jueves, 21 de octubre de 2010

Entre reformas y ajustes: Cuba va

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Más de tres años después de que en su discurso del 26 de julio de 2007, el presidente Raúl Castro reconociera la necesidad de “reformas estructurales y cambio de conceptos”; mediante decisiones de calado moderado, rigurosamente administradas, informadas una por una e introducidas lentamente, Cuba se adentra en la “actualización del modelo económico”, proceso que necesariamente incluirá reformas más o menos prometedoras y ajustes que no pueden ser indoloros.

La carencia de reflexiones teóricas, enfoques conceptuales, debates a escala social y el desconocimiento del proyecto en su conjunto, abren espacios a consideraciones de si tales acciones son una respuesta circunstancial a la crisis y a la coyuntura o emanan de la convicción de que el modelo social vigente está afectado por malformaciones que deben ser corregidas.

No se trata de la primera experiencia de este tipo. En los años setenta del pasado siglo, para resolver una adversa coyuntura creada por errores en la edificación económica calificados de “idealistas”, se emprendió la institucionalización del país que condujo a la copia no sólo del sistema de dirección y planificación de la economía, sino a la importación de elementos del modelo político existente en la Unión Soviética, cosa que en los años ochenta, dieron lugar a un proceso llamado de Rectificación de Errores y Tendencias negativas.

Aquel proceso fue abortado debido a que las reformas encabezadas por Mijaíl Gorbachov que condujeron a la desaparición de la Unión Soviética que, además de los significados políticos e ideológicos que para toda la izquierda tuvo semejante debacle, para Cuba significó el inicio de una crisis económica de la que, casi 20 años después, aun no ha logrado reponerse, entre otras cosas porque al sumarse al bloqueo norteamericano crearon un doble anillo de estrangulación.

En aquellas circunstancias, en los años noventa, bajo la consigna de: “Salvar las conquistas de la Revolución y el Socialismo” una versión de “Todo para el frente” en tiempos de paz, el país cerró filas, apretó el cinturón y aplicó enmiendas económicas que le permitieron márgenes de supervivencia. Entonces también se adoptaron reformas políticas que fueron bienvenidas. Tal vez por asuntos prácticos, aquel proceso se congeló hasta que una nueva coyuntura aun más desfavorable que todas las anteriores indica la necesidad de nuevas iniciativas.

La tarea de aplicar ajustes e introducir reformas en el modelo económico y en el funcionamiento de las instituciones bajo los efectos de una crisis global y otra local, derivada de políticas económicas fallidas, bajos niveles de productividad, subsidios desmesurados, privilegios injustificados, políticas sociales insostenibles, excesos de personal en todas las actividades, recuerda a quien intenta reparar el techo bajo la lluvia.

La cautela con que la “Actualización del modelo económica es conducida”, obedece no sólo a la voluntad de evadir los riesgos que malograron las experiencias de la Unión Soviética y de los países del socialismo real, sino también a la escasa capacidad de maniobra derivada de la necesidad de realizarlo bajo el férreo bloqueo y la agresividad norteamericana, así como con la hostilidad de la emigración cubana instalada en Miami, todavía dominada por un sector sumamente reaccionario que, más que a una integración a los procesos nacionales, desearía una venganza.

Entre las peculiaridades que se advierten en los esfuerzos cubanos donde lamentablemente las reformas y los ajustes vienen juntos y se confunden, es la renuencia a asimilar la experiencia de China, país que introdujo reformas sensibles y exitosas sin abandonar el enfoque socialista, ni modificar el perfil del sistema político, sin renunciar a elementos de planificación, disminuir el papel del Estado ni alterar las políticas sociales y sobre todo sin renunciar al liderazgo del partido comunista.

Hasta donde se puede percibir, no se trata de una actitud crítica y mucho menos de menosprecio ante experiencias que, sobre todo en el caso de China, reciben no pocos elogios, sino a cierto realismo acerca de la escala, las potencialidades y los atractivos de la economía cubana cuyo tamaño es minúsculo respecto a la de China. A todo ello se suman las condicionantes que impone el bloqueo norteamericano y a la falta de atractivos para la inversión extranjera en rangos significativos, especialmente en la esfera productiva, seriamente limitada por las políticas norteamericanas, además de por legislaciones vigentes en la Isla.

De momento lo más significativo es una especie de reforma laboral que además de tratar de disminuir el número y el tamaño de las instituciones que forman la burocracia estatal, procura elevar la eficiencia de la producción y reducir los costos, conlleva la racionalización de decenas de miles de puestos de trabajo con perjuicio para quienes los ocupan en momentos en que el país no dispone de fondos para respaldar políticas de subsidio laboral que estuvieron vigentes en tiempo mejores.

Como paliativo a esta circunstancia el Estado se propone ampliar las opciones de autoempleo favoreciendo incluso la formación de pequeñas empresa privadas, poniendo énfasis en evitar que ello conduzca a la excesiva precarización del trabajo, el deterioro de los niveles y la calidad de la vida más allá de ciertos límites, impidiendo que se entronicen las peores prácticas de explotación del trabajo ajeno. Todavía no es posible saber si este curso forma parte de una estrategia o es un paliativo.

El estilo de la prensa local, sus escasas posibilidades para la investigación impiden saber no sólo como piensa y reacciona el conjunto de la sociedad respecto a estos y otros asuntos sensibles, sino incluso como lo hace la dirección del país, que prefiere la cautela, trata de reducir al mínimo los de riesgos y ante la duda opta por la espera, aun cuando hay quienes estiman que no tiene el tiempo a su favor.

La ausencia de un debate orgánico y conducido por quienes promueven la actualización del modelo, deja fuera del proceso y naturalmente del circuito de toma de decisiones a un calificado activo de economistas, sociólogos y especialistas en todas las ramas y actividades, además de académicos, científicos sociales y otros elementos. Ese comportamiento alimenta una de las autocríticas que más o menos abiertamente, como “fuego amigo” se hacen al esfuerzo: Cuba posee más capital humano del que es capaz de utilizar.

No obstante, se percibe que la cohesión social se sostiene, el consenso no se resquebraja y la capacidad de convocatoria del liderazgo resiste. En ese ambiente la Nación se adentra a otro esfuerzo por lograr que En Naciones Unidas la comunidad internacional respalde su justa demanda de que el bloqueo norteamericano sea suprimido.

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