miércoles, 10 de noviembre de 2010

Cumbre del G-20: Otra cita difícil

Luis Melian (PL)

El Grupo de los 20 (G-20) realizará a partir de mañana una cumbre en la cual las prioridades de varios de sus miembros solo reafirman la diversidad de problemas por resolver.

Con ese antecedente se puede augurar una reunión difícil, máxime si una de las coincidencias es la necesidad de apuntalar la frágil recuperación de la economía global luego de una crisis cuyos efectos todavía se sienten en todos los rincones del planeta.

La forma de cómo lograrlo es la gran pregunta.

Ese es uno de los puntos de una amplia agenda que incluye desde el análisis de la situación económica mundial y políticas cambiarias hasta reformas en el sistema financiero internacional.

Uno de los países defensores de la recuperación como cuestión de urgencia es China, que también aboga por el reforzamiento de la confianza de los mercados, en tanto rechaza el proteccionismo comercial.

Brasil, por medio de su presidente, Luiz Inacio Lula da Silva, insiste en el establecimiento de un orden financiero internacional más democrático y libre de políticas cambiarias proteccionistas.

Ese mensaje se corresponde con la necesidad de hacer frente a retos como la crisis financiera y reducir las desigualdades socio-económicas, para lo cual se requiere un orden internacional que represente mejor los intereses de cada país, según explicó el mandatario brasileño a medios de prensa surcoreanos.

Mientras, la Unión Europea pide que la cumbre de dos días aporte un plan de acción fuerte para apoyar la recuperación, la cual también reconoce como frágil, de acuerdo con el presidente del bloque, José Barroso.

La cita tiene lugar poco después que Estados Unidos propuso fijar límites al superávit, o déficit por cuenta corriente de los países, en un cuatro por ciento del Producto Interno Bruto como vía para eliminar los desequilibrios globales, pero la iniciativa encuentra rechazo.

Una de las naciones opuestas al plan es Alemania, cuya canciller, Angela Merkel, ya adelantó esa posición. En la lista figuran además China, India y hasta Japón, entre otros.

A ello se suma la iniciativa de la Reserva Federal de emitir 600 mil millones de dólares para comprar bonos el Tesoro, también criticada por varios países, incluidos China y Rusia.

La reacción responde a la preocupación de que esa medida podría implicar una invasión de flujos de capital especulativo hacia las economías emergentes con el efecto de nuevas burbujas de activos.

Todo ello puede desencadenar una mayor guerra de divisas y agravar los conflictos comerciales en detrimento de la recuperación de la economía global, según alertan expertos.

Suráfrica, única voz de su continente que estará en la cumbre de Seúl, advirtió que el rápido movimiento de esos flujos de capital golpea las monedas de las naciones en desarrollo.

Poco antes de partir hacia la reunión, el ministro de finanzas, Pravin Gordham, precisó que ello afecta la competitividad de su país y de muchos otros.

La realidad es que la economía global enfrenta serios problemas, apreciable en un informe de la Organización Internacional del Trabajo preparado para este encuentro, el cual recuerda que ese flagelo afecta a la cifra récord de 210 millones de personas en el mundo, con un incremento de 30 millones por la crisis, mientras los salarios reales cayeron cuatro por ciento como promedio respecto a los niveles de hace tres años.

En el caso de Estados Unidos, la desocupación laboral se mantuvo en octubre en 9,6 por ciento, por tercer mes consecutivo. La alta tasa en ese indicador es un fenómeno común a la mayoría de los integrantes del G-20, al que pertenecen las siete naciones más industrializadas del mundo, Rusia y la Unión Europea como bloque.

Debe esperarse entonces que el presidente Barack Obama aproveche la ocasión para ejercer nuevas presiones sobre China en cuanto a una apreciación de su moneda, a la cual trata de culpar por los desequilibrios de la economía estadounidense, responsable de la actual crisis.

El vaticinio de que esta cumbre del G-20 será difícil se justifica además por los encuentros preparatorios, en los cuales las divergencias fueron evidentes. Debe recordarse que los demás miembros del grupo son naciones con diferentes niveles de desarrollo.

Como siempre habrá discursos, una declaración, nuevos compromisos y fotos, pero sin llegar a eliminar las preocupaciones, que en muchos casos serán mayores cuando se conozcan las estadísticas económicas del cierre de año. Las soluciones están por ver y tomarán tiempo.

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