miércoles, 10 de noviembre de 2010

Argentina. Un impresionismo colectivo: Ni tantos ni tan pocos

Daniel Cadabón (especial para ARGENPRESS.info)

Las discusiones sobre la cantidad de gente que se movilizaron para acompañar las exequias del ex presidente Néstor Kirchner, no llegarán nunca a concensuarse en un resultado objetivo. En primer lugar: porque dicho resultado, dependerá siempre del interés que manifiesten los ojos que cuentan y de su utilización política; en segundo lugar, porque todo lo que rodea a esta muerte esta teñido por las pinceladas de un impresionismo colectivo sorprendente, ante el inesperado vacío de poder, del que muchos temen que termine transformándose en orfandad estatal y que de lugar a una violenta disputa entre las clases dominantes.

Sin embargo, el cálculo no debería resultar tan difícil, de última, lo que se cuenta es una determinada cantidad de gente que participa en una movilización, no se trata de la realización de un nuevo censo.

Podríamos anticipar que tras las más de 26 horas que duraron las exequias del expresidente, la movilización en Plaza de Mayo no superó, ni con mucho, las 80 mil personas. Esta cifra no es menor, teniendo en cuenta que el kirchnerismo lleva 7 años en el poder; pero tampoco es tan “extraordinariamente fabulosa” como la pretenden “6, 7, 8” desbocados acostumbrados a las adjetivaciones exageradas con todo lo que tenga que ver con el kirchnerismo.

Por otro lado, las muestras de dolor de 80 mil personas no pueden considerarse una “bisagra histórica” que parirá un cambio nacional, como se pretende desde el oficialismo. Mientras se ningunea a una cantidad similar de personas que se movilizaron para repudiar el asesinato del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra, y pedir juicio y castigo a la burocracia sindical emparentada con el poder y encubierta por este.

Pero vayamos a los datos. Teniendo en cuenta lo afirmado por los propios organizadores de la ceremonia; para evitar desbordes y ordenar la asistencia: las rondas, alrededor del féretro que contiene los restos de Néstor Kirchner, la realizaban contingentes de aproximadamente 200 personas por vez. De acuerdo a lo que se pudo observar por la cadena televisiva, y esto sin contar las detenciones que se producían para entonar cánticos, marchas, himno, etc. cada contingente tardaba entre 5 o más minutos en dar su pésame; es decir, cada hora pasaban frente al cajón cerrado del ex presidente 12 contingentes de entre 180 y 220 personas (a un promedio de 2400 por hora); lo que da -al término de 30 horas, que fue lo que duró la jornada- cerca de 78 mil asistentes.

Pero no sólo la cantidad importa para efectuar un balance político sobre la jornada de luto, sino y fundamentalmente, la calidad de los asistentes es lo que ayuda.

La principal característica de esa movilización, está dada por en carácter heterogéneo de los convocados. Estuvieron presentes: desde lo mas graneado del “progresismo” porteño, hasta la “columna vertebral del peronismo” en su versión kirchnerista, la burocracia sindical aliada a Moyano, y por extensión a los Juan José Pedraza, Daer, Zanola.

También estuvieron presentes, hombro a hombro, los intendentes “nac & pop” junto a los barones del conurbano, especialistas en el adoctrinamiento de patotas y en el manejo de negociados turbios.

En definitiva todo un combo que no hace más que presagiar futuros enfrentamientos y nuevas crisis que tenderán a develar quienes serán los herederos del futuro movimiento.

Por otro lado hubo, por supuesto, muestras de movilización espontánea y de dolor auténtico entre sectores medios juveniles; ciudadanos independientes, militantes de base kirchneristas y de centroizquierda preocupados por el recorrido que tomará el gobierno de Cristina Kirchner a partir de la muerte de su marido.

Pero de ahí, a pintar con colores confusos de un impresionismo colectivo, el paisaje de que el kirchnerismo pueda adjudicarse una representación política de la juventud argentina y que la empatía frente al fallecimiento del ex presidente se pueda trasladar mecánicamente a adhesiones electorales por parte del conjunto de los ciudadanos; y que todo esto junto termina por fogonear un futuro “movimiento histórico” que recién empieza a tomar forma bajo la conducción de Cristina, no es más que especular con que la situación política se haya vuelto más estable para la presidenta a partir de que el kirchnerismo puede estar mejor sin Kirchner que con él.

En realidad, todo lo que rodeó al velatorio de Kirchner estuvo signado por la manipulación electoral, la hipocresía de los políticos opositores de la burguesía y la incertidumbre de que se genere, más temprano que tarde, un encontronazo masivo entre fracciones del nacionalismo burgués que termine por desestabilizar al gobierno, en momentos en que el negocio sojero y el minero van viento en popa y en que los acuerdos de pago al Club de París están encaminados.

El imperialismo norteamericano ha mostrado sus preocupaciones ante la muerte “de un gran hombre”, como lo caracterizó Obama, y a partir de las editoriales de sus escribas locales, ha lanzado su argumento más contundente: evitar “profundizar la crispación” lo que perjudicaría la necesaria paz social y debilitaría “el buen ambiente de negocios por el que transcurre Argentina”.

