viernes, 1 de octubre de 2010

Elecciones bolivarianas dan victoria a la derecha

Jorge Altamira (especial para ARGENPRESS.info)

Los resultados de las elecciones parlamentarias del domingo pasado en Venezuela refutan la tesis política más difundida en América Latina, que dice que se debe apoyar a los gobiernos nac & pop o bolivarianos para impedir que la derecha o el neoliberalismo retome el poder. En efecto, al cabo de más de una década en el timón del Estado, el chavismo acaba de perder, en términos de votos, los comicios recientes por 52% a 48%.

La llamada Mesa de la Unidad, una coalición de derecha, obtuvo 5.3 millones de votos, que sumados a los 300 mil obtenidos por el PTT, que pasó a la oposición en los últimos meses, supera los 5.4 millones de votos obtenidos por el oficialismo. Este último, sin embargo, se quedó con 98 de las bancas en disputa, contra 67 de la oposición sumada, en virtud de un diseño de las circunscripciones armada para favorecer a los candidatos del gobierno. La polarización clásica de las doce elecciones realizadas con anterioridad, que otorgaban al chavismo un 60/63% del electorado (y a la oposición el restante 37/40%) sufrió una reversión importante. Con una alta participación electoral, el chavismo transfirió alrededor de un millón de votos a la oposición gorila. Como ha ocurrido siempre en el pasado, las limitaciones y contradicciones de los procesos nacionalistas de contenido burgués, acaban ofreciendo una nueva oportunidad a una derecha que había sido desahuciada por las masas. El proceso nacionalista, por radical que parezca, ha sido incapaz de privar a la derecha de su base económica poderosa, habilitándola para recuperar de algún modo una base social. Las descomunales penurias del pueblo, como consecuencia de las contradicciones del proceso nacionalista (malversación de recursos, corrupción, anarquía productiva, creación de una burguesía para estatal, acentuada burocratización del poder), han llevado agua al molino de la agitación derechista.

Néstor Kirchner ofreció, durante su estadía en Nueva York, un balance de las elecciones en Venezuela, donde el elogio a la performance electoral del chavismo deja al descubierto una condena lapidaria al proceso bolivariano. Para el argentino, la retención del 80% de su electorado por parte del gobierno, constituye una formidable expresión de fortaleza dada las pésimas condiciones sociales que enmarcaron las elecciones. El chavismo logró una votación masiva, dice Kirchner, a pesar de la falta de luz, de agua, de infraestructura, de la inflación y de la caída de la actividad económica. Es decir que el influjo del chavismo en las masas es enorme. Se puede añadir a esto algo más: hay una fuerte conciencia popular acerca del carácter contrarrevolucionario de la oposición. Esto no es sorprendente: Salvador Allende consiguió la votación más alta de la historia de la izquierda de Chile, cuando la situación económica se había transformado en desesperante – cinco meses antes del golpe. En un caso como en el otro la experiencia reformista o de colaboración de clases, produjo una enorme desorganización económica. El chavismo es también un régimen de colaboración de clases con la burguesía, tanto “endógena” (boliburguesía) como exógena, cuyo régimen social preserva – que se expresa en un poder político bonapartista que somete a la clase obrera a su tutela. Kirchner invita a Chávez a “reflexionar”, es decir a ‘moderarse’ – una conclusión de antología, porque el pingüino lleva adelante también una política de desorganización económica y de saqueo de fondos públicos, sin dar el menor indicio de una disposición a ‘reflexionar’. Kirchner hizo su comentario afectado por los aires de Nueva York y por el entusiasmo de su esposa con la Bolsa de esa ciudad.

