de futbolistas.

En verdad… importa poco lo dicho por Hebe de Bonafini, más bien es preocupante lo que calla ese símbolo de la lucha de una generación que, de seguro, pretendería que se la juzgue por sus hechos y se las piense por sus sueños de igualdad, de independencia nacional, de soberanía económica y no que se los trate como unos pobres pelotudos reprimidos por hombres malos. Habría que volver a leerlos, en sus actos, en sus manifiestos… desde “combatiendo al capital”, hasta la “dictadura del proletariado”, no pasaron a la clandestinidad para acordar por un capitalismos “humanista” y equitativo. El Che dijo “sepan sentir como propio el dolor sufrido por cualquiera en cualquier parte del mundo” y aquellos jóvenes, no sus cúpulas político-militares, aprendieron a sentirlo. Entonces, es triste que esa voz ya no exista que ya no sea levantada por sus madres, por sus hijos, por sus hermanos, por sus amigos… por sus compañeros, aún es más triste que las banderas se levanten con sus muertes para legitimar aquello que supieron, y quisieron, combatir.

Hay tantos motivos, reales, revolucionarios, justificados e históricos para tomar Tribunales, Casa Rosada o el Congreso. Tantos ideales que encenderían la mecha de una revolución a la vieja imagen de barbudos entrando en La Habana. Tantos argumentos para que la culminación de la “explotación del hombre por el hombre” le pida la vida a uno para dejarla en el camino hacia el Hombre Nuevo del que hablaba Guevara.

En verdad, no importa si quien suscribe adhiere o no a esos preceptos y los “vive” cotidianamente. Importa que aquellos si, eran motivos ideales para romper un orden institucional que conserva la injusticia social… Ahora, romper las instituciones por una ley de de regulación empresarial, es algo que da vergüenza propia. Vergüenza de pertenencia a esta especie.

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