viernes, 17 de diciembre de 2010

Argentina, Chaco. Causa Margarita Belén: Pérez Esquivel: "Margarita Belén fue una masacre contra el pueblo"

Gonzalo Torres (CHACO DIA POR DIA)

Lo declaró el premio Nobel por videoconferencia. La defensa pidió la incorporación a la causa del libro “Por amor al odio”. El juicio pasó a cuarto intermedio hasta el careo entre Francisco Romero y Alfredo Maidana el 22 de diciembre.

La jornada número 43 de la causa tuvo dos testigos; el agricultor Alfredo Pegoraro, que dijo no saber nada en absoluto de los hechos que se investigan y por video conferencia Adolfo Pérez Esquivel, ex detenido político y Premio Nobel de la Paz (1985) por su labor en defensa de los derechos humanos, con un sólido discurso en el que describió el modus operandi del terrorismo de Estado y sus orígenes.

Sin embargo lo sustancial de la audiencia pasó por los continuos choques entre defensa, la barra de imputados y la querella/fiscalía, con la jueza Gladys Yunes haciendo equilibrio para frenar los arrebatos de uno y otro grupo y avanzar en la causa.

Se discutió la pertinencia o no de ciertos testigos y si algunas convocatorias esconden motivos dilatorios de la causa, y la validez de ciertas preguntas de la defensa a la Pérez Esquivel. Hacia el final de la audiencia la disputa fue protagonizada otra vez por un libro. Como si no fuera suficiente con “Los del medio” (el inédito del ex soldado Alfredo Maidana sobre la Masacre) el abogado defensor Carlos Pujol solicitó se incorpore a la causa “Por amor al odio” de Manuel Acuña, (“que tiene un hermano desaparecido” se apuró a aclarar el abogado), pedido que originó el último encontronazo del día.

Round 1: “Actitudes dilatorias”.

El primero comenzó ni bien fue liberado el primer testigo del día; el agricultor Alfredo Ramón Pegoraro que fue convocado a pedido de la defensa porque unos parientes lejanos - que ya testimoniaron en la causa - dijeron que tal vez él podría saber algo al respecto, cuestión que fue rebatida de plano por el testigo desde el inicio de su declaración: “Yo me críe en el campo, no sé leer ni escribir y de esto no he visto nada” manifestó, sin darle tiempo a la jueza Gladys Yunes ni siquiera de terminar el interrogatorio formal sobre los datos personales con el que comienza cada declaración testimonial. Pegoraro no escuchó tiros ni movimiento de camiones. No supo de “enfrentamientos” o muertos, por lo cual su testimonio no duró un suspiro.

Cuando el abogado defensor Carlos Pujol solicitó que se convoque a un Juez de Paz cercano a la zona de la Masacre, (también fue nombrado en debates anteriores) el abogado querellante Mario Bosch se quejó de las “actitudes dilatorias” de la defensa, y reclamó se evite la citación de testigos inconducentes. “Sé que el tribunal tiene criterios de amplitud probatoria, pero la prueba tiene que ser manifiestamente útil y no hipotética” afirmó. La presidenta del tribunal calmó los ánimos al afirmar que se observarán todas las medidas necesarias para acopiar la mayor cantidad de información sin delatar el proceso.

Pérez Esquivel. Verdad y la justicia para el pueblo.

Pasadas las 11 de la mañana de este jueves, comenzó la declaración de Pérez Esquivel por videoconferencia. El premio Nobel de la Paz manifestó que la Masacre debe ser vista en el contexto de la Doctrina de Seguridad Nacional y su política de control social por exterminio de las organizaciones populares, amparada en la complicidad de sectores civiles, empresariales y religiosos, con la contrainsurgencia francesa en Argelia y la Guerra de Vietnam como antecedentes históricos más importantes. “Ese es el marco de los 22 asesinatos, no podemos verlo como un hecho aislado, la Masacre fue un crimen de lesa humanidad” explicó.

