viernes, 1 de octubre de 2010

El coro de los números anoréxicos

Carlos del Frade (APE)

Nunca ganaron tanta plata como ahora -dijo la presidenta Cristina Fernández en un encuentro con jóvenes militantes del kirchnerismo en la última semana del invierno de 2010-.

Apuntaba a los sectores más acomodados de la sociedad argentina.

No hay que negarle sinceridad a la presidenta: bajo su administración ganan más lo que más tienen. A confesión de partes relevo de pruebas sería la frase que cae justa para la situación.

El kircherismo se ha plantado ante la sociedad argentina como si fuera un gobierno nacional, popular y progresista y suele correr a sus opositores por izquierda.

Es más, cuando el visitante ingresa en la Casa Rosada podrá encontrarse con el retrato del Che Guevara y otros líderes populares de América del Sur como si sus presencias estuvieran indicando que los ocupantes actuales de la sede de la presidencia argentina son sus continuadores.

Pero la presidenta es honesta a la hora de pensar en las consecuencias de su política económica: ganan más lo que más tienen.

El kirchnerismo avanza echando mano a viejas reivindicaciones sociales que generan cambios en la superficie de la realidad pero ninguno en la estructura que ata al país al deseo de las multinacionales.

Para llevar adelante esta política le resultó fundamental domesticar las cifras que marcan la pobreza, la indigencia, la inflación y los ingresos de las mayorías nacionales. Por eso vino la intervención del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo hace ya muchos años.

Narcotizar las cifras oficiales tiene un efecto contundente: nadie sabe cuál es el exacto tamaño del dolor social.

Cuando los números son divorciados de la experiencia vital no es sencillo proponer políticas que, al revés de lo que dice y hace la presidenta, le resuelvan los problemas a los que menos tienen.

Dentro de semejante estrategia de impostar logros y medidas progresistas resulta fundamental anunciar la derrota de la pobreza extrema.

Para el ocupado INDEC ha solamente quinientos mil indigentes en la Argentina del bicentenario y que la pobreza afecta a menos del diez por ciento de la población, alrededor de cuatro millones de seres humanos.

Los números, entonces, preparan la fiesta kirchnerista.

Y para que no quedan dudas del ánimo celebratorio que existe en la sociedad, también el gobierno acaba de recuperar los feriados del carnaval que habían sido eliminados por la dictadura militar.

Ganan más los que más ganan, ya no hay indigentes y vuelven las fiestas del dios Momo: el país de los Kirchner es una fiesta.

Sin embargo, en las calles de las principales ciudades del país, Buenos Aires, Rosario y Córdoba, crece el número de familias que viven entre cartones, cobijas descoloridas y montoncitos de cosas indefinidas.

El realismo mágico del INDEC ocupado e intervenido acompaña con su coro de números anoréxicos.

Sin embargo, en las calles, allí donde la historia adquiere su exacta dimensión, miles y miles de familias no tienen para comer todos los días.

La exacta consecuencia de un modelo donde ganan más los que más tienen.

Fuente foto: APE

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.