martes, 5 de octubre de 2010

Perú: El nuevo 3 de octubre

Gustavo Espinoza (NUESTRA BANDERA, especial para ARGENPRESS.info)

La derecha peruana le tiene pánico al 3 de octubre. Lo ha ratificado, una vez más, el tristemente célebre Aldo Mariátegui, director del diario “Correo” y porta estandarte del pensamiento más reaccionario del escenario nacional. “Nunca me gustó -ha dicho- que estas elecciones se programaran un 3 de octubre, un día salado para el Perú”.

Para el Perú no, por cierto, sino para la clase dominante que ve con horror el que la gente proteste o se levante contra “el orden social establecido” que hoy -como ayer- sirve para proteger los privilegios de los ricos, a expensas de los intereses de las grandes mayorías nacionales.

¿Por qué detestan este fecha Aldo y sus acólitos? Si antes tuvieron dos razones, ahora tendrán 3. Los resultados de los comicios de ayer para la elección de gobiernos regionales y municipales, han servido para que sufran una nueva y significativa derrota. Un nuevo trauma que les atormentará la vida en las próximas décadas..

Las razones de “antes”, son más o menos conocidas: el 3 de octubre de 1948 ocurrió en el puerto del Callao la insurrección de la armada, organizada por oficiales apristas de la Marina de Guerra, bajo la dirección del Comandante Aguila Pardo. El movimiento pudo haber triunfado, pero sufrió los efectos de una delación traidora, por parte de la dirección de ese partido, que dio al traste con las expectativas de quienes tomaron las armas para actuar en esa circunstancia.

La dictadura de Odría, que se instalara poco después, mantuvo en prisión a muchos de los marineros que participaron en esa acción. A ellos, los abandonaron en las cárceles y fueron, por eso, la semilla de lo que sería más tarde el APRA rebelde y luego el MIR, germen indiscutido de la experiencia guerrillera de 1965.

El otro 3 de octubre fue quizá más trascendente. Ocurrió en 1968. Y vino signado por la insurgencia de los militares patriotas que depusieron al régimen de Belaúnde Terry acusándolo de una obsecuencia inexcusable ante el gobierno de los Estados Unidos y sus intereses petroleros. El general Juan Velasco Alvarado inició ese día el proceso antiimperialista más importante de la historia política del Perú, que abrió las puertas a la modernidad y al cambio.

La derecha combatió a Velasco con todo. Y hoy, lo odia a muerte. Es consciente que nadie puso más en peligro sus privilegios que este militar de voz ronca que dirigió los cañones contra el Imperio, en lugar de hacerlo -como ocurría antes- contra el pueblo.

Pero ahora el 3 de octubre ha traído un nuevo fenómeno. Los comicios regionales y municipales celebrados en todo el país han confirmado una derrota clara de la reacción en sus lugares más emblemáticos.

Principal perdedora, en el contexto concreto, ha sido por cierto la cúpula dirigente del Partido Aprista. Y más precisamente, el Presidente García.

El APRA apenas ha sido capaz de ganar, un gobierno regional -el de Trujillo- por un margen de votos tan precario que aún puede variar. Pero, a cambio de eso, ha vuelto a perder el municipio local a manos de César Acuña, quien arrasó con casi el 50% de los sufragios en su intento reeleccionista. Su hermano, además, le ganó al reducto aprista en Chiclayo por 37.1% a 25.2%.

Pero el APRA perdió también en Piura -donde ganara el 2006-. Y en Moquegua, donde se alzara la victoria en esa misma ocasión. Si esta vez se quiebra su hegemonía en la capital liberteña, habrá ocurrido que el Partido del gobierno, no tendrá un solo gobierno regional bajo su influencia.

Otra, muy distinta, ha sido la fuerza del pueblo. En Arequipa, por ejemplo, los sectores progresistas lograron ratificar al Presidente Regional Juan Manuel Guillén. En Huancavelica pudieron derrotar al baluarte fujimorista de Salas. En Cusco ganó el nacionalista Jorge Acurio. En Apurímac, Elías Segovia, de Poder Popular Andino. En Junín se impuso Vladimir Cerrón, de Perú Libre; el Cajamarca ganó Gregorio Santos, del Movimiento Nueva Izquierda- Y en San Martín se alzó con la victoria el anterior Presidente regional César Villanueva, de Nueva Amazonía. En Ayacucho perdió el APRA, y el municipio local fue ganado por Rigoberto García, de Unidos por Ayacucho, una significativa coalición de izquierda. 7 regiones, entonces, y varios municipios provinciales encarnan hoy una voluntad de cambio que puede cimentarse en la ruta electoral del 2011.

