viernes, 1 de octubre de 2010

La fórmula "genocidio"

Martín Lozada (RIO NEGRO ON LINE)

La construcción de la voz "genocidio" como figura criminal tuvo al jurista polaco Rafael Lemkin como protagonista central y exclusivo. En la Europa parcialmente ocupada de 1941 procuró una fórmula por medio de la cual connotar la asimilación forzada de una cultura. Para ello evaluó la posibilidad de referirse a las categorías de "asesinatos masivos", "desnacionalización", "germanización" y "magiarización".

A todas ellas, sin embargo, encontró inadecuadas. No sólo debido a que no podían ser aplicadas universalmente sino, además, en razón de que no remitían a la destrucción biológica del conjunto. Finalmente arribó al término "genocidio", el cual implica la existencia de un plan coordinado compuesto de distintas acciones, todas ellas dirigidas a la destrucción de los fundamentos esenciales de la vida de los grupos nacionales, con el objetivo de su aniquilación en cuanto tales.

Rafael Lemkin lo concibió a través de un neologismo de etimología híbrida que combinó el vocablo griego "genos" -agrupación humana- y el sufijo latino "cidio" -matar-. Los autores de un genocidio, expresó, intentarán destruir las instituciones políticas y sociales, la cultura, el lenguaje, los sentimientos nacionales, la religión y la existencia económica de los grupos nacionales. Aspirarán, en suma, a erradicar el personal de seguridad, la libertad, la salud, la dignidad y la vida de los miembros individuales del grupo víctima.

Lemkin sostuvo que el genocidio transcurre por dos fases. La primera, consistente en la destrucción de las formas nacionales del grupo oprimido. La segunda, en la imposición de las formas nacionales correspondientes al grupo opresor. Esta imposición podrá ser realizada mediante la opresión de la población a la cual le es permitido permanecer en el territorio o solamente sobre aquél, luego de haberse removido de allí a la población y tras haber sido colonizada el área con los nacionales del grupo opresor.

La nueva categoría jurídica fue posteriormente acogida en el ámbito penal internacional a través de los documentos oficiales relativos a la responsabilidad penal y enjuiciamiento de los principales criminales de guerra alemanes. El plan criminal del nacionalsocialismo alemán y, anteriormente, la masacre de los armenios por parte de Turquía le daban entonces motivos suficientes para la elaboración de una rigurosa semántica jurídica.

Se refirió al genocidio como "un crimen especial consistente en destruir intencionalmente grupos humanos raciales, religiosos o nacionales y, como el homicidio singular, puede ser cometido en tiempo de paz como en tiempo de guerra (...) compuesto por varios actos subordinados todos al dolo específico de destruir un grupo humano".

La incorporación del nuevo término en la Enciclopedia Larousse se produjo en 1953 luego de su aprobación por la Academia francesa. La primera mención en el Oxford English Dictionary tuvo lugar en la sección Addenda and Corrigenda, en la actualización de la tercera edición de 1955. En hebreo, yiddish y serbo-croata el término fue tomado sin apenas modificaciones.

Pese a que no tardó en ganar su aceptación internacional, en ocasiones y contra el deseo de Lemkin fue objeto de traducción como "matanzas masivas". En polaco se utilizó ludobójstwo, que significa "matanzas de pueblos". En armenio se tradujo como tseghasbanutiun, que significa "asesinato de la raza". En alemán como Volkemord, que significa "asesinato de una nación". En la lengua Kinyarwandan, de Ruanda, como n´itsembabwoko que alude a la "masacre de grupos étnicos".

En la lengua castellana fueron varios los autores que discreparon con la construcción del jurista polaco. Así, José Agustín Martínez prefirió la denominación "genicidio", por considerar que es preciso atenerse a genitivo "genus-geni" para formar la voz a semejanza de los términos homicidio, parricidio y regicidio. Contrariamente, Nelson Hungría entendió que la etimología latina en ambos componentes sería la de "genus" (raza, pueblo o nación) y "excidium" (destrucción o ruina), conformándose una acepción más amplia que la indicada por la simple acción de matar.

Entre nosotros, el jurista Francisco Laplaza consideró que la denominación más adecuada era la de "genticidio", al derivar de "gens" y de su genitivo plural "gentis". Indica este neologismo, a criterio del autor, el grupo o pluralidad de personas vinculadas por pertenecer a una misma raza, estirpe o pueblo, y a la acción de darles muerte con el fin de exterminar esa colectividad. El profesor español Luis Jiménez de Asúa y Eduardo Gregorini Clusellas, respectivamente, se pronunciaron en el mismo sentido.

Como se aprecia, el término genocidio constituye una expresión esencialmente problemática, sujeta a debates teóricos insolubles. Para algunos, demasiado amplia, mientras que para otros lo suficientemente reducida como para proponer definiciones alternativas.

No obstante lo cual, pese a las discusiones mantenidas al respecto, lo cierto es que a más de siete décadas de su creación constituye la voz mediante la cual designar universalmente a la particular forma criminal que quedara finalmente consagrada en la Convención Internacional de 1948.

Martín Lozada es Juez Penal. Catedrático Unesco en Derechos Humanos, Paz y Democracia por la Universidad de Utrecht, Países Bajos.

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