Hay un aspecto que ha sido dejado de lado en la totalidad de los análisis de la derrota del chavismo. Ocurre que las elecciones tuvieron lugar luego de la aplastante victoria electoral del uribista Santos en Colombia y de la ejecución del guerrillero ‘Mono’ Jojoy. El cambio de camiseta de una parte importante del electorado representa, entonces, una adaptación a la presión de la derecha continental. Hugo Chávez ha contribuido al desarrollo de esta tendencia al presentar a Santos como una oportunidad democrática para Colombia y para la región. En las últimas semanas han crecido las evidencias de una fuerte colaboración entre el Ecuador de Correa con el gobierno de Colombia. Las vacilaciones de los gobiernos bolivarianos ante ofensivas como las ocurridas en Honduras y en Colombia, son responsables del recule político-electoral en Venezuela. Aliados del chavismo, como Uruguay, Argentina, Ecuador y países del Caribe acaban de participar en maniobras con el Pentágono en el canal de Panamá. La IV flota se pasea por los mares de América, desplegando imperturbable su sistema de espionaje y rastreo electrónico – algo decisivo en los golpes que las fuerzas armadas de Colombia están propinando a las FARC. El gobierno bolivariano sigue empeñado en ingresar al Mercosur (ya lo está en Unasur), o sea en integrar la economía venezolana en la red social, política e institucional de la burguesía mundial en América del Sur.

La mayoría aplastante de los observadores ha opinado que la reacción de Chávez a la derrota electoral será acentuar el desarrollo político de un sistema de comunas y otras instituciones que neutralicen a las instituciones tradicionales, incluida la Asamblea Nacional. Algo parecido sostuvimos en estas páginas la semana pasada. Se supone que Chávez acentuaría su operatoria bonapartista como parte fundamental de la campaña para las elecciones presidenciales de 2012. Pensamos ahora que este pronóstico se encuentra cuestionado. El régimen bolivariano no podrá sustraerse al choque político que tendrá lugar en la Asamblea Nacional a partir de enero, cuando asuma la nueva representación política. Los diputados del chavismo y los cuadros políticos del movimiento bolivariano no resignarán su participación en este choque político para subordinarse a planes de tipo anti-parlamentario. Para estos representantes y cuadros se trata de una cuestión de supervivencia.

El proceso político de aquí en más se desarrollará en el marco de una crisis económica explosiva. La estatal PDVSA ha pasado de una deuda de tres mil millones de dólares en 2006 a treinta mil millones en 2010. La inflación ha vuelto a encarecer sus costos de producción, lo cual plantea la posibilidad de una nueva devaluación del bolívar, luego de la mega desvalorización del año pasado. El mercado negro del dólar ha vuelto a dispararse, cuando el gobierno ya no tiene recursos (reservas o más deudas) para controlarlo. El derrumbe económico será el motor fundamental de una acentuación de la lucha de clases.

A la izquierda revolucionaria de Venezuela se le plantea un enorme desafío, que es al mismo tiempo una oportunidad que no puede despreciar: orientar la reacción de los militantes bolivarianos y de las masas a la recuperación de la derecha. En oposición a la reacción bonapartista que podría ensayar el chavismo, e incluso a las vacilaciones que pondrá de manifiesto (bajo la presión de su derecha interna, de sus aliados continentales y del imperialismo), la izquierda debería poner en claro la responsabilidad del chavismo en el avance derechista; sus limitaciones insalvables para orientar positivamente esta reacción, o sea dar libre rienda a la movilización de las masas; y plantear claramente que esa reacción debe partir de la independencia de la clase obrera del Estado y de la burocracia del régimen; impulsar la formación de una central obrera independiente; y superar las limitaciones de las nacionalizaciones chavistas, con el reclamo de la expulsión de la burocracia del estado de las empresas nacionalizadas, el establecimiento del control obrero; y la formación de consejos obreros y una consejo obrero nacional para establecer un plan único al servicio de los trabajadores. Asimismo, con estos mismos planteos, deberá ponerse a la cabeza de la resistencia social al derrumbe de la economía. Es necesario colaborar para que las masas organicen una alternativa de poder al chavismo para, de paso, barrer definitivamente a la derecha del escenario histórico de Venezuela.

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