La batalla principal -o en todo caso, la que alcanzó más resonancia-, se libró en Lima en torno al Concejo Provincial, en una circunstancia en la que el burgomaestre elegido desempeñará, al mismo tiempo, las funciones de Presidente Regional de Lima Metropolitana.

Aunque aún no se han entregado los resultados al 100%, las tendencias oficiales anunciadas hasta casi un 70% le dan a Susana Villarán una victoria que crece y se afirma. Y confirman, para Lourdes Flores, una nueva -y quizá definitiva- derrota.

Aunque no por tan estrecho margen, la victoria de Susana Villarán se veía venir y había sido anunciada incluso por las encuestadoras que operan en el país. Para contrarrestar este “peligro” la clase dominante movió todas las fichas que tuvo a la mano.

El Presidente García declaró cada día y cada noche -incluso en el mismo instante del sufragio- alentando a la candidata de sus preferencias, a la que venciera con males artes el 2006 arrebatándole en mesa los votos para quebrarla. Luís Castañeda -el burgomaestre en ejercicio- hizo lo propio. El “mudo”, como se le conoce, habló hasta por los codos explicando a la gente que no podía votar por alguien que “no continuara” sus obras.

Los ministros, los dirigentes de los Partidos, el Arzobispo de Lima Juan Luís Cipriani, los congresistas, los grandes medios de comunicación y conocidas personajes de la farándula y el espectáculo, sumaron fuerzas para persuadir al electorado a fin que no elija en ningún caso a la abanderada de “Fuerza Social”, a la que acusaron malamente de “terruca”, drogadicta, mentirosa, mal hablada, y otras lindezas.

Los procedimientos usados por la reacción en la campaña fueron en extremo, perversos y descalificantes. Inventaron acusaciones, fraguaron documentos, falsificaron pruebas, distorsionaron hechos y se valieron de evidentes calumnias. En el extremo, imprimieron millares de volantes desorientadores el mismo día de la elección, con un claro apoyo de las autoridades oficiales. Incluso elementos del Servicio de Inteligencia interpusieron sus “buenos oficios” para que las denuncias de los pobladores indignados “no fueran a mayores”.

Nada de eso, finalmente, les resultó. El APRA en Lima perdió en todos los distritos. Hasta su último reducto -Breña- parece haber caído, lo que se confirmará en pocas horas. Aunque la victoria en los distritos limeños no se orientó hacia los sectores progresistas por la ausencia de listas confiables, sí la derrota del oficialismo constituirá un nuevo revés para el régimen.

Que la derecha tuvo conciencia plena que eso habría de ocurrir, lo confirma el nivel de las presiones que los dirigentes del Partido Popular Cristiano ejercieron sobre el Pastor Protestante Humberto Lay a fin que se retirara de la contienda y “endosara” su votación a Lourdes Flores.

Y para quienes aún creen que la derecha usó en el tema “métodos persuasivos y democráticos”, bien vale reproducir un texto de Aldo Mariátegui en su columna de “Correo” de hoy. Dijo, en efecto: “Le ofrecieron 30 puestos en la lista congresal de Unidad Nacional, el primer puesto de ésta, para él, y a su aliado Pedro Pablo Kuczynski como el candidato presidencial de dicha alianza si se retiraba. Se negó, y entonces le propusieron que él encabece la lista presidencial…”

Así “negoció” Lourdes Flores el apoyo a su candidatura. Ofreció el oro y el moro en materia de repartos y, presumiblemente también, en materia de dinero ¿de qué le valió todo ello? De nada.

Como puede apreciarse, lo que comenzó como una campaña de miedo, siguió como una ofensiva de amenazas, luego de mentiras y de calumnias. Y, finalmente, con el claro propósito de quebrar voluntades y comprar votos. Todo fue inútil. El 3 de octubre del 2010 marcó una nueva derrota para la reacción.

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