jueves, 21 de octubre de 2010

México: Para los tecnócratas el pueblo solo es un excipiente

Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)

“Que el fraude electoral jamás se olvide”

En las etiquetas de los medicamentos, al referirse a la composición se dice, por ejemplo: “fulanomicina clorhidrato: 3mg; excipiente: cbp 100mg”. El excipiente es el material inerte que contiene al principio activo y su medida se limita a “cuanto baste para” (cbp) completar el total. Así pudiera también definirse la composición de México: “privilegiados activos: 10 millones; excipiente: cbp 110 millones”.

Para los tecnócratas, enemigos jurados de lo que llaman populismo, lo realmente importante es el grupo de los privilegiados activos, en tanto que el grueso de la población no es más que el continente inútil de los privilegiados. Incluso llegan a decir que los primeros tienen que cargar con el lastre del resto, razón en la que justifican su modelo político: beneficiar a los privilegiados les ayuda a soportar la carga del pueblo. En la medicina el excipiente representa un costo deleznable comparado con el del principio activo; igual sucede con el pueblo, simplemente no cuenta (no contamos, me corrige mi otro yo).

Los franceses se cansaron de servir de simple excipiente y han parado de cabeza la economía del país. Sarkozy arremete contra ellos y se mantiene en su decisión de ajustar a la baja las condiciones laborales, especialmente las referidas a la edad de jubilación, con el argumento baladí de que es indispensable para que las “calificadoras de riesgo de inversión” mantengan el grado AAA para la economía gala y, con ello, se mantengan bajos los intereses a pagar por su cuantiosa deuda. Nada menos que en el país que parió el concepto de la soberanía popular, quienes realmente mandan son “los mercados” y sus agencias calificadoras. El paro nacional está teniendo un nivel de aprobación ciudadana de más del 60%, no obstante los grandes perjuicios que le causa. Como en el 68, el detonante es un simple aumento en la edad de jubilación, pero detrás de él se colocan todas las reivindicaciones ante la suma de agravios que la globalización neoliberal les ha infligido. Las esperanzas del mundo están hoy en juego y en manos de los franceses, después de que los griegos y los españoles se han quedado empantanados y sus reclamos mediatizados en la manipulación política.

Digo lo anterior porque el caso francés tiene mayor repercusión en la opinión pública mundial, no obstante debe reconocerse que en Nuestra América se libran las mismas batallas y, en varios casos, han producido resultados afirmativos. No puede desconocerse que el antecedente que explica la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela fue el llamado “caracazo” por el que la población se manifestó contra las medidas de brutal recorte impuestas por el FMI en ese país. Igual con Evo y con Correa, en Bolivia y Ecuador, surgen como la respuesta del pueblo contra quienes lo agravian. Con menor dramatismo, pero igual resultado, se registra en Brasil, Argentina, Nicaragua, El Salvador, Uruguay y Paraguay.

Habrá que reconocer, para desgracia nuestra como mexicanos, que todavía no logramos deshacernos del lastre de inmovilización larvado desde 1940 por el sistema político priísta que, independientemente de que pudo avanzar en la construcción material del país, lo hizo con cargo al principal activo nacional que es la fuerza de la iniciativa popular, la cual fue siendo cooptada y aherrojada en aras de la estabilidad, pero que devino en inmovilidad. No resulta fácil explicar que el artero golpe contra Luz y Fuerza del Centro sólo haya concitado simpatías hacia el sindicato, pero nada más. Tampoco el que hayan pasado desapercibidas afectaciones tan graves como el FOBAPROA, la privatización eléctrica, la de las pensiones o de la comercialización de subsistencias o la firma del TLCAN. El régimen de la manipulación de la masa, particularmente de los trabajadores, se mantiene; los sindicatos de protección, del más fino corte gangsteril; el de los petroleros, los maestros, los electricistas de la CFE y muchos otros que hacen mayoría, son sólo instrumentos de sometimiento de la fuerza laboral que, también habrá que reconocerlo, durante un tiempo le fue funcional a los propios trabajadores que lograban ciertas conquistas, excepto la de la libertad de manifestación política. La misma manifestación estudiantil del 68, que logró una enorme simpatía popular, se vio combatida por el gorilato de los líderes sindicales adictos al régimen opresor.

Anoche se aprobó en la Cámara de Diputados la Ley de Ingresos para 2011, con la consiguiente andanada de aumentos al consumo popular y los correspondientes privilegios fiscales para los de siempre. Decidir lo contrario sería simple populismo y eso es pecado. En el Senado se aprobó la Ley de Asociaciones Público Privadas, por la que se otorga al Ejecutivo la facultad de seguir entregando el país a los particulares, principalmente extranjeros. En lista de espera para su aprobación las reformas a la legislación laboral en beneficio del patrón. Y la política, para asegurar el bipartidismo y la competencia restringida a las derechas. El pueblo, simple excipiente.

No sé si se junten o se dividan las izquierdas, y casi no me importa. Lo importante es continuar el esfuerzo de organización del pueblo; la tarea de educar políticamente y formar conciencia de la realidad, tan escondida por la propaganda y la manipulación mediática. Que el IFE y el TRIFE digan misa, Andrés Manuel y el movimiento que encabeza tienen el compromiso histórico de recuperar al país. Los de siempre harán su lodazal para tratar de impedirlo. Ahí nos vemos.

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