En conjunto, las capas altas y las capas medias de una pequeña burguesía timorata, intelectual y voluble, comparten estas preocupaciones y es así que descubren ahora, en su último momento, que Néstor Kirchner era el reaseguro para que las cosas se conserven dentro de los márgenes de esta nueva convertibilidad del 4 a 1; participando con pasión de estos temores por la gobernabilidad, aunque cada vez se ve más amenazada por el desbocado proceso inflacionario que consume salarios y ahorros. Lanzarse de plano a la defensa del gobierno de Cristina con la precaución de quien teme perder el plasma recientemente adquirido, ha cobrado notoriedad y es el gran argumento de la hora. Gran parte de las adhesiones cosechadas en esta última semana por el oficialismo tienen este costado, más vinculado a la incertidumbre que la batalla política pueda generar sobre la economía, que a la empatía pura con el dolor presidencial.

25 de mayo del `73- 27 de octubre de 2010

El peronismo es un partido sexagenario, que ha utilizado desde hace décadas, a sus muertos como bandera y como mitos populares; mitos fuera de tiempo y que ayudan a una interpretación de la situación política a partir de su fallecimiento. Así como esos relatos extraordinarios han hecho en el pasado que el imaginario social conciba a los sindicatos como un invento peronista; hoy imaginan a Néstor Kirchner como la personificación de la igualdad social comparable a otros grandes luchadores latinoamericanos, entre los que cuentan al propio “Che”. Impresentables.

La indisimulada satisfacción, que muestran los representantes del oficialismo por el supuesto impacto que la muerte del ex presidente provocó entre los jóvenes, y de ahí la conclusión apresurada de que estamos ante un renacimiento de la “juventud maravillosa” haría necesario que se tuvieran en cuenta, antes de entrar en estas comparaciones, dos elementos sustanciales. El primero de ellos es de desagravio; porque la JP de los `70 se consolidó como una expresión política de oposición a una dictadura militar y no como la expresión gerencial de un gobierno en el poder y con jóvenes herederos de una fortuna de 55 millones de pesos. Segundo, porque la enorme mayoría de la juventud argentina se moviliza de una u otra manera contra estamentos del estado: batalla contra el gatillo fácil; se organiza contra la burocracia en los sindicatos; lucha en contra de la desocupación en las filas del movimiento piquetero; se organiza independientemente de los partidos del poder en las universidades y en los secundarios.

Un gobierno que niega el 82% a los jubilados; que negocia con las mineras; que paga la deuda externa, hipotecando el futuro del país; que mantiene aceitado el aparato represivo del estado; que dice que hace sin hacer y hace sin decir, de acuerdo a las corporaciones multinacionales, está en las antípodas de las aspiraciones de la juventud argentina.

La moda ahora, aunque por un tiempo, hará eje en la necesidad de gobernar en recuerdo a quien fue un gran hombre y en que cualquier crítica al pasado del muerto es un oprobio a la memoria de un grande de la patria. Ominoso es criticar a los muertos ilustres y más aun si estas criticas se hacen extensivas a sus deudos.

Pero, si las condiciones de crisis que rodean al gobierno se mantienen y profundizan, si el proceso inflacionario sigue su curso; si Cristina Kirchner se afirma, para mantener disciplinada a la clase obrera, en la burocracia sindical que maneja empresarialmente a las tercerizadas, mientras balea a trabajadores que salen a la lucha por sus derechos; si los hechos de represión al Partido Obrero y los ferroviarios tercerizados en Barracas y contra sus militantes, Santa Cruz, Salta, Quilmes se sistematizan, queda la impresión de que el kirchnerismo marcha a una mayor agudización de las contradicciones políticas que lo rodean.

Que la reacción de cada fracción mafiosa vinculada al gobierno, se encuentre hoy limitada por las contradicciones que la enfrentan con el problema de la gobernabilidad, no amerita a pensar que a la larga Cristina Kirchner consiga desarrollar una política adecuada que de solución a cada uno de los problemas que estas fracciones le plantean.

En principio, hay varias muestras que de lo que se trata, no es de ampliar la base democrática en correspondencia con la demanda social, sino, por el contrario, satisfacer la demanda de sus asociados. El kirchnerismo, post Kirchner, ha intervenido a través del Ministerio de trabajo en la CTA a favor de su fracción yaskista; ha salido a defender a la “columna vertebral del movimiento” en momentos en que está cuestionada por emboscar y asesinar a trabajadores indefensos. Ha ratificado en los hechos a los ministros que se fotografían con asesinos confesos y acabará por responder a los intereses de las corporaciones exportadoras que quieren aumentar el saldo exportable de carnes y granos sobre el sacrificio alimentario de los trabajadores argentinos.

Cuando la frustración de los trabajadores, frente a un plato cada vez más escaso, supere el umbral de la demagogia, seguramente se acabarán las frases hechas de una ficción de democracia para que las palabras resuenen más cerca de los hechos, desdibujando el impresionismo colectivo.

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