viernes, 1 de octubre de 2010

Viaje a las estrellas: historia de la medición del tamaño del universo

Laura García (AGENCIA CYTA - INSTITUTO LELOIR - GIYANN-CNEA)

El físico Guillermo Abramson escribió el libro “Viaje a las Estrellas” de reciente publicación, y que narra la historia de cómo el ser humano aprendió a medir las distancias en el universo. Investigador del CONICET en el Centro Atómico Bariloche y docente del Instituto Balseiro, este físico y escritor logra mezclar el humor y la precisión, ingredientes clave de su libro.

Si bien en la Argentina hay pocos casos de científicos que se sientan a contar historias de ciencia, existen y pareciera que cada vez hay más para el deleite de los lectores. Una novedad en este escenario es el libro “Viaje a las Estrellas. De cómo (y con qué) los hombres midieron el universo”, de la colección “Ciencia que ladra…” de Siglo XXI Editores. Su autor, el físico Guillermo Abramson, que es oriundo de la ciudad de Buenos Aires y vive en San Carlos de Bariloche desde 1986, narra en este libro la historia de la medición de la distancia a las estrellas, la “paralaje estelar”. Esto es, cómo fue que los científicos se las apañaron para conocer la distancia a las estrellas.

Abramson es doctor en física e investigador del Grupo de Física Estadística e Interdisciplinaria del Centro Atómico Bariloche, de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Es egresado y docente del Instituto Balseiro (IB). Y, tras varios años de trabajo post-doctoral en Europa, regresó a vivir a Bariloche como investigador del CONICET.

Foto: El físico Guillermo Abramson, que es oriundo de la ciudad de Buenos Aires y
vive en San Carlos de Bariloche desde 1986, es el autor del libro “Viaje a las
Estrellas. De cómo (y con qué) los hombres midieron el universo”. (Siglo XXI
Editores). / Autora: Laura García Oviedo

Además de explicar por qué la visión binocular y el procedimiento geométrico de la triangulación están relacionados con esta historia, expone con humor cómo se mide exactamente una paralaje estelar –distancia a la que se encuentran las estrellas- con gráficos y dibujos. Y, desempolvando un relato que se remonta a la Antigüedad, invita a conocer a personajes como Pitágoras, Erastótenes, Aristarco de Samos y Ptolomeo. Haciendo un salto luego hacia el Renacimiento, aparecen en escena los astrónomos Nicolás Copérnico, Tycho Brahe y Johannes Kepler.

Sin dudas, la presencia de Galileo Galilei es crucial en el relato. Galileo fue quien destacó, entre otros puntos de su obra “Discurso sobre dos nuevas ciencias”, la importancia de observar la paralaje estelar. Además, propuso allí dos métodos para llevar a cabo ese objetivo. A partir de ese desafío –que fue lanzado en una época donde el telescopio ya era un instrumento con mucho potencial en la astronomía– vendrían luego los espectaculares aportes de científicos como Robert Hooke, James Bradley, William Herschel y Thomas Henderson.

De todos modos, sería Friedich Bessel, un ex-contador convertido en “un astrónomo genial”, según las palabras de Abramson, quien lograría el hito de reportar por primera vez con éxito la distancia exacta a una estrella, llamada 61 Cygni, a 10,28 años luz de la Tierra. Esta historia tiene su continuación en logros de los siglos XIX y XX, y también sigue su camino a principios del siglo XXI. Además, en el libro hay breves menciones sobre lo que ocurría en la historia argentina a la par de diferentes hitos de la historia de la astronomía.

“Hace algunos años se completó la misión Hipparcos, que por primera vez midió paralajes estelares de manera masiva, desde un telescopio espacial”, cuenta Guillermo Abramson. Y destaca que a partir de esa noticia, publicada en una revista de astronomía para aficionados llamada “Sky&Telescope”, se sorprendió por la reducida cantidad de distancias estelares se conocen con precisión en la actualidad.

Foto: Tapa del libro “Viaje a las Estrellas”. De cómo (y con
qué) los hombres midieron el universo”. (Siglo XXI
Editores). / Fuente: Gentileza Siglo XXI Editores.

“La historia de la ciencia es un tema que me gusta mucho y leí también libros que contaban historias relacionadas, tanto de la paralaje estelar como de la medición de la Tierra, y del tamaño del universo. Durante el Año Internacional de la Astronomía 2009 preparé una charla pública con estos temas, y decidí convertirla en algo que pudiera llegar a más gente”, señala el físico, tras la consulta de cómo nació la idea para escribir “Viaje a las Estrellas”.

-Desde su experiencia, ¿cuáles piensa que son los ingredientes necesarios para que un investigador escriba un libro de divulgación científica? ¿Le llevó mucho tiempo?

-Me llevó muchísimo tiempo. Tanto el libro como toda la actividad de divulgación del año pasado, que se basó en la organización de charlas y observaciones del cielo en San Carlos de Bariloche a modo de celebración del Año Internacional de Astronomía. Fue tiempo que tomé prestado de mi actividad como investigador, ya que el tiempo no se puede crear a voluntad. Así que no me sorprende que muchos colegas no se lo tomen. A mí me gustó, me parece que vale la pena, y que el sistema científico debe valorarlo. Pero también comprendo que no todos opinen igual.

-¿Podría contar en qué investigación/es está trabajando en la actualidad en el Grupo de Física Estadística e Interdisciplinaria en el Centro Atómico Bariloche?

-Mi trabajo allí abarca el estudio de sistemas de otras áreas de la ciencia, usando metodología de la física estadística. En estos tiempos estoy trabajando en sistemas epidémicos– tratando de explicar el origen de los rebrotes periódicos de algunas enfermedades–, en sistemas ecológicos (plantas-polinizadores, y su propensión a la extinción ante perturbaciones del hábitat), y sistemas de tráfico vehicular (el respeto de las reglas y efecto de la imitación entre conductores).

-Para finalizar, ¿qué relaciones puede destacar entre su trabajo de físico y su pasión por la astronomía?

-Me acerqué a la física por mi gusto por la astronomía. Sin embargo mi carrera científica tomó un rumbo completamente distinto. Actualmente la astronomía es sólo una afición y una posibilidad de divulgar el gusto y el valor de la ciencia, y el disfrute del universo y de la comprensión de sus mecanismos.

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