El testigo, que estuvo en el Chaco y se entrevistó con familiares de las víctimas relató que el método brutal de la tortura como un arma de inteligencia fue tomado del Ejército Francés, el robo de niños, lo aportó el Franquismo español. Pérez Esquivel sufrió en carne propia los hechos relatados. Fue secuestrado en Brasil en por el Plan Cóndor y confinado en la prisión U9 de La Plata, de donde fueron “trasladados” a la muerte un sinnúmero de presos políticos. La presión internacional evitó que el 5 de mayo de 1977 fuera arrojado al Río de la Plata en uno de los vuelos de la muerte.

Para graficar la terrible actualidad de este tema, Pérez Esquivel advirtió que “la doctrina de seguridad nacional no desapareció, simplemente cambió los ejes. Israel y Estados Unidos justifican la tortura”.

La mención le valió una llamado de atención al querellante Mario Bosch por parte del Tribunal: “preguntas concretas, porque no estamos juzgando ni a Estados Unidos ni a Israel”.

Llegado su turno la defensa esgrimió argumentos legalistas y pidió pruebas documentales de la Masacre, lo que motivó varios pedidos de impugnación por parte de la querella/ fiscalía, reprimendas del tribunal bajo amenaza de echar de la sala a los imputados por sus murmullos y a los abogados por su desobediencia a los repetidos llamados al orden.

Cuando Carlos Pujol le pidió que explique “en base a qué razón dice que lo de Margarita Belén es un crimen de lesa humanidad si eso no está tipificado”, después de una oposición de la querella no concedida el testigo replicó que “todo crimen cometido contra los pueblos es un crimen de lesa humanidad”. Cuando se le pidió pruebas del hecho alegó que la prueba es “el juicio mismo”, y que la dictadura “nunca dio una respuesta convincente a los familiares de las víctimas”.

Finalizada su declaración y las preguntas, el premio Nobel se despidió deseándole al tribunal la “mejor de las suertes por el bien del país”.

Round 2: “Por amor al odio”

La audiencia llegaba a su fin, pero el Dr. Pujol solicitó la incorporación del libro “Por Amor al Odio”, en base a sus “conceptos valederos para la causa” y propuso a su autor, Carlos Manuel Acuña, como testigo.

Acuña es un periodista y escritor que declaró como testigo de la defensa en juicios por crímenes de lesa humanidad en Tucumán y sostiene que el proceso de juzgamiento desde la sociedad civil al terrorismo de Estado es “un caso de justicia comunitaria realizada por tribunales revolucionarios vindicativos propios de la Unión Sovietica”.

Desde la contraparte de la defensa la respuesta no se hizo esperar: “Hay bibliotecas enteras sobre la dictadura, la pertinencia tiene que ver con el objeto de la causa” objetó Bosch. La jueza Yunes atemperó la cuestión enarbolando la “amplitud del tribunal” y fundamentando su posición en la declaración de los sendos testigos de contexto, como el caso del militar democrático Horacio Ballester, Pérez Esquivel o la periodista francesa Marin Monique Rubin (en febrero de 2011). Mientras la jueza explicaba, los imputados sacaban de las casillas a sus acusadores.

“¡Gesticulan!” reclamaron, por lo que sobrevino un nuevo reto generalizado desde el tribunal.

Un nuevo motivo de polémica fue que el libro en cuestión se encuentra en el tribunal, sin que se pueda explicar porqué razón, ya que no fue incorporado en tiempo y forma como prueba documental.

“El ministerio público no se explica cómo pudo suceder algo así” reclamó el fiscal Carlos Amad, con una sólida performance en los alegatos de la causa Caballero. “Hay muchas cosas que la fiscalía no se explica” retrucó el escurridizo Pujol. “En el alegato te las voy a explicar” cantó Amad, con cara de pocos amigos. Pero el debate ya no daba para más: la causa pasó a cuarto intermedio hasta el 22 de diciembre a las 10 de la mañana con el careo entre el ministro de Educación Francisco Romero y Alfredo Maidana sobre el otro libro de la causa; “Los del Medio”.

Edición: Marcos Salomón

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