viernes, 1 de octubre de 2010

Madrid vs Catalunya

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)
Cuando en un artículo anterior dije que Catalunya es superior al resto de España desde el punto de vista organizativo y colectivo, un aluvión de insultos y críticas se me vino encima. Retiré el artículo no porque me sintiese abrumado por tanta visceralidad y tan poco seso, sino por no inquietar al colectivo de esta publicación digital. Dicen que hay libertad de expresión. Pero si tuviera que juzgar la libertad habida, por ciertas reacciones, y no sólo en este caso, tendría que negarla. Cualquiera diría que no seguimos viviendo en dictadura. En cualquier caso la provocación me fue útil como ensayo. Y seguiré escribiendo lo que pienso, sin hacer concesiones a la galería...

Pero es que, en realidad, aparte de que me refería taxativamente a una virtud social del catalán: su capacidad organizativa (aunque muchos ni lo leyeran), cuando hablaba del resto de España, si bien no lo enfaticé, quería decir que "el resto de España" son Madrid y Castilla. El "espíritu" de ambos es el que odia a Catalunya porque en el fondo la ven superior en lo que digo e insisto: en capacidad organizativa, en rigor y en seriedad, tomados los conceptos como cada cual desee tomarlos...

Madrid y Castilla son un reducto de muchas cosas buenas, pero también de la envidia superlativa. Yo he tratado con jueces, abogados, notarios, registradores, empresarios y funcionarios no sólo en Madrid sino también por las regiones catellanas, y raro ha sido el que, una vez incitado a hablar de ello, no ha puesto de manifiesto su encono, su envidia malsana y su aversión a Catalunya y a los catalanes. El que no lo ha dicho directamente, lo ha expresado burdamente; rechazando, por ejemplo, con gesto significativo de desprecio, un agua de mesa, un vino o una butifarra que figuraban en el menú del restaurante. Y ya se sabe que cuando queremos insultar a otra persona o a un pueblo o a una etnia, un par de palabras bastan para vomitar la hiel…
Y es que Madrid, desde que el franquismo acabó con la Segunda República, tiene una tradición ostensiblemente anticatalana. Primero, durante la dictadura y para disimular pasó por ser la suya una rivalidad, entre Madrid y Barcelona, que nos querían hacer pasar por estimulante. Pero poco a poco y con la contribución de los medios, de los (mal llamados) conservadores, de los fascistas, y también, o sobre todo, de los altos tribunales, aquella rivalidad (si lo era) fue a más hasta llegar al odio.
No escribo desde la sangre castellana que en parte corre por mis venas, pues si así lo hiciera me pondría a la altura de los miserables que sólo piensan con el escroto a la hora de agraviar. Pero porque estoy cerca de madrileños y castellanos y de su necia altanería, les puedo conocer mejor y juzgar. Por eso detesto la necedad de la mayoría de ellos, su ladina bajeza de miras y su envidia. La estrechez de miras y la envidia son las madres de la mezquindad.

Es difícil no encontrar a quienes les basta con sentirse por dentro casi hijos de Cervantes, de Pizarro, de Santa Teresa o del Cid. Por eso tienen a Catalunya siempre entre ceja y ceja. Y por eso, o en buena parte por eso, en este país pasan tantas cosas como pasan. Las otras pasan en Euzkadi, en el fondo por razones parecidas.

Pues bien, haciendo tabla rasa de todo, más le valiera al conjunto de España estar catalanizada en lugar de estarlo fuertemente amadrileñada y castellanizada como está. De esto proviene gran parte de los disturbios y conflictos. Los políticos, los representantes de los ciudadanos y la “alta sociedad” madrileña y castellana se oponen frontalmente al Estado Federal, porque desde el centro pueden seguir sintiéndose dominadores y ejerciendo de tales; como siempre ha sido… Y Catalunya representa para ellos una empalizada.

Decía al principio que escribo siempre lo que pienso. Tengo demasiada edad como para renunciar a ese placer sólo al alcance de los que nada quieren ganar ni nada tienen qué perder, a cambio de la preocupación por el qué dirán... los necios.

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