martes, 14 de diciembre de 2010

Buenos Aires es Indoamérica

LAVACA

Racismo, clasismo, manipulación y muerte. Para leer y escuchar: cómo el conflicto por la ocupación por parte de vecinos sin techo del Parque Indoamericano, Villa Soldati, puso de manifiesto la falta de políticas sociales y la constante argentina de resolver los problemas de los pobres mediante la violencia. De paso, reveló una especie de “quién es quién” que confirma la mediocridad y el resentimiento de Mauricio Macri y su entorno, y cuestiona también las actitudes del gobierno nacional frente al problema de fondo.

Diosnel Pérez (delegado de la Villa 20), Raúl Zibechi (periodista e investigador uruguayo, autor de Genealogía de la Revuelta y Territorios en resistencia, entre muchos otros libros), Gastón Chillier (Director Ejecutivo del Centro de Estudios Legales y Sociales) y Ricardo Dios (del Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires) conversaron sobre estas cuestiones. La llegada de la Gendarmería, (aplaudida por los ocupantes del parque, atacados en estos días por un aluvión de funcionarios, patotas, policías, vecinos y medios), la creación de un nuevo Ministerio de Seguridad encabezado por la hasta ahora ministra de Defensa Nilda Garré, y el enigma de cómo proyectar el futuro, son ahora los enigmas pendientes.

La solución es morirse

El delegado de la Villa 20 Diosnel Pérez acertó con un diagnóstico sobre el país: “¿Por qué se llegó a tanta saña? ¿Por qué no se arregló esto antes de que se mueran cuatro personas? Siempre tiene que morir alguien para que el gobierno decida hacer algo. Siempre fue así. Ojalá algún día se cambie, que se solucionen los problemas antes de que se muera nadie”.

Raúl Zibechi alertó sobre la actuación policial “como una banda”, y el modo en que se combatió a los ocupantes como si se tratara de un ejército extranjero, además de preguntarse qué hubiera pasado si el jefe de gobierno porteño hubiese sido kirchnerista, en lugar de haber sido Macri.

Gastón Chillier, además de la crítica al racismo y clasismo del gobierno de la Ciudad, plantea en qué medida esas posiciones son también las de un sector importante de la sociedad porteña, y critica la especulación política del gobierno nacional, que priorizó su enfrentamiento con Macri en lugar de defender a las personas que estaban siendo atacadas. Y Ricardo Dios considera que además del estricto problema de vivienda, hay en todo esto una jugada política de intenciones más amplias.

“La gente no se va a ir”

Diosnel Pérez salió de la reunión con las autoridades porteñas y nacionales planteando que “lo que se acordó no es mucho, pero es algo. Tampoco se puede pedir que mañana terminen las viviendas. Pero se va a poner un puesto sanitario, baños químicos, agua potable, y un cordón de seguridad para que no pase lo que todas las noches está pasando”.

Este lunes, confirmó Pérez, se volverán a reunir para avanzar con el tema concreto de las viviendas. “Lo que dejamos bien claro al gobierno de la Ciudad y la Nación es que la gente no va a salir de ahí hasta que tengamos la seguridad de que nos van a dar vivienda a los compañeros que la necesitan”. Recordó que por ley, las organizaciones sociales habían obtenido un acuerdo para la construcción de viviendas que quedarían supuestamente a cargo de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, sin que se haya avanzado al respecto. “Si se hubiera hecho eso, capaz que no hubiera pasado lo que está pasando aunque sea con la gente de la Villa 20″. Reclamó también la urbanización de las villas de la ciudad. “Ya tendríamos que haber tenido 2.600 viviendas ahí, si hubieran tenido un poquito de política para solucionar la emergencia habitacional”. Mencionó que en la Villa 20 un cementerio de autos que no se elimina por estar en situación judicial, provocó que haya 40 chicos contaminados con plomo: “Uno es mi hijo, cada tanto le agarran convulsiones y tenés que ver a tu hijo cómo se está retorciendo por culpa de que algo está judicializado.

¿A quién vamos a judicializar por la enfermedad que está trayendo a nuestros hijos por culpa de ese cementerio de autos?”

Otro tema frente al que la clase política no da respuesta: “Yo personalmente reclamé que nadie se hizo cargo de las muertes que hubo estos cuatro días. Queremos justicia y que paguen los asesinos y vayan a la cárcel”.

Los nuevos cabecitas

Desde Montevideo, Raúl Zibechi evocó en conversación con lavaca cuestiones del 2001 y, antes aún, 1945. “La policía actuó como una banda. Como en una guerra. Como si estuvieran peleando contra un ejercito extranjero. No actúa del mismo modo cuando se trata de una protesta sindical, o incluso de los piqueteros de ahora que ya están como más institucionalizados”.

“Me hace acordar al 2000 al 2001, cuando se reprimía a los piqueteros que recién estaban en su primera fase, como a lo extraño, lo diferente, el enemigo. Lo otro, que me parece brutal, es la actitud e Macri. Por un lado es xenófoba sin duda, pero me remite a algo muy tradicional de la clase media y la oligarquía argentina. En el 45 eran los “cabecitas negras” que habían venido del norte de Argentina, pero tratados como si fueran de otros países. Te acordará la frase de Borges sobre el aluvión zoológico”.

¿Xenofobia o pobrefobia?

“La segunda cuestión” dice Zibechi” es que hay una porción muy importante de la sociedad argentina, o por lo menos de la de Buenos Aires, que ve con muy malos ojos a los extranjeros. Perdón, a bolivianos y a los paraguayos. Porque cuando llegan los europeos o norteamericanos que en esos barcos gigantes, todos están felices porque traen plata y son rubios y de clase alta. Aquí lo que hay no es un rechazo a los extranjeros, es un rechazo a los pobres”.

Sobre el gobierno nacional: “Más allá de las declaraciones a los medios, que me parecen correctas, criticando el racismo de Macri, hace falta una política distinta. Una cosa son declaraciones pidiendo perdón a países como Bolivia y Paraguay que se podían sentir lastimados, que me parecen muy bien, y otra cosa es decir qué vamos a hacer con esto”.

Cinismo: de Villa Soldati al country

“Si el gobernador de la Ciudad no fuera Macri sino un kirchnerista, no sé que estaría diciendo el gobierno. Me quedan esas dudas. Porque declarar contra Macri es fácil, pero aquí hay que tomar una política distinta”, reflexiona Zibechi.

¿Es comparable lo que ocurre aquí con lo de Brasil? “Es diferente, las favelas tienen 50 años instaladas, es una situación muy compleja, donde efectivamente hay una guerra entre narcotraficantes muy importantes que no se resuelve como la resolvió Lula. Lo que hay en común es la solución represiva, militar o policial a un problema social. Lo que me parece de un cinismo brutal es cuando hablan de usurpación del espacio. Les preocupa cuando bolivianos y paraguayos ocupan en Villa Soldati el Parque Indoamericano, pero no les preocupa cuando la iniciativa privada ocupa islas del Tigre para hacer barrios cerrados”.

Clarín, La Nación, y el respeto

Para Zibechi “todo esto esconde un racismo y un clasismo feroz por parte de los grandes medios, Clarín, La Nación, todos los medios que piden mano dura. No les tengo el menor respeto, me parece que actúan como lo que son: agentes de clase y agentes racistas y xenófobos. Por eso me recuerda la actitud del aluvión zoológico, los cabecitas. Es una constante de la historia argentina ese racismo de la clase media y media alta, y de los medios de comunicación porteños. Quiero aclarar que e un fenómeno muy porteño, porque en otros lados de la Argentina no lo encontrás, donde también hay paraguayos o bolivianos. Ni siquiera en el conurbano encontrás esa actitud feroz mente racista. Hay una historia muy larga que avala ese sentimiento de rechazo al diferente, al otro, la de piel más oscura”.

500.000 en situación de calle

Gastón Chillier, del CELS, consideró ante lavaca que “las dos primeras muertes ocasionadas por la Policía Federal, o en un contexto generado por la Federal y la Metropolitana, son consecuencia directa de una política de seguridad que hasta el momento sigue insistiendo en delegar la seguridad en las policías, y darles total autonomía”.

Segunda cuestión: “Este conflicto se genera por la falta de política para un problema social profundo como es el déficit de vivienda en la Ciudad de Buenos Aires, donde hay más de 500.000 personas en situación de calle, y en la cual la única respuesta que ha tenido el gobierno son los desalojos compulsivos. De eso se jacta el gobierno, estrictamente la diputada Michetti lo ha dicho en un programa de TV: que han desalojado 400 predios”.

La irresponsabilidad

Tercer elemento: “El componente racista que tuvo el gobierno a partir de las declaraciones gravísimas e irresponsables tanto de Macri como de su jefe de gabinete Rodríguez Larreta, en relación con que el problema había sido ocasionado por personas de países limítrofes que eran los que habían producido la toma, que la responsabilidad era de ellos. Esto marca una concepción absolutamente racista de lo que es el trato que deben tener las personas independientemente de su origen y nacionalidad”. Chillier aclara que el acceso a la vivienda para los inmigrantes, de acuerdo a la nueva ley, no implica un regalo sino la posibilidad de créditos a personas que tengan la ciudadanía, entre otros requisitos.

“Entonces este brote xenófobo que produjo la muerte de las dos personas por parte de personas o patotas, sin intervención de las fuerzas de seguridad para prevenir esas muertes, habla de un estado de situación en el cual las políticas de seguridad del Estado están en absoluta deficiencia, acefalía, debilidad” opina Chillier.

La especulación nacional

¿Y la sociedad? “Yo creo que la visión racista y clasista del gobierno de alguna manera se construye sobre una visión que tiene una parte importante de la Ciudad de Buenos Aires. Las manifestaciones en la televisión de personas que fueron a agredir a los ocupantes del Parque Indoamericano cantando el himno nacional o gritando que se tenían que ir a otro país, creo que son elocuentes. Yo no sé hasta dónde la sociedad porteña estaría dispuesta a explicitar que es racista, pero no creo que las posiciones de Macri sean dichas en el vacío, tienen un sustento social importante”.

Sobre el gobierno nacional, Chillier considera que “se especuló políticamente en desmedro de resolver o por lo menos tomar medidas urgentes para proteger la vida de las persona que habían tomado el parque. Recién ahora parecería que hay un principio de solución respecto en ese punto, al poner a Gendarmería, o cualquier fuerza de seguridad confiable en el sentido que cumpla con las órdenes claras del poder civil para prevenir enfrentamientos. Pero volviendo a la pregunta, ha sido bastante lamentable la especulación política por sobre la protección del derecho de las personas”.

Más televisión que realidad

Para Ricardo Dios, abogado e integrante del Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (cuyo audio también acompaña este trabajo) “hubo una falta de control sobre el accionar policial que se dio en la primera represión de la policía. Eso trajo todo lo demás. Y después, la pelea entre el gobierno nacional y el de la Ciudad, dos días seguidos mientras seguían los problemas en Soldati. Creo que hubo reacciones tardías y un poco de alejamiento de los problemas reales para dedicarse a la pelea por televisión”.

Sin nenes de pecho

Dios cree que el origen de todo esto es la ausencia de políticas, o en realidad la presencia de una política que quiere correr de la ciudad a los sectores más desprotegidos, preservando una ciudad para pocos, para otra clase social. Sobre la decisión de introducir a la Gendarmería como medida de apaciguamiento del conflicto, Ricardo opina que “si es prevención y no represión, es razonable. Y está bien que sea la Gendarmería, no digo que sean nenes de pecho, pero tienen más control político que la Policía Federal. Si hay una buena orden y una buena conducción, probablemente puedan hacer un trabajo de prevención, que achique los márgenes del conflicto”.

Sin embargo, al segundo día de la militarización de la zona, el delegado de la Junta Vecinal de Los Piletones, Julio Cari, dirigente del Polo Obrero, denunció “las fuerzas de seguridad enviadas por el gobierno nacional han prohibido el ingreso y el egreso de las personas que están en el Indoamericano. Por otro lado, el gobierno de la Ciudad no está enviando comida y agua tal como se había comprometido. De esta forma, las familias están pasando hambre y sed, y no pueden siquiera salir a comprar lo que el gobierno no les envía”.
“A través de este cerco, que convierte al Indoamericano en un gueto, los gobiernos quieren forzar a las familias a desertar de su reclamo de una vivienda digna. Las organizaciones que estamos en la puerta del Indoamericano estamos denunciando esta situación, reclamando el fin del cerco, el envío de comida y agua, y la satisfacción del reclamo de fondo de los compañeros, que no es otro que vivienda digna para todos y el derecho a vivir en la Ciudad